Hay espíritus a los cuales, no puede hacérseles ninguna Revelación,
porque saben todos los secretos de las almas;
por eso, se desprende de ellos, una tan gran Ternura, hecha de Encanto y
de Fuerza, que es como la forma augusta de su Misericordia.
Hay palabras de Consuelo, que duran largo tiempo sonando melodiosamente
en nuestro corazón, como el eco de una música escuchada en la Noche;
esa persistencia, viene de su Sinceridad; y, de que nos las dijeron unos
labios armoniosos como una lira, que revelaban toda la pureza de un
corazón, desnudo como un niño en la cuna.
El Dolor, hace florecer en mis labios, el rosal de las Paradojas, que son
las Verdades en botón, que mañana se abrirán sobre mi tumba, cubriéndola
con el divino y luminoso candor de su Belleza;
mi tumba, sobre la cual no abrirá la mentida mansedumbre de sus brazos,
ese patíbulo de esclavos que es la Cruz;
yo, no quiero Cruz sobre mi tunba;
me basta la que llevé sobre mis hombros durante este rudo trayecto,por la
Sombra que fué mi Vida;
yo, que fui un crucificado sobre el cual se abatieron todas las cóleras
del mundo, yo no quiero perpetuar sobre mi tumba los estigmatas de mi
Crucifixión y mi Dolor;
quiero morir libre, dormir libre para siempre, bajo la desnudez del cielo,
y en la divina voracidad de la Tierra;
libre al fin...
¿Por qué el «rosal sufriente y pensante», que es el Hombre, resiste tantas
primaveras sin morir?...
¿qué manos lo cuidan y lo hacen florecer?
las manos invisibles de la Crueldad Vital;
la Vida necesita adornarse de nuestros dolores, como una bailarina se adorna
de joyas;
y, nos hace florecer para adorno de su Crueldad;
y, nosotros florecemos, embelleciendo y empurpurando el Seno de la Vida
asesina que nos devora;
he ahí, cómo los que han dicho, que la Vida es una «Voluntad de Vivir», han
dicho una incompleta Verdad, porque han debido decir: «una» Voluntad Vil,
de Vivir;
y, habrían dicho bien;
he ahí por dónde nuestra Vida, no es sino un Holocausto;
un Holocausto de nuestra Debilidad, a la Crueldad Humillante de la Vida...
El indolente Valor de los Estoicos, no es un Valor, es una excusa para
su Cobardía.
El Amor sería el único reactivo para una Vida que se agota, falta del
entusiasmo de vivir;
pero el Amor no se forja;
el Amor se siente;
¿dónde está el Amor?
Una de las grandes tristezas, al salir de su soledad, es hallarse Hombre
entre los hombres, es decir: un Dolor rodeado de dolores;
¿a quién puede ser grato ese espectáculo de Miseria que no se agota, y de
Debilidad que no se acaba?...
he ahí, cómo se vuelve a su Soledad, angustiado de otra angustia, espantado
de otro espanto, y temblando el corazón de haber visto tanto Dolor en otros
corazones...
y, cuánto tarda en serenarse nuestra Soledad, llena del clamor de otros
dolores...
La tristeza de nuestra Vida, viene acaso de haber dejado extinguir en ella
el Poder de la Ilusión;
de ahi, que cuando atormentados por esa facultad de desgarramiento, que
radica en nosotros mismos, nos inclinamos sobre el Abismo tenebroso de la
vida, ella nos devuelve la Visión de nuestro cielo extinto de deseos, y la
de nuestro propio rostro demacrado de vigilias, con el rictus amargo de
aquel que se ha embriagado de su propia pena...
Las fiebres interiores, esas que suben a nuestro corazón, como el hálito de
las lagunas malsanas; las fiebres mentales que agotan nuestro espíritu, sin
alterar nuestro pulso y nos consumen lentamente sin matarnos, ¿de dónde
extraen la infinita Melancolía que arrojan sobre nuestra Vida, como un hálito
de naufragio?...
¿lo extraen del fondo de los libros?
¿de las entrañas de la Vida?
no;
lo extraen de nuestra tumba abierta, que cansada de esperamos, nos manda
esos mensajes recordatorios de que es preciso ir a ella,
que nos ama tanto, y nos espera...
nos espera, calmada y serena, envuelta en su gran manto de tinieblas...
Es bueno leer las palabras de aquellos que han escrito pensando en la
Muerte... o que han muerto ya;
los muertos son los únicos hombres que no tienen interés en mentir;
la Verdad, sale de la boca de aquellos que han muerto, más poderosa y más
pura que de los labios de aquellos que aun viven; porque la Vida lo profana
todo, hasta la Verdad;
y, no hay que olvidar, que hay hombres pretéritos, que escriben en plena
Vida, pero hablan desde la Muerte, envueltos en el sudario de su propio
Dolor...
y, ellos también dicen la Verdad, pura;
como una fuente limpia de contagio;
porque ellos también, hace mucho, que están asentados en la obscuridad, y
muertos de mucho tiempo...
Hic jacet pulvis, cinis, et Nihil;
he ahí el único Epitafio, que habría yo escogido para mi tumba, si la
crueldad de mi Destino, me hubiese dejado libre de escoger una tumba y
un epitafio;
las borrascas de mi Vida, que siguen mis pasos por todas partes, como mi
propia sombra, no me dejan la libertad de esta elección;
las rocas mismas se hacen inconstantes, si aspiro a detenerme sobre ellas;
¿cómo he de saber dónde he de morir, si no sé siquiera dónde he de
vivir ahora?...
¿cómo preocuparme de Epitafio, si no sé siquiera si mi tumba tendrá mi
nombre?
el viento de la primera noche, borrará las huellas que dejen sobre la
tierra removida, los tres o cuatro amigos fortuitos, que acompañen mi
cadáver a su última morada, ignorando todo de mi historia atormentada, y pronunciando mal mi monbre en una lengua extranjera;
el Huracán con una punta de sus alas escribirá mi Epitafiio y con las mismas
alas lo borrará;
sólo Tú.
Amor de mis amores.
Musa de mis creaciones.
Compañera de mi Vida;
Consoladora de mi Dolor.
¡Augusta y noble Soledad!
sólo Tú, te sentarás sobre mi tumba,
y reinarás sobre ella.
De desprecio en desprecio, va nuestro Ideal por el mar de la Vida, como una
alga sobre la cresta de las olas hacia el naufragio final...
y, la serenidad del cielo, no añade sino un sarcasmo al Dolor de su agonia...
La fuerza que impulsa al Individuo a replegarse y concentrarse en Sí Mismo,
y en su propia Soledad, para preservar y cultivar su Yo, lo impulsa otro día,
a expandirse y salir de su Yo y de su Soledad, para disolverse y perderse
voluntariamente en el éter impalpable de la Muerte...
porque es por la dulce gloria de la Soledad, que se va hacia la Libertad;
aquel que sabe del vivir en Soledad, sabrá del morir en Libertad...
y, así se encadenarán suavemente, la dicha de vivir sin un amigo, a la dicha
aún mayor, de morir sin un testigo...
¡cómo la Soledad, nos preserva de toda profanación!
sólo ella es pura.
Algo hay en nosotros, que niega la Muerte de la Esperanza, y es, esta dulce
Esperanza de la Muerte.
El Hombre de Genio, que no cree que su Genio es una gran desgracia,
no es un desgraciado;
o no es un Genio.
Enorgullecerse de tener Genio, es como enorgullecerse de tener un cáncer;
ambas son dos enfermedades que nos aíslan, nos torturan y nos devoran...
y, ¿vale la pena de enorgullecerse de ser devorado por una Enfermedad?...
Nuestra alma, es hecha del alma de nuestros antecesores,
como nuestro cuerpo, es hecho de su simiente;
he ahí, por qué sus dolores y sus males y las fuerzas ciegas de sus Psiquis,
son las mismas fuerzas ciegas que nos trabajan el obscuro fermento de cosas
absurdas y gloriosas que forman nuestra Vida;
todas nuestras culturas superpuestas, no logra ahogar en nosotros el Alma
de la Raza;
y, si ella ha sido, una Raza de Hombres Libres que han sabido escapar
de la Servidumbre de la Vida, por las puertas violentas de la Muerte;
¿cómo escapar al morbus libertador, que a cada momento despliega en
vosotros el cuadro de sus visiones de Libertad, como un estandarte rojo,
tinto en la sangre de vuestro propio corazón y del corazón de los otros?
no escuchéis a los esclavos de la Vida;
ellos maldicen a los que vencen por la Muerte...
Es dejando ganar nuestro corazón por el ritmo lento del Pasado, del fondo
del cual suben hasta nosotros tantas canciones desoladas, que nuestro corazón
entra lentamente en las realidades misteriosas de la Vida, llenas de
Melancolías...
y, es por ese ritmo mecedor, que tiene de la Cuna, que nosotros soñamos en
la Tumba;
y, es bajo el encanto doloroso de ese Pasado, que renunciamos con Orgullo
al Porvenir;
haber vivido, nos cura de la locura de vivir.
Todo gesto hacia la Vida, es una Mentira que esteriliza la Vida misma.
Empeñarnos en vivir, es empeñamos en destruir la única fuerza noble que hay
en nosotros, que es la Muerte;
la Vida, es un accidente que interrumpe la armonía silenciosa de la Materia,
que es Dios...
y, es dejando de vivir que volvemos a la Vida.
¿Cómo explicarse que los grandes racionalistas, como Rousseau, hayan sido
siempre tan grandes afectivos?
se me dirá, que Rousseau, era un demente tierno, lleno de augustas
melancolías, devorado por las invisibles águilas negras que despedazan el
corazón de los genios...
no.
Rousseau era un Sensitivo, porque era un Gran Poeta, y las mieles del Himeto
balsamizaban su corazón devorado por las águilas;
el Genio, que no tiene un lado de Poeta, no es Genio;
porque es sólo por ese lado, que se entra en el dominio eterno de la Belleza
y del Dolor; de cuyas cimas baja el torrente de la Inspiración que abreva
al Genio;
le sentiment est tout, ha dicho Goethe;
y, ¿no fué Goethe, el más Grande Poeta lleno de las serenidades absolutas?
dícenlo así;
y, ese divino Olímpico ¿no fué también un Sensitivo?...
sí;
y, también un cortesano;
desde la fábula de Orfeo, nada encanta tanto al oído de las fieras, como el
suave sonido de la lira.
¿Por qué tienen más fuerza en el corazón del Hombre, las Verdades que lo
conmueven, que las Verdades que lo convencen?
porque la Sensibilidad, es la parte mejor del Entendimiento, y la Emotividad,
como dice Comte, nos coloca siempre en el verdadero punto de la Verdad;
he ahí, por qué los Poetas, siendo en general las más falsas de las
Inteligencias, dicen, sin embargo, las más grandes de las Verdades;
porque en ellos, la Sensibilidad es el motor de la Revelación; presienten,
más que sienten la Verdad;
y, la Emotividad, es el Genio del Poeta.
El Instinto es la única Realidad en nosotros;
y, la Inteligencia, no es otra cosa que la Reflexión del Instinto.
Espiritualizar el Instinto, es bastardearlo, y debilitar las corrientes más
poderosas y más puras de nuestra Fuerza Individual;
es de las canteras vírgenes de la Animalidad, que extraemos el más bello
material de nuestras creaciones, como es de las entrañas de la tierra que se
extraen los más bellos mármoles.
Cada Hombre tiene su Verdad particular,
o mejor dicho, su forma de Verdad que es peculiar,
por estar de acuerdo con su temperamento, es decir,
con su Instinto;
Sólo los hombres débiles se dejan influenciar por Escuelas y Sistemas, hasta
perder o deformar esa Verdad Integral, que les era propia;
y, esas impulsiones extrañas, violentando su Sensibilidad, y desvirtuando
sus realidades inherentes, borran por completo, en ellos, toda Individualidad,
y hacen del ser fuerte y concreto que eran, un ser débil y abstracto, cuasi
amorfo y sin lineamientos propios, un producto kantiano, formado por
ficciones y por prejuicios que no le son propios;
un ente desorbitado, hecho para pertenecer a todas las Escuelas, a fuerza de
no tener ninguna personalidad;
el Intelectual Colectivo...
la oveja de Panurgo.
Cuando Goethe, asienta que: «la Inclinación de cada Individuo le da derecho
a ciertos principios», no quiso decir sin duda, Inclinación, sino Instinto;
porque son nuestros Instintos los que generan nuestras Ideas, y no podemos
hacer nada fuera de nuestra Verdadera Naturaleza, es decir, de nuestro
INSTINTO.
Toda Doctrina Sociológica, que no emane del más puro Individualismo, y no
tienda a la exaltación del Individuo, es una doctrina absorbente y
devastadora, nociva a toda Personalidad Superior, y debe contar de hecho
con la oposición de los espíritus fuertes, celosos de su autoctonía
espiritual, y de la Intangibilidad de su Yo, no dispuesto a desaparecer,
absorbido o modificado por los caprichos niveladores de la Colectividad;
sólo los espíritus débiles, son colectivos y colectivizables;
y, son ellos los que forman el riñon de la canalla mental, niveladora;
los grandes espíritus, son Individualistas;
todo Hombre Libre, es un Rebelde;
todo Intelectual Puro, es un Anarquista; en el Sentido Intelectual de
la Palabra.
El Hombre, no puede entrar en el fondo de Sí Mismo, sin ver cuán honda;
cuán infinitamente se hunden las raíces de su Yo, en capas ancestrales, y
siente la Intensidad de la Vida Animal, venida a través de los siglos, por
entre las entrañas de la Tierra, subir hacia él, en ondas cariñosas y
materiales, llenándolo de un vértigo de Fuerza que le viene de las
profundidades de la Vida misma;
él ha sido;
él es,
él será...
mientras la Tierra sea.
Chacun est immortel á sa place, dice Goethe, en el segundo Fausto;
démosle valor real a esa palabra, sin él Inmortal, es decir no susceptible
de Muerte;
todo es Inmortal, porque nada en la Vida muere; el Hombre es Inmortal,
á sa place;
es decir, en el seno de la Materia que ella también es Inmortal;
como la Tierra...
como la Tierra que se disolverá en átomos, aquel último día fúnebre, en que
se escuchará en el Espacio, la voz del último Hombre, cantando en la
Soledad el Poema del último Sol.
El culto de los muertos es un culto que nos tributamos a nosotros mismos;
porque la Vida de esos muertos, vive en nosotros, ya medio muertos también;
nosotros los honramos, porque los continuamos;
y, otros al continuarlos nos honrarán también;
y, mientras viva esto que se llama Vida, será esta misma procesión de
fantasmas vivos, inclinándose ante la sombra de los fantasmas muertos, bajo
el lívido sol del Recuerdo, y ante las fauces insaciables de la Tierra,
prontas a devorarlos.
Asomar la cabeza por encima de la obscuridad, es decir, por encima de la
mediocridad, es señalarla al hacha de los de arriba, y al insulto de los de
abajo;
si son fuertes, la cortarán;
si son viles, la escupirán;
¡oh! si supierais lo que es mostrar la cabeza por encima de la Obscuridad,
tendríais Piedad de vuestra cabeza...
Cuando yo veo un Hombre Superior, llamando a Dios en el Silencio de su
Soledad, o clamando por él a la orilla de la tumba, me pregunto:
¿cree en Dios?
o ¿se llama a Sí Mismo del fondo de su corazón?
porque creerse Dios, es la única manera decorosa de creer en Dios.
Aquellos que pueden ocultar su opinión, es porque no la tienen, o toman
fácilmente la de los otros;
los hombres fuertes que son los que saben tener una opinión, la imponen a
los otros o se retiran con ella;
una opinión es una bandera;
arriarla es una derrota, cuando no una deserción.
Esa benevolencia, que es casi un entusiasmo, de ciertos escritores por otros
muy mediocres, no creáis que es un rasgo de bondad, ni aun siquiera de
debilidad;
no;
es un movimiento de Fraternidad, incontenible del cual ellos mismos no se
dan cuenta;
tal un hermano, que encontrase otro menor y lo reconociese en vagos gestos
de la fisonomía o más que todo, en un marcado acento de familia.
Tomar el Ingenio por el Genio, es algo muy fácil para aquellos que están a
igual distancia de los dos;
oiréis decir muchas veces: «ése es un escritor genial»;
¿reís?
¿calláis?
os limitáis a mirar con curiosidad;
acaso, ese que habla, ha dicho una genialidad, porque la Ironía, aun siendo
burda, puede ser genial;
¿y la Imbecilidad?
no;
pero ésa, da patentes de Genialidad.
Rara vez la Indigencia mental de un Hombre, se muestra por su Insolencia;
ella, tiene un medio más seguro de mostrarse y de triunfar: la Modestia;
la Modestia, es una Indigencia, que se muestra empeñada en hacer creer,
que es una Opulencia, que se oculta;
y, ¿hay quien lo cree?
sí;
los otros indigentes.
En la vejez, confesamos orgullosamente que hemos agotado los placeres;
y, ocultamos candorosamente, que los placeres nos han agotado.
Es un error, creer que los espíritus pequeños no aman nada con grandeza:
ellos aman muy grandemente su Pequenez.
Los hombres de una gran memoria, sirven para hacer brillar el Talento de
los otros, haciendo la Ilusión de tener alguno.
Las desgracias de los otros sirven para conmovernos;
las nuestras no sirven, ni siquiera para eso;
apenas, si nos encolerizan.
Hay ciertas gentes, ante las cuales debemos ocultar nuestro Talento, para
aumentar cerca de ellas nuestro Prestigio.
Todos nuestros grandes triunfos, los debemos a nuestras Pasiones;
y, nuestras grandes derrotas, han sido ocasionadas y sufridas siempre
por nuestras Ideas.
Saber mostrar las virtudes de nuestros amigos, no nos atrae tanto su cariño,
como saber ocultarles sus defectos.
Se necesita un gran Valor para decir la Verdad;
pero hay ocasiones en que se necesita aún más valor para escucharla.
Las heridas del Amor Propio, no se perdonan nunca, pero se olvidan siempre.
Nos resignamos, con más facilidad que nos consolamos;
y eso, porque la Necesidad, es más imperiosa que la Razón.
Si alguien nos ama por interés, es necesario apresurarnos a probarle que
amándonos traiciona sus intereses;
se apresurará a traicionamos;
y, eso es todo lo que nos interesa.
Si no amáis a una mujer, ella se apresurará a consolarse, creyendo que no
amáis la Mujer;
eso podrá herir vuestra Vanidad;
pero consolará enormemente la de ella...
Por dondequiera que vayamos en todas direcciones de la Vida, no
encontraremo sino el Dolor;
el Dolor, es como un gran río, que no riega la Vida, sino que la inunda
y hace de ella una Soledad llena de gritos siniestros;
no hay sino que sentarnos en el débil esquife de nuestro Infortunio, y
dejarnos llevar indolentemente, por este río de la Vida, hacia el sereno
mar de la Muerte:
allí acaba el Dolor...
Podemos y debemos imponer nuestro Determinismo Individual, al Destino
momentáneo de la Especie;
pero, no podemos escapar al Determinismo de la Especie, que es la Muerte...
¿qué es, pues, lo que llamamos nuestro Destino individual, frente al
Destino, a este Secreto formidable que nos devora?
¿qué es este gesto de un minuto, que llamamos nuestra Vida, en esa gestación
inagotable y eterna que es la Vida?...
absorbidos por la Eternidad, pasamos en ella, sin perturbar siquiera con
nuestros gritos el Silencio eterno del espacio;
del espacio infinito, que envuelve nuestro Dolor, sin comprenderlo.
Le frisson de Hamlet, que no es otra cosa que el presentimiento de la
Fatalidad Inexorable, que reina en la Vida y que pesa de una manera tan
trágica, sobre la cabeza abatida de los hombres, ¿quién de nosotros no lo
ha sentido, centuplicado aún por la sensibilidad enfermiza e intensa de esta
época de cultura artificial y mórbida en que vivimos?
no damos nada a la Naturaleza, y el cultivo refinado del Arte y de la
Ciencia, absorbe nuestra Vida, incapaces de otro amor que no sea el del Ideal,
un ideal inexpresable, muy alto y muy lejano; un ideal que no existe acaso...
por más que digan los hombres y por más que lo nieguen, el mal de René nos
devora a todos, nos devora aún, ese mal que esteriliza la Vida y la hace
triste, triste como los prados babilónicos, huérfanos de las aguas
del Cedrón...
felizmente, en los hombres de hoy, ese mal es de un momento, un frisson,
el estremecimiento que precede a la fiebre...
pero, después que esa fiebre ha pasado, ¿no os sentís tristes, fatigados,
enfermos, como después de una larga noche de Amor?...
¡el mal de Hamlet!....
¿Poseemos nosotros la Existencia?
¿es la Existencia la que nos posee?
¿somos los depositarios de la Vida, y una parte integrante de lo Eterno,
como dijo Comte?
ese determinismo enervador y absorbente, anularía nuestra Voluntad y nos
haría vivir y morir bajo el peso de una Fatalidad obscura y sin fronetras...
pero, ¡ay! ¿es que con determinismo y sin determinismo, podemos escapar en
alguna parte, de manos de la Fatalidad?
¿en dónde?
¿en las manos de Dios?
Dios, si existiera, sería la Fatalidad;
y, tal vez la peor de todas las fatalidades;
la Fatalidad Consciente.
Lo imposible del sueño de una Inmortalidad, hace tristes los hombres;
y lo que debería espantarlos sería el horror de verlo realizado;
la Inmortalidad del Dolor;
¿sabéis lo que sería eso?
¿qué haríamos sin la Muerte? ¿quién nos libertaría de la Vida, es decir,
del Dolor?...
¿en cuáles fuentes apagaríamos esta sed de morir, que se apodera de nosotros,
en esta inclemente travesía del desierto de la Vida?...
¡infeliz aquel Hombre que no pueda decir con todo su corazón sobre los
labios:
¡Bendita sea la Muerte!...
La lógica pretenciosa — toda de calidad goethiana—, que se empeña en
hallar verdades etafísicas más allá de nuestra Sensibilidad es el recurso
de aquellos que, prisioneros de la Vanidad de vivir, renuncian por debilidad,
al más noble de los orgullos del Hombre: al Orgullo de morir.
Si el alma y el interés del Pensamiento, según dice William James,
«no pueden tender sino a producir una convicción»;
dígome yo;
y, ¿la Duda?
¿existe la Duda?...
¿en dónde hemos de radicarla?
¿fuera del Alma y fuera del Pensamiento?
es bueno a veces leer los filósofos;
ellos suelen hacer la Filosofía amable como una farsa;
toda alma de Filósofo ha estado en Alejandría.
Yo, no niego que un gran Amor salva; porque un gran Amor es un motivo
para vivir;
pero, si ese gran Amor es el de la Muerte, ¿negaremos que nos salva,
salvándonos del Vivir?
desaparecer en el seno de un Amor, es poseerlo en Absoluto, y ser poseído
por él en amplitud creciente;
eso es Amor.
La Vida y la Muerte, no se pueden explicar sino sentir;
ningún interés especulativo puede dar la clave de su Misterio, que sólo
nuestra sensibilidad muy aguda puede sentir y presentir.
El Desencanto, es una Pasión que no se renueva nunca, pero que no muere
jamás, acaso porque es en sí, una forma de la Muerte;
no amar; ¿no es una forma de morir?
No se vive sino a condición de abrir sus ojos sobre la Esperanza, y
cerrarlos a cualquiera otra sugestión;
y, sobre todo, a la Sugestión de la Verdad...
la Verdad y la Vida son rivales.
Se critica a los grandes escritores, porque ponen toda su alma en sus libros;
se les dice egoistas, porque cantan sus tormentas, como las canta el Mar;
se grita contra su Orgullo, porque no ocultan su brillar, como no lo oculta
el rayo; y, porque es sonoro su decir, como es sonoro el del trueno;
se les acusa de auto-adoración, porque pliegan las alas tempestuosas de
su Genio, sobre el Misterio que hay en su corazón y lo hacen cantar;
cantar su propia canción;
¿qué se quiere de ellos?
¿que miren y que canten las miserias de los otros ?
¿por qué obligar a una águila, a que sienta y describa las visiones de
un topo?
¿cómo obligar a un león a vivir la epopeya de una liebre?...
pretensión de topos y de liebres;
eso hace alegres los leones y las águilas.
El fin del Arte no es convencer sino conmover;
toda Obra o tendencia artística, que no penetre y conmueva lo más profundo
de nuestro ser, no es el Arte, es el Didactismo;
algo que ha salido de la Ciencia, sin lograr entrar en el Arte: la Pedagogía
del Pedantismo.
Se cambia fácilmente de Ideas, pero no se cambia de Pasiones; porque la
Pasión es algo muy fuerte que radica en lo más profundo de nuestro ser y
forma parte de nuestro Instinto;
y, el Instinto, llega hasta modificarse, pero no se destruye jamás.
El Ensueño, que es lo más bello que hay en la Vida, es lo más falso;
y, su Belleza le viene precisamente de que sabemos que es un Ensueño;
si le diéramos el rostro de una Certidumbre, se convertiría súbitamente en
un Dolor;
el Hombre, ser efímero por excelencia, no busca sino la caricia de las
cosas fugitivas... como él;
es de polvo y de aire que se alimentan las libélulas;
y, de eso es hecho el brillo de sus alas.
Que la Imaginación y la Ficción, sean elementos constitutivos y
embellecientes del Arte, no quiere decir que el Arte sea un simple juego
de Imaginación y de Ficción, como lo han sostenido Schiller y Spencer;
no;
el Arte tiene una Realidad, una Alma que viene de muy lejos, a través de
todas las edades, y se perpetúa en la serie de los siglos: el Alma de
la Belleza;
desde que el alma del Arte es la Belleza, el alma del Arte está en lo Eterno;
la Belleza, no es, pues, una Ficción; la Belleza es una Realidad; la vemos y
la palpamos; y su contemplación, llena el alma de voces misteriosas y el
corazón de un sagrado vértigo...
no hablaremos de los mil archipiélagos líricos, que el albo y diáfano
crepúsculo de la Poesía, revela a nuestros ojos extasiados: ni de las vastas
sinfonías musicales que la floración vocalizada de los versos, canta en los
altos silencios de nuestro corazón, llenándolo de una Voluptuosidad fastuosa
y conmovida que es como una armonía en los lejanos azules...
nada de la frase musical y el verbo lírico de los grandes prosistas, padres
de la Evocación y de la Ensoñación; su magnífico rumor de ríos ideológicos
llena las soledades de la Vida...
pero, ¿las Artes plásticas?
canta el color;
la piedra canta;
y, toda la espiritual voluptuosidad de la Materia en ellos canta: cantos
de Gloria;
y, el alma esparcida del Universo canta en ellos; con Unidad de Vida;
la voz de la piedra, con las ideas rutilantes que se desprenden de sus vastas
líneas sinuosas;
el ritmo lírico del color, que tiene comentarios de orquesta...
la sugestión de Infinito que emana de la Belleza; nos muestran la Realidad profunda y sagrada que hay en ella,
ya emane de un mármol trunco del Parthenon,
ya de un Fidias, hospitalizado bajo cielos latinos, ya de un
latino, ebrio de vino ático, bebido en copas de Tradición;
que sea un sarcófago egipcio, con su simbolismo arcaico lleno de
reminiscencias; o ya la tumba de un Papa, dormido sobre cojines de pórfiro,
con dalmáticas de púrpura: belleza es; tipo de «Incomprensibilidad divina»,
que dijo el otro;
ya sea la paz lúcida de los cielos del Bellini, ya la sombra mala, de las
tinieblas de Rembrand; ora los cálices enfoliados del Ticiano,ora las
margaritas del Tintoreto, tan queridas a los primitivos; ya las alas
empurpuradas en un azul de gloria, de un coro de Fray Angélico; ya la arcaica
gravedad de un Filósofo del Sanzio o el pensamiento profundo de una figura de
Holman Hunt, todos son ritmos espiritualizados y energías misteriosas y tangibles del divino poder de la Belleza, visibles
a los ojos de cada quien, capaz de comprenderla y adorarla;
porque la Belleza es: la REALIDAD profunda y sagrada de la Vida.
Los artistas de naturaleza íntima y personal, extraen su lírica de su propia
emoción;
aquellos que son elementales y escolásticos, la toman fuera de su propia
conciencia, en la objetivación inmediata de las cosas ambientes, sin poder
especular sobre su propia Inspiración, ni acertar a simbolizarla en ritmos e
imágenes de esa musicalidad espontánea, atributo de los poetas, que no poseen
los afásicos cultivadores de la Sintaxis, como ley única de Belleza;
de ahí la angulosidad lógica y la sequedad silogística, de esa versografía,
que no carece a veces de elegancia, pero, que carece siempre de Belleza, y
tiene la perfección de líneas de una estatua, sin tener nunca la cálida
emoción y la armonía serena de una Vida;
y, es esa rigidez de la forma, sin el alma divina y conmovida del Verso, la
que priva de todo encanto la versificación de ciertos clásicos modernos, a
los cuales no falta, para triunfar en Poesía, sino el divino privilegio de
ser Poetas.
La Poesía, consiste en la Emoción que ella contiene y que suscita en el ánimo
de aquel que la contempla y la escucha... el contagio lírico;
las formas esquemáticas del Verso, privadas de esa Emoción, pueden ser la
Poética, pero no son la Poesía.
La conciencia constructiva y artificial del Verso, es el culto y la inquietud
de los versificadores;
la belleza íntima del concepto, y la melodía innata del Ritmo, son la
propiedad de los poetas;
y, ellos no se inquietan de otra Perfección, porque su Perfección nace de su
propia Inquietud.
La Espontaneidad Melódica, es un atributo del Poeta y no del Verso;
la Ingeniosidad del Verso, no acusa el Poeta, antes lo niega; y, si se
prolonga como en muchos, hasta hacerse fatigante, acusa la aparición del
anti-Poeta, es decir del Retórico;
y, el Retórico, no es una abeja de las colmenas líricas: es el zángano
de ellas;
consume la miel, no la produce.
El Artista, ama su Obra, porque ha vivido su Obra: se ama en ella;
por eso toda Obra de Arte es una Obra de Amor;
el Arte todo es un Poema, hecho por los Genios;
y, es en esa Obra que han alzado su corazón magnífico hacia el Sol.
El Arte, es la más poderosa de las voluptuosidades cerebrales, donde se
combinan extrañamente, las fiebres de la Belleza y de la Muerte, fundiéndo
en una sola.
¡De la Muerte!
sí; la Muerte es también el fin de la Belleza, y es eso lo que la hace aún
más bella;
la Eternidad del Arte, impediría la Renovación del Arte;
¿escucháis el vértigo de intuiciones metafísicas que es la Música
de Wagner?...
¿el encanto religioso y las olas armoniosas de Mozart os seducen, tal una
errante lamentación profética sobre una agua nocturna y solitaria?
¿sobreexcitan vuestras neurosis, los lirismos apasionados de Regnier o las
sonoridades grandiosas del itálico Arte de Gabriel d'Annunzio?...
¿veis esas floraciones de piedra que la primavera del Cincel, hizo florecer
sobre la tierra?
¿y, esos campanarios, como mástiles náufragos, alzados hacia los cielos sin
Dios, de las entrañas de una tierra ya sin Fe?
¿y, esas rosas y esos lises, de pórfiro y de alabastro, que decoran muros y
capiteles y hacen broches policromos sobre las negras ojivas?...
¿y, esas tardes empurpuradas de los ponientes del Luini?
¿alta espiritualidad del Verones?
¿albas rubescentes?
¿espantos depravadores de Salvator Rosa?
¿brumas flamencas de Van Dyck?
¿cielos de azul y de cristal de Memling?
¿esmaltes lúcidos y diluciones tenues del Van Ostade?
apresuraos a gozarlos, a absorberlos, porque la Sublime Visión va a morir;
muerta por la incoherencia de la Vida...
¿Arte? lo tuvo Asiria; y Tiro, y Babilonia lo tuvieron... ¿qué queda de él?
¡silencio de los valles mesopotámicos! ¡ silencio !
¡Menfis Imperial! ¿qué fué de tus Poetas?
lirio de Eternidad te llamaron;
y, ellos... ¿cómo se llamaron?...
un movimiento de la Tierra; una avalancha de Siglos; ¿qué quedará de
nuestro Arte actual?
¡polvo, como nuestros ojos que lo vieron y nuestros oídos que lo oyeron y
nuestro corazón que lo amó!
de más alto nos viene la Muerte...
¿de más alto?
está en nosotros.
En aquel que siente el Arte hay elementos constitutivos de un Artista;
en aquel que sabe expresar lo que siente de Arte, hay ya un Artista;
pero sólo en aquel que sabe comunicar a los otros su propia emoción, hay
un gran Artista;
generalizar la Emoción Estética, es la prueba definitiva del Arte.
¿Qué entendería Bacon, por Arte, cuando dijo que: «el Arte es el Homhre
añadido a la Naturaleza»? ars homo addictus Natura...
verdaderamente, el saber de ciertos sabios, es bastante para hacer dudar
de la Sabiduría.
¿El Arte?
sí;
el Arte es un lenguaje, que traduce las emociones del Artista, porque todo
en las revelaciones del Arte os dice una palabra de Belleza; aun aquello que
no tiene voz, os habla;
las hojas otoñales, que ruedan por la avenida silenciosa sus diálogos de
muerte;
y, el tremor de las que quedan aún prendidas a la rama hospitalaria,
oscilantes en el oro espiritualizado de la tarde;
el alma de un jardín de Turner, que os habla por las bocas de sus rosas, unas
rosas pensativas, a cuyo blanco esplendor hacen sombras las alas del Misterio;
un árbol de Claudio Lorena, destacando su ramaje en el nácar evanescente y
las blondas nebulosidades de una campiña inerte;
la serenidad brumosa de algunos paisajes del Primaticcio, en los cuales la
vaguedad de los colores, añade un tan grande atractivo a su Melancolía y todo
colabora a su extraña Sentimentalidad; todo hasta la ausencia del color en
ciertas líneas, que es como una ausencia de alma en lo Infinito;
los gestos rurales de ciertos cuadros bretones, con su plenitud de vida
agraria y la mansa actitud de sus almas sin Orgullo, incrustadas en el fondo
de una Naturaleza amable y sencilla como ellas;
la calma vivificadora, rosa y azul, de las telas de Millet o de Mèunier,
llenas del sentido profundo de la hora, que envuelve los campos en una
armonía de oro;
la sublimidad simbólica del color, a veces atormentada y negatriz, de los
paisajes de Vanvitelli, tan estridente en su coloración desapiadada;
la visión netamente latina, de un estudio del vero, de Campagnola, tan
sugestivo, tan decidor de melancolías, a pesar de su estilo veneciano y
ticianesco;
una agua fuerte de Dürer;
un estudio de Bartolozzi;
o una de aquellas colinas coronadas de ruinas en que el Poussin, resucitó el
alma del Agro, toda el alma trágica de la campiña romana...
¿no bastan para sumiros en hondas ensoñaciones?...
el paisaje tiene una alma, y ¡qué de cosas dice en sus inefables silencios
llenos de perpetuidad!...
su vida interior respira, llena de misteriosas analogías;
para mí, todo paisaje, es un Haschisch, me hace extraña y sentimentalmente
soñador...
¡a su vista, la bruma del recuerdo desciende a todos los senderos de mi
corazón, y puebla su soledad!
de vagas formas divinas...;
y, de sueños encantados...
¡oh!
los paisajistas;
los sinfonistas;
los Poetas...
¡cómo son necesarios a nuestra Vida, estos grandes cómo son necesarios a
nuestra Vida, estos grandes evocadores del Ensueño!...
viéndolos;
oyéndolos;
leyéndolos;
se cierran maquinalmente los ojos, y se deja errar el alma con una
voluptuosidad sin pesares, a través de esas selvas del color, de ese mundo
de la Música, de la sugestión del verso melodioso;
y, no quisiéramos abrir de nuevo los ojos, por no dejar escapar ese ensueño,
que quisiéramos tener eternamente prisionero, de nuestras pupilas serradas...
la Ventura, no nos entrega una parte de su secreto, sino en la complicidad
luminosa y taciturna del Ensueño;
y, nunca se vuelve tan triste a la Vida, como después de haber vivido la
divina mentira del Ensueño.
La Ciencia, es un producto de la Idea;
el Arte, es un productor de la Sensación;
la misión de la Ciencia es indagar;
la misión del Arte es encantar;
la Ciencia, obra sobre el Pensamiento, dejando en reposo el Sentimiento;
el Arte, obra sobre ambos; y, tan profundamente, que muchas veces no se
serenan jamás...
la Ciencia, se llama Indagación;
el Arte: Evocación.
El Arte no prueba nada más, y no demuestra nada más, que el Arte;
no hay Arte refutable, ni Arte irrefutable. Arte comprensible, ni Arte
incomprensible, porque el Razonamiento y la Retórica, no entran para nada en
el mundo de la Sensación, es decir, en el mundo del Arte;
el Arte, es simplemente sensible; y, nada puede buscarse fuera de la
Sensibilidad y la Emotividad, que son las razones del Arte;
nada vive fuera de ellas, y nada permanece contra ellas;
el Arte, es más que la Idea figurada,
el Arte, es la Emoción expresada.
Un sabio, aspira a explicar la Vida;
el Poeta, no aspira sino a cantarla;
el Sabio, ensaya responder a las interrogaciones del Misterio;
el Poeta, lo interroga;
el Sabio, explica el Cielo;
el Poeta, lo contempla;
la Ciencia, envejece;
la Poesía, es eternamente joven;
la Ciencia, tiene un Crepúsculo;
la Poesía, es la Eterna Aurora...
y, cuando sobre los misterios agotados de la tierra haya muerto el último
sabio;
la voz del último Poeta, se escuchará en esa última Noche, cantando la
Epopeya de los Astros;
y, será el Ruiseñor de la Eternidad.
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