¿Qué es la pequeña lámpara de nuestro Pensamiento, junto al Infinito
de los cielos, a esa Selva de Astros de que habla Janssen?
cuando mañana, esa pequeña lámpara con la cual quisimos estudiarlos,
se haya extinguido, con el loco afán de nuestro Existir, ellos, en su
Eterna Evolución, alumbrarán nuestro último sueño, como alumbraron
nuestra Vida, sin saber que vivimos y que morimos, y que un día sentimos
el resplandor de su alma llegar hasta la nuestra, por las ventanas de
nuestros ojos abiertas sobre el Infinito;
ellos, nos turbaron a nosotros;
nosotros no alcanzamos a turbar la serena enormidad de su Noche
sin fronteras;
que ella nos sea piadosa.
Allí donde los Poetas comienzan a olvidar la esencia de la Poesía,para
preocuparse únicamente de la forma que dar a sus canciones, y hacedores de
ánforas bizantinas, olvidan la vid de los divinos racimos,que exprimieron
en ellas,decid que la Poesía ha muerto y que la Retórica ha comenzado
su Imperio;
los Poetas, han dejado de cantar y trabajan Orfebrería;
los Retóricos, balbucean la lengua de los dioses y ensayan la Poesía;
temed a los Retóricos que hablan en Verso;
ellos no harán nunca Versos, y habrán olvidado el lenguaje de la Retórica...
no acertarán a hablar.
La Emoción Artística, no es, como se empeñan en decir Spieggel y otros:
una Emoción Social;
no;
es, una Emoción Personal, despierta y engrandecida al contacto de una
Visión o de una Emoción extraña, pero análoga a la nuestra;
y, a ese respecto, el Arte es una Imantación;
no hay un Arte Social, como ha dicho Guyau, en su vano empeño
de socializar el Arte;
toda colectividad es anti-artística, porque es anti-individual, y
queriendo absorber el Individuo, absorbe y seca las fuentes puras
del Arte;
y, si el Arte se conserva en las Sociedades, no es por ellas, sino
a pesar de ellas y por el Poder Indestructible del Genio;
no hay Genio colectivo;
toda agrupación mata el Genio;
hay Hombres Geniales;
no hay Escuelas Geniales;
el Genio es Uno;
como el Arte.
Reímos muchas veces de las lágrimas inmotivadas de los otros, pero
es para burlarnos de las que hemos vertido tantas veces sin querer...
porque las lágrimas son la más amarga fuente de dulzura, oculta
en las soledades del Espíritu;
y, bellas y voluptuosas, como todas las ignominias extrañas de
nuestro corazón.
La rabia de la Destrucción, es una Fuerza que poseen sólo las almas
superiores, aquellas que no tienen temor a las ruinas que acumulan;
nada hay más bello que el Sol de la Gloria, alzándose detrás
de una montaña de ruinas acumuladas por nuestras manos...
ruinas de dioses, ruinas de amores, ruinas de ensueños...
y, las ruinas de nuestro corazón...
sobre las ruinas de nosotros mismos.
En todo gran Pensador, hay un gran Conquistador; su Pensamiento, es
como el corcel de Atila; devasta las florestas de la Fe;
ni un solo prejuicio crece bajo el azote de sus cascos victoriosos...
y, hace la Soledad, y reina en ella...
la Soledad de su corazón, que es un campo de batallas en donde no se
ven en todas direcciones, sino cadáveres de ídolos, vencidos y
muertos por sus manos...
él, sabe bien, que la Sombra de un solo ídolo, basta para entenebrecer
un corazón...
y, que no es Hombre Libre, sino aquel que ha matado el último dios,
sobre la colina de último Ensueño.
La debilidad fisiológica, produce en el Pensador, una como transparencia
y eterización de las Ideas, una rara y momentánea plasticidad del corazón,
una fineza auditiva, que nos permite oír más claro, más penetrante, más
desgarrador, el grito de los dolores ajenos, semejante a un gran clamor
de noche en la montaña;
es cuando hemos estado muy enfermos, y el morbus mortal, vencido a medias,
trabaja aún nuestro organismo, y convalecemos llenos de vagos sueños,
los ojos aún abiertos sobre la Eternidad, que producimos nuestros grandes
libros de Piedad;
porque la Piedad es eso: una Debilidad orgánica, un desfallecimiento...
siempre fatal a aquel que siente la Piedad.
La Crueldad de Nerón; la Caridad del Poeta de Asís; la Cólera de Carlyle;
la Piedad Social de Kuskin, ¿qué fueron, sino Ídolos que reinaron sobre
los corazones de esos Grandes Poetas, de esos Grandes Ensoñadores, y
consumieron sus Vidas y sus corazones?
todo Ídolo devora el corazón sobre el cual reina;
son extraños dioses, que roen su propio pedestal y su Santuario;
todo creyente es carne de Holocausto;
nadie que permite a un Ídolo alzarse en su corazón, puede llamarse un
Hombre Libre;
toda Adoración es una Esclavitud...
¡Ay! de aquel que hace de su corazón un altar y adora en él un dios;
morirá devorado por su dios;
sólo aquel que hace de su corazón un Patíbulo, y decapita en él todos
los dioses, sólo ése será Soberano sobre su corazón, y reinará sobre él;
sólo ése será libre;
la carne de los Ídolos, es un gran alimento al Pensador;
he ahí por dónde, todo pensador, es un antropólago...de Divinidades...
Ningún Gran Pensador, logra modelar su época;
pero deja el alma de su época modelada en sus libros;
el Pensador no ama su época, y es a causa de esta falta de Amor,
que la Ilumina;
sólo aquel que no ama, dice la Verdad;
el Pensador, desprecia el reinar sobre su época;
y, es ese Desprecio, el que le conquista el Reinado de las épocas
futuras... que desprecia también;
porque todo Reinado, es una Comprensión, y toda Comprensión es
una Profanación...
No se es la Gloria de su Época, sino retrospectivamemte;
la verdadera Gloria, necesita esa perspectiva;
¿veis en el horizonte ya lejano de un siglo, la Imagen de un Hombre,
de pie sobre un montón de guijarros y coronado de rayos rojos que
destilan sangre?...
es el Genio, perseguido ayer...
el Vencedor, de hoy...
el Vencedor, de mañana...
entre la genuflexión de los Siglos avanza...
¿quiénes lo persiguieron?
eso no debe saberlo la Historia;
los instrumentos de un martirio no son nada; el Martirio es todo;
el Juez, es el culpable;
el Verdugo, no;
el Verdugo, es inocente, como el hacha;
¿quién lapidó ese Genio?
lo lapidó su Época;
y, ése no fué un Crimen; fué una Misión;
como la del Verdugo;
toda Tragedia del Genio, necesita un Judas, como la de Jesús.
Judas, es Inocente;
tan inocente como el Cristo, y más desventurado que él;
toda época en la cual nace un Cristo, tiene el Deber Inexorable
de ser un Judas;
hay algo superior a los hombres, que no perdona a los Hombres Superiores,
y ordena lapidarlos;
no maldigáis las manos de esas épocas;
son lapidadoras, pero son lapidarias;
martirizan, pero inmortalizan;
¡benditas sean esas manos!
es bello besar esos guijarros...
¿por qué no besar las rosas de su corona?
rosas Inmortales.
Triunfar en su época, es tener la talla de su época...
los Hombres Transcendentales, ésos tienen la talla de las Épocas;
es decir, la talla de los Siglos;
su época, los oye, no los ve...
son una tempestad muy alta... muy alta... que pasa por los cielos...
apenas si las águilas despiertan a su paso...
y, les hacen cortejo en la Soledad de los cielos incendiados.
Sólo el Adulador, triunfa en el corazón de los Hombres y de los
siglos culpables...
he ahí por qué, toda Victoria sobre su Actualidad, es una Complicidad;
es el corruptor, que aplaude a su Adulador; y, lo deifica...
los Hombres, aman ser adulados; no aman ser juzgados...
he ahí por qué, todo Hombre que juzga su Época, debe vivir fuera de ella,
lejos de ella, sobre ella...
en la Soledad...
únicamente en las Cimas de la Soledad, se siente y se dice la Verdad;
sólo así, se puede juzgar su Época;
viviendo fuera de ella, para juzgarla a pesar de ella;
entrar en ella, es exponerse a ser corrompido por ella;
hay que permanecer fuera de ella, insultado por los lacayos, burlado
por los bufones que son el ornamento, y a veces, el alma de ella;
juzgar su Época, sin adularla, es la manera más noble de servirla;
el Veredicto del Genio, es siempre absolutorio;
el Genio, da su Misericordia a los otros, precisamente porque no
la necesita para él;
y, para el Genio, no hay épocas culpables;
la culpable es la Vida;
y, la Vida es Irresponsable.
El período más angustioso y más torturante de nuestra Vida, es aquel
en el cual vemos entrar en disolución las Ideas a las cuales hemos
consagrado la Vida toda;
en ese período de orfandad ideológica, los espíritus débiles, vuelven
con amor hacia las creencias de la Infancia;
es una hora crepuscular, en que el viajero de la Vida, se desconcierta
ante esta huida rápida del Sol...
y, queda un momento vacilante, frente a la selva inexplorada, y bajo
el cielo sin astros...
es la hora de la Conversión en los espíritus débiles...
los espíritus fuertes, quedan serenos, en esta nueva obscuridad...
¡graves, como en esa hora más grave y ya remota, en que perdieron
a su Madre!... los fantasmas de la Noche cercana, no los turban;
ninguna fe ensaya renacer en sus corazones desiertos;
ningún cántico perturba la Soledad de sus almas sin Dios;
miran sin conmoverse aquel punto del horizonte donde se extinguió
el foco luminoso de su último Ideal;
¡triste como el lugar donde ha muerto un Sol!
y, avanzan serenos, en sus tinieblas sin amores, en cuyo horizonte
ilimitado despunta un sol que no tiene rayos: el Sol engrandeciente
de la Muerte;
y , tienden hacia él los brazos;
y, ése es su último Amor;
el Amor que nunca miente;
El duelo último, el duelo definitivo en la Conciencia de un Hombre
honrado, está entre perdonar la Vida que lo tortura o abandonarla;
cuando un amor nos ha engañado, se le perdona o se le mata;
¿qué hacer con la Vida que nos engaña?...
los hombres todos la perdonan...; y a eso lo llaman: Valor;
y, no perdonan a aquel que la mata: a eso lo llaman locura;
sin esa inversión de las palabras; ¿cómo justificar la Cobardía?
Por qué llega una edad de la Vida, en que ningún libro nos causa
angustia?
porque todos ellos son inferiores a la angustia acumulada por la vida
en nuestro corazón;
en esa edad devoramos los libros deseosos de hallar en ellos algo nuevo...
una Revelación, una Sensación, una Emoción...
algo que explique, embellezca o justifique la vida...
y, dejamos caer los libros de las manos inertes, desalentados, tristes,
de ver que no hay nada en ellos, que no haya sido o que no sea
en el fondo de nosotros...
todo lo hemos vivido...
o todo nos lo ha dicho la Vida;
lo que los libros nos dicen, ya fué en nosotros; y ya vimos la Nada
de todo eso...
lo que ellos saben, ya pasó en nosotros; y ya vimos la Muerte
de todo eso;
la Vida, es decir, el Dolor, no guarda ya secretos para un alma que
la ha vivido;
el cielo no guarda ya misterios para un sol vencido en el Ocaso;
el Peripleo de la Vida, es limitado;
y, resulta inferior al perímetro de nuestras alas...;
lo recorremos de un vuelo;
de ahí que en la tarde agonizante de la Vida, no nos circunden sino
cosas inertes y sin vida;
y, muramos bajo una lluvia de cenizas;
¡ideas vencidas!
¡ pasiones muertas!
¡ensueños petrificados!
¡ruinas inmóviles!...
¡qué horizonte!
¡qué horizonte!...
¡un Entusiasmo, y viviríamos para él!...
¡un Amor! siquiera un Amor, para morir por él!...
¡pobre Alma vencida!
¡pobre corazón exhausto! ¿no te queda el Amor de la Muerte?
ama la Muerte;
la Muerte, es el supremo Amor.
A pesar de su Melancolía, y sin duda por ella misma; ¡Cómo es bella,
la tarde de la Vida!...
su belleza iluescente, llena de una blanca serenidad,como de una luz
de estrellas, le viene de que todo en ella es crepuscular, grave con
la tranquila gravedad de las cosas gloriosas ya vencidas;
a esa luz ambarina, como de horizontes muy remotos, podemos contemplarlo
todo, sin deslumbramientos;
en la mórbida y encantadora lucidez de esta hora, nuestra alma vuela
en cielos familiares y lejanos, largos vuelos retrospectivos; nuestro
poder visual y auditivo, adquiere una enorme intensidad pretérita,
vemos y oímos el Pasado, con una inenarrable pureza; vivimos en él;
sus sombras toman consistencia; las vemos moverse, gesticular y
dialogamos largamente con ellas;
indudablemente, la plenitud intelectual, y aun más, cierta tranquila
exuberancia mental, no llega sino en esta admirable y amable edad madura,
nido de todas las serenidades y de todas las fortalezas espirituales,
en la cual, todas las pasiones pierden su brutalidad y se desarman al
llegar a la vejez, entrando en ella con la mansedumbre triste de bestias
cansadas, que vuelven al establo;
vivir es un Dolor;
haber vivido es haber sufrido; es decir, haber vencido muchos dolores...
y es, desde las alturas de tanta ruina dolorosa, que la Vida tiene
una extraña y bella perspectiva...
¡bella, porque es tan corta!
¡tan corta, que podemos con nuestra mano acariciar el rosal
de nuestra tumba!...
y, es esta vecindad, la que la hace bella, y da esa serenidad extatica
a sus paisajes;
es la cercanía de la Muerte, lo que embellece la vida;
pero, tal vez en la divina incertidumbre de este miraje,
lo bello no es la Vida que ya fué...lo bello es la Muerte que va a ser;
y, lo que sentimos, no es la suave y grave tristeza del crepúsculo...
es la Alegría de la Aurora...
la Aurora del No Ser...
Hay quien se ocupa en buscar bases científicas a la Crítica;
yo, estoy de acuerdo en cuanto eso pertenezca a los alienistas y
a los veterinarios;
pero, no estoy de acuerdo en buscarle base artística a la Crítica
profesional, que se estila en lengua hispana;
yo, no sé por dónde, la hidrofobia y la secreción de la bilis,
puedan entrar en el Arte;
y, nadie me convencerá, de que puede ser Arte, el esfuerzo desesperado
de los mediocres, por dar una base científica a su Hipocondría.
Escribir, teniendo los ojos horizontalmente fijos sobre el mañana,
por una supresión sistemática y voluntaria del hoy, en nuestra inspiración
y en nuestra aspiración a la vez, es la única manera de escribir algo
transcendental, es decir algo libre de las contingencias envilecedoras,
y los contagios enervantes de la Vida ambiente, del hálito de rebaño
enfermo que nos circunda por todas partes; algo puro, algo bello,
algo eterno, algo muy alto, como el rayo de las estrellas que cae sobre
el cáliz de las rosas...
Basta hacer un buen libro, para perder cuando menos, un buen amigo;
—No deberíais prodigaros tanto; eso perjudica vuestra salud; ya habéis
conquistado bastante gloria; tenéis derecho al reposo...
y, la palabra eterno, queda prisionera de los labios,
aleteando en el corazón;
os aseguro que nada se parece tanto a la Envidia,
como siertas formas de la admiración;
cuando a la aparición de un libro, los discípulos fervorosos y lejanos
gritan con sus voces sanas y juveniles:
—¡Maestro, Maestro, Salve!...
no faltan voces cariñosas que digan:
—Chit... no interrumpáis el Silencio amado del Maestro;
¿cuánto darían porque el Silencio del Maestro fuera eterno?...
los más peligrosos de vuestros enemigos no están nunca frente
de vosotros, ni lejos de vosotros;
no extendáis los brazos, porque podéis tocarlos;
y, si los habéis abierto, no los cerréis, porque podéis abrazar los
más peligrosos de vuestros enemigos;
¡tan cerca así, están de vuestro corazón!
Es tan insaciable la sed de la Envidia, que con poco que perdure
vuestra Gloria, no se envidiarán sólo vuestros triunfos, a las cuales
renunciaríais voluntariamente, sino que se envidiarán vuestras derrotas...
y, habrá manos tendidas, para arrancaros de la Cruz en que sufrís el
Escarnio y el Martirio;
¿por Compasión?
no;
por Envidia;
por Envidia del rayo de Sol, que cae sobre la Cruz...
La frase de «predicar en desierto», cuando se aplica a un Gran Pensador,
no significa que haya predicado en una ausencia de almas, sino entre la
incomprensión de las almas;
y, ésa es la Soledad definitiva, porque es la Soledad inconquistable;
imaginaos una lluvia inconmensurable, cayendo sobre una tierra petrificada,
impermeable, incapaz de absorberla y de beberla sitibunda;
sería el estancamiento, el pantano, la putrefacción y la Muerte;
y, eso es el Desierto de las almas, ése ante el cual habla el Pensador
Incomprendido;
sus palabras se pudren en aquel pantano, donde bullen en fermentación
todos los contagios de la Muerte;
huíd de él;
sería capaz de contagiar al Sol;
al Sol que lo purifica todo;
todo, menos el corazón del Hombre.
¡Ay! del Pensador, si llegase algún día a sentir la amargura de su Soledad;
el Secreto de su Fortaleza habría muerto; y vencido sería por la Vida;
porque de nuevo amaría la Vida;
más le valdría que nunca las cimas ríspidas de la Soledad, se hubiesen
engalanado para hospedarlo, si flechado por la Vida, había de caer de nuevo
entre sus brazos...
el más grande duelo del Pensamiento, habría pasado ante tu pupila de llamas
¡oh Sol!...
¡y, tú serías cómplice!
porque no calcinaste las alas del águila, antes de que se hiciera otra
vez larva.
La Desesperación, germina y se engrandece como una flor fatal, en
el cerebro de aquellos que aman la Vida y ven su corazón sacrificado por ella,
como un sol crucificado sobre lejanos Ponientes...
el Genio, no conoce la Desesperación;
él no espera nada de la Absurdidad creciente de la Vida;
¿de qué puede desesperar?
la Desesperación, es el gesto loco de un Orgullo que se hace estéril...
y, el Genio Solitario, no conoce ya el Orgullo;
fué la última cima humana, que quedó bajo sus pies,cuando entró en
la Soledad.
La luna, es como un lirio que se prende a los labios de la Noche;
la Noche solitaria es una ofrenda; hay algo de Inocencia en sus tinieblas;
¿no es como una tiniebla la Inocencia?
la Noche tiene inquietudes de Holocausto;
se diría que quiere ofrecerse en Sacrificio por los pecados tormentosos
del Día;
la Noche, es una Expiación;
así la Noche de la Vida;
en ella, sentimos el horror de haber vivido;
es un lirio marchito, cuyo cáliz repleto de lágrimas,se alza ya sin perfumes,
hasta los labios mudos de la Muerte...
y, ante el gran Pórtico de la Nada, blasonado de estrellas hieráticas, solloza,
cual si quisiese purificarse del pecado de haber vivido...
tras de la última estrella de los cielos ella adivina el torrente lustral
que purifica;
morir, es redimirse;
la Muerte, es un Jordán.
La Vida, es una pena, es Verdad;
pero, cuando es una grande alma, quien la soporta, es como una montaña,que
lleva el peso de una Esfinge;
que la montaña fatigada se mueva, y la Esfinge, sin base, rodará en los mudos
ámbitos de la sombra cobarde y sin fronteras;
es la resignación de la montaña, la que hace la grandeza de la Esfinge.
En el Silencio claro de las noches bajo la calma elegiaca de los cielos,
¿no sentís vuestra vaga Esperanza, alzarse como un monumento de oro en el
Azul?
¿hacia qué?
¿hacia quién?...
¡oh, vaguedad del Ensueño en las tinieblas!...
¡oh, Mito, que abres tus largas alas quiméricas en las ondas mudas de la
Sombra, insultada por tu Misterio.
Emperador inmóvil entre la majestad de las antorchas y los lampadarios de
la Noche Insaciable;
tú.
Dios.
Enigma...
Arcano-adivinado.
Cifra vencida...
yo sé tu Secreto; porque yo sé mi propio Ensueño;
ya, río del Secreto de tus labios;
¿verdad?..
con las gotas de la tarde tú formas un paisaje;
y, yo también, en mis tinieblas interiores, iluminadas por un desplegamiento
de oráculos;
la voz profunda que sale de mi corazón, me dice bien, ante qué hecha se
doblegaron los hombres de mi Raza;
y, ése es mi Ensueño;
la Aurora del Ensueño que no acaba jamás...
Lo que en los espíritus fuertes es Benevolencia, en los débiles es
Complacencia;
y, quien dice Complacencia, dice casi siempre: Complicidad.
La Inconsciencia alegre de los decidores y escribidores de gracejos;
¿es verdaderamente alegre?...
yo no lo creo;
si os fijáis bien, ellos son tristes;
tristes, acaso, de no tener bastante talento para ser serios.
La Poesía, extrañamente atormentada de ciertos poetas, como Baudelaire
y Verlaine — y con ellos se dice todos los poetas, más o menos afines
de su Poética—, viene de la obsesión casi inhumana de la Idea religiosa en
pugna con su amarga Filosofía de rebeldes intermitentes(1);
en cambio,ved los Grandes Poetas de la Negación: Leconte de Lisle y Mallarmé;
¡qué enorme y lúcida Serenida!
que armonía de Fuerza y de Orgullo, en esos Poemas como palacios diáfanos
alzados en lo Infinito hasta los cielos sin Dios;
el Ateísmo es un cielo sin tormentas, porque es un cielo sin Fe;
esos Poetas, acercaron sus labios a los labios de la Verdad, y le arrancaron
su Secreto...
destronaron el ídolo que miente;
y, se sentaron Silenciosos sobre las ruinas de Dios.
La Razón, ese otro ídolo de los Hombres, ¿también ha muerto?
¿es de su Imperio sin Amo, que se escapan estos sofismas espirituales, que
hoy nos empestan?
¿es su cadáver en putrefacción, y coronado de rosas dialécticas, el que
envenena la admósfera mental y la hace irrespirable?
algo hay podrido en el corazón de los hombres, después de la muerte de
los dioses, y es el cadáver de los dioses mismos...
y, ¿por qué los hombres no los sepultan?
porque están empeñados en hacer con aquella podredumbre nuevos dioses;
y los harán;
y, poblarán de nuevo con ellos, el cobarde Dominio de sus almas, y
el absurdo y brutal Imperio de los cielos;
porque escrito está, que el Hombre no se libertará jamás de la Tiranía
de los Ídolos;
y, puesto ha sido sobre la Tierra, para ser la conquista y el trofeo de
la Mentira Vencedora.
Los hombres, desorientados por la Fe, han caído en la Demencia, y agotan su
Vida en inventar actitudes y símbolos con los cuales desarmar al Dios Enigma,
que han coronado de rayos y de tinieblas, y de cuyas manos de Esfinge,
fluyen los castigos como ríos...
y, creyendo haber escapado al Erebo del Dolor, han caído en el Gran Terror
de sus propias creaciones, que reinan sobre el oro acre de los firmamentos,
en un Infinito desnudo de toda Misericordia;
¡pobre criatura miserable que es el Hombre, hecha a forjarse los Ídolos
ante los cuales tiembla!...
no le toquéis los ídolos;
cortará la mano con que queréis desenmascarar el Miedo;
el Hombre, no será nunca libre;
dejadlo sollozar sobre su estercolero sin Sol...
él ama su lepra...
y, ama ver cómo nacen de ella por igual, los gusanos y los Dioses.
Si os detenéis un momento en el umbral de esa casa de las maravillas que es
el corazón de un Poeta, veréis que cada Poema que construye, bajo la dulce
fantasía de sus cielos, y en las blancuras de sus jardines ideológicos
ornados de divinos mármoles, no es sino la personificación de una actitud
genial suya, que le hemos visto vivir, o que ha guardado para su propia
delicia, en la sombra tímida y siempre infantil de sus intimidades;
así he pensado, viendo las orientaciones socialistas y los aires de fronda
anarquista, de ciertos bardos que yo me sé, mansos como una paloma, y con
menos hiél, que el pico de un tominejo, prendido al cáliz de una flor;
pero, aun sabiendo lo precario de esta actitud bélica, de un comicismo
encantador, no puedo librarme del contagio de admiración, ante estos cantos
límpidos, como una diana tocada en una flauta de cristal;
y, por una asociación de recuerdos y de sonidos, pienso en Ruskin y en
Meredith, aquellos dos grandes Profetas líricos, cuyas manos tentaculares,
supieron acariciar tan tiernamente el corazón del pueblo, envolviéndolo en
los acentos de su lira, como en un gran cordamén melódico;
¿hemos de creer que nuestras multitudes, han encontrado su Bardo-Profeta,
enamorado de Ensueños Sociales, especie de Tubalcain, hecho a forjar las
armas para las conquistas futuras;
no os alarméis de esa actitud, vosotros, los apellidados filisteos, no
moriréis ahogados por esas rosas...
y, vosotros, que reís maliciosamente ante las actitudes combatientes de
estos cantores del futuro Ideal, que estamos habituados a ver, como paladines
del Pasado, desgranar su rosario de rimas ante el altar de todas las Madonas;
no riáis;
es un Poeta, el que canta;
¿por qué os empeñáis en pedir a un Poeta, algo más que la Belleza?
no os preguntéis cuánto durará ese canto, lanzado como una lluvia de
estrellas hacia el seno de la Futura Aurora...
oídlo encantados, como yo;
y, fingios graves, ante la actitud de esos divinos canarios, empeñados en
ser un clarín sonando bajo el Sol;
bendigamos la ardiente ingenuidad de esas estrofas, vibrantes, en su diáfana
sonoridad de alas abiertas en el Silencio;
y, admirémosla, no como un gran gesto de Fuerza, sino como un gran gesto de
Belleza...
no por fugitivos, pierden su sello de Belleza Eterna esos cantos, que vuelan
hacia el sagrado esplendor de los Problemas, que despuntan en los cielos
futuros como un rosal de soles indomados;
todo gesto de Belleza debe esculpirse en el muro de mármol de los siglos;
la Belleza, no hace gestos estériles.
Es un Error, de los hombres poco versados en crisis de la Ideología, creer
que el Pesimismo viene del Dolor;
no;
todo Pesimismo viene del Amor;
de un grande Amor, engañado o muerto; o simplemente de uno de esos amores
irrealizables, que sangran siempre, sin entregarse y sin morir, como el
horizonte de una tarde de Estío, degollada sobre el poste de oro del
Crepúsculo.
Amor de Mujer.
Amor de Gloria.
Amor de Humanidad;
de ahí, de venir del Amor, es que tiene el Pesimismo de ciertos Genios como
Leopardi, esos grandes vuelos líricos, que estremecen la Tiniebla, como si
volara un Sol, y ese elemento estético que embellece, como en Byron o como
en Heine, el horror de su propia tragedia, tal un Jardín de encantamientos,
abierto sobre las landas embrumadas del Dolor;
Entre los grandes lapidarios del Pensamiento Humano, son, sin duda,los
Orfebres del Silencio, los que tallan las mejores piedras y las engarzan en
mejores oros; porque las entrañas de las canteras ideológicas,son
silenciosas como las de la Tierra; y el oro de la Meditación, es más puro
que el que vive en la paz ardiente de las minas intocadas;
el gesto decorativo de esos artistas hieráticos y crepusculares,cuyo Cristo
del Silencio, fué ese Artífice de vagos gestos rituarios, que se llamó
Stephane Mallarmé, que supo coronar la frente sonámbula de la Vida, con los
más fabulosos camafeos del Genio, laborados en el taller sin ruidos de la
Contemplación; ese gesto, digo, es el gran forjador de esos milagros que se
llaman Símbolos que esculpidos en el frontón de la Noche devoradora, sirven
para mostrar a los hombres futuros, por dónde pasó una procesión taciturna
de astros.
El Simbolismo, impresionante y magnífico, de ciertos poetas,como Max
Elskamp, y Charles Van Lerberghe,es el único que puede llevamos al paroxismo
de la Meditación, porque el Misterio de sus Símbolos,nos absorbe como una
Noche Intensa,en el fondo de cuyos crepúsculos inagotables,se forjan y se
deshacen los más bellos mirajes, que las manos tenues del Ensueño,puedan
bordar en el horizonte de oro, de nuestro lejano Canaán, siempre invisible
bajo la Idealidad azul de las alas de los astros.
Todo es conmovido y profundo en la Vida de los Símbolos, que son los
laureles tejidos sobre la frente Impenetrable del Enigma...
toda el Alma Suprema del Mundo, reside en ellos,reflejada en los ojos
inmóviles de la Eternidad.
Los dilemas imperiosos de la Vida, nos hacen huir de los brazos de la
Ilusión,que nos enerva como una querida voluptuosa,y nos empujan hacia la
acción, sobre los agrios senderos, como lobos hambrientos que buscan
su alimento:
«¡Triunfante Necesidad, Reina del Mundo!» tú afilas los dientes de los
lobatones, que ayer se amamantaban,en ese lirio jugoso,que es el seno
de la Ilusión;
tú eres el alma de la Vida;
tú haces al Hombre;
bajo, astuto, malo y cruel.
«¡Triunfante Necesidad, Reina del Mundo!»
¡madre de lobos!
¡loba voraz!...
tú, haces que el encuentro con un Hombre, sea el más peligroso encuentro
en los desiertos de la Vida...
¿cómo evitar al Hombre?
el Hombre, no se evita; se vence:
vivir es destruir;
vivamos...
¿No veis cómo ciertos gestos rastreros de la Vida, gestos de la más baja
animalidad, se transforman a veces, hasta hacerse desconocibles y aparecen
casi heroicos?...
fué el determinismo infalible de la Necesidad, quien los hizo así;
suprimid esta Reina de los Apetitos, en el Hombre, y habréis hecho negros,
insondablemente negros y sin astros, los cielos de la Historia y los de
la Religión...
los Héroes, los Santos y los Mártires, se habrán borrado del horizonte...
¡oh! «Triunfante Necesidad, Reina del Mundo»;
madre de los Instintos;
tú, no te conformas con despoblar el Mundo, sino que te encargas de
poblar el cielo...
y, de cada lobo vencedor, haces un Astro;
por Ti , viven los Cielos y la Tierra:
«Triunfante Necesidad, Reina del Mundo»;
tuya es el Alma de Dios.
Las certidumbres, no se forjan; las que se forjan son las hipótesis, y
a la chispa de cada hipótesis, que surge en nosotros, creemos entrar en
posesión de una certidumbre, que huye luego, dejándonos en las manos las
alas de la Esperanza, que un momento aprisionamos.
Cuando yo veo a ciertos escritores franceses, quejarse contra la mediocridad
de ciertos vencedores, como Edmond Kostand, veo hasta en eso el pecado
incurable de la Vanidad nacional;
cualquier criterio, que no esté enfermo de ese pecado, discierne bien,
que cuando triunfa una mediocridad como Edmond Rostand,la mediocridad
no está en él, sino en la época que le discierne el Triunfo;
el triunfo de un Escritor, es la síntesis de una época;
y, la pequenez del ídolo, indica la mayor pequenez del Idólatra;
cada zona y cada estación tiene sus flores;
¿por qué extrañar que una tierra cansada de dar rosas,las produzca pálidas
y enfermas?
si la Francia actual, no tiene un verdadero Gran Poeta; ¿por qué extrañar
que triunfen los Poetas mediocres?...
la Decadencia, no es una cuestión de razas, ni de países; es una cuestión
de épocas;
las épocas no coronan; se coronan;
y, la Francia actual, se ha coronado en Edmond Rostand.
El último grado de la Servidumbre, es el amor a ella.
El sentido misterioso y superior de la Soledad, está precisamente, en que
toda alma solitaria es una alma esotérica;
pero, cuando dije «alma solitaria» dije mal;
«alma de Solitario», he querido decir, porque ninguna alma de genialidad,
está nunca en Soledad;
todo Solitario, tiene la voluptuosidad de los Enigmas; se los propone todos;
se rodea de ellos con un Orgullo Triunfal;
y, él mismo, es un Enigma.
La Sociedad de los hombres, exaspera el Orgullo, esa triste pasión que nos
acompaña en la Vida, hasta el día en que el Desdén brota en nuestro corazón,
se apodera de él y lo cubre todo, como una enredadera voraz , que lo primero
que devora es nuestro Orgullo;
en cambio, en la soledad muere el Orgullo;
¿muere?
acaso no es sino que se transforma en el Desdén; y, en ese caso, el Desdén
no es sino la Sublimidad del Orgullo;
pasión de Solitarios;
y, de águilas.
El Aislamiento, el replegamiento de alas hacia la Soledad, es un gesto de
Orgullo tan violento, que los hombres no lo perdonan jamás;
y, eso, porque comprenden que no es el Amor a sus Semejantes, lo que hace
a un Hombre huir de ellos;
y, que no es a causa de la Admiración que le inspiran, que el hombre trata
de admirarlos lo más lejos posible...
no;
no es ciertamente para admirar la Sociedad, que el Solitario entra en su
Soledad.
Es una pena, que Dios no sea una Realidad en la Vida ; porque Dios, sería la
única Justificación de la Vida.
Florecer, es un deber tan imperioso al Hombre, como a las plantas;
florecer en símbolos y en palabras superiores a su época enfermiza,
prisionera de su alma esclava, matizada de todas las decadencias;
la flor de las Exaltaciones, será mañana el rosal transfigurado en parábolas,
a la Sombra de cuyas ramas, el pájaro de la Revelación dirá a los Hombres,
las verdades del Mañana, es decir, la primavera de ficciones que debe
perfumar la vida de un núcleo de hombres, en un paraje dado de la Historia.
¡Volar, volar, volar!...
¡poema de las alas!
subir y subir en lo Infinito, alejándose del punto inmóvil y miserable
que es la Vida;
sobrepasarse a Sí Mismo;
sentir la sorpresa divina de su propia Revelación;
ascender, hasta tener los polos, inmóviles y mudos, por único apoyo
de sus alas;
sentir que sobre la frente hecha de acero, se rompe el torbellino de todos
los huracanes;
embriagarse de las vides del Sol;
y ser superior a esa embriaguez;
y, abrir los ojos,
sobre la Nada;
la Nada del vuelo;
la Nada del Esfuerzo;
la Nada, vista en los ojos extintos, de esa Pitonisa atormentada
que es la Vida;
sentir el Naufragio en el Seno de la Nada;
romper sus alas contra el muro negro de la Nada;
rodar envuelto en el sudario de la Nada;
frente a la Nada;
absorbido por la Nada;
sin gritos, sin blasfemias, que no oiría la Nada...
he ahí el Poema del Pensador.
¿Los dioses han desertado de los cielos?
¿no han bajado a refugiarse en el corazón cobarde de los hombres?
¡ah! miserable corazón humano, él será eternamente el lago en la selva,
en el fondo del cual se reflejarán los cielos...
mientras haya hombres, habrá dioses, porque el Miedo es inextinguible
en el corazón cobarde de los hombres...
¿cuándo se convencerá el Hombre, que él es la única divinidad, digna de ser
adorada sobre la Tierra? ¿cuándo?
tal vez cuando el abanico formidable de los cielos, se haya cerrado
estrepitosamente sobre los ojos del último mortal;
tal vez entonces;
tal vez...
¡en tanto, alma mía! llena con el milagro de tu Libertad los horizontes
amargos;
y, ya que eres tan sola porque eres libre, abre tus alas de llamas y
vuela siempre hacia el Sol;
La Naturaleza, tan cruel y tan desdeñosa, con esta apariencia llamada
el Hombre, ha tenido un gesto de Misericordia, que no es sino un gesto de
lógica, no dejándole conocer de todo, sino la Ilusión;
lo espantoso de la Verdad, habría sido: encontrarla;
porque la Verdad, habría sido el Dolor Verdadero, y no esta apariencia del
Dolor que hoy sufrimos;
¿habría soportado el Hombre, esta confrontación con la Realidad, es decir,
esta posesión absoluta del Dolor?
la Naturaleza, que se la ahorró, sabía que no era hecho para ella;
y, la Naturaleza, cuida al Hombre, como los niños cuidan los pájaros:
para martirizarlos.
El consejo de Goethe: «Emplissez votre esprit et votre cœur, si larges
qu'ils soient, des idées et des sentiments de votre siécle, et l'œuvre
viendra»;
es bien el Consejo del Olímpico, en cuyo panteísmo imperioso y sereno,
el alma de las cosas cantó la más bella Sinfonía;
pero, hasta dónde ese consejo de motivos sociológicos, para adornar con
ellos los cantos de los poetas, sobrecargando de las imágenes inarmónicas
de la Multitud, los Símbolos impresionantes, y los ritmos líricos de
los bellos poemas, sería útil a la Poesía y aun a la creencia, eso sería
de discutirse aún con el mismo Consejero Áulico de Weimar,
y Autor de Fausto redivivo...
la idea de un Poeta-Sociólogo, me espeluzna;
pero un Sociólogo-Poeta, me da vértigo...
ese hibridismo funambulesco, haría reír la Momia de Sesostris, en nombre
de la Historia, y todos los pájaros embalsamados de los Museos, en nombre
de la Poesía.
Los hombres, no se embriagan sino del licor azul de la Ilusión;
el vino de la Realidad, les es vedado;
si llegaran a apurar una gota, siquiera, de él, su cerebro, ebrio del
Dolor Absoluto, ardería en la locura, y su corazón calcinado caería
en cenizas...
y, sin embargo, los hombres consumen su Vida, en buscar esta vid
envenenadora y destructora, por todos los caminos de la Vida, con sus
ojos indagadores que quieren ser adivinos, y sus manos febricitantes,
que se empeñan en ser reveladoras...
¿qué es esta caza a la Verdad Absoluta, es decir, al Dolor Absoluto,
sino un Herror loco de la Muerte?...
y, el rostro de la Muerte está en todo, hasta en el gesto mismo que
da la Vida...
porque aquel que engendra, siembra la Muerte;
¿qué es un niño que nace?
una flor que se abre para morir;
todo vientre de mujer, es el jardín de la Muerte;
como el vientre de la Vida;
la Muerte es nuestro Imán;
nacemos orientados hacia ella, y vamos a ella, a vivir en ella;
todo lo Absoluto de la Vida está en la Muerte;
la Muerte es Todo.
Cuando el Cristo dijo: «Amaos los unos a los otros», dejó caer de
ese cesto florecido de mansedumbres, que fueron sus labios, un nuevo
lirio de Utopía;
el Amor y la Guerra son rivales;
la Vida, es la Guerra: la Guerra Implacable:
¿dónde, pues, el lugar para el Amor?
lo que llamamos el Amor, es decir, el gesto brutal, que el Genio de
la Especie esboza sobre el vientre de una Mujer para perpetuarse, no es
sino un momento de Epilepsia, sufrido en las fronteras de la Muerte;
el grito de la Naturaleza es «destruios los unos a los otros»,
«devoraos»; y los hombres obedecen a la Naturaleza y no a los labios
de Jesús;
porque Jesús, al predicar ese Amor, habló contra la Naturaleza...
si el pobre Nazareno, tuviese los ojos abiertos sobre el mundo,
¿qué diría al ver el jardín de sus parábolas, talado perpetuamente por
la espada de la Guerra?
¿qué diría al escuchar que en su nombre se grita: «Mataos los unos
a los otros?...»
¿y los hombres mueren degollados por sus palabras?...
tal vez se abriría el divino candor de sus ojos sin pasiones, y ante
la Acre Realidad de la Vida, vería que no hay otra Verdad que la Muerte,
otra prédica que la Muerte; ni otro gesto Imperativo, que aquel que
ordena morir... o aquel que ordena Matar...
porque ése es el código de la Naturaleza...
y, la Naturaleza, no perdona a aquellos que hablan contra ella...
es decir, a aquellos que predican la Ley del Amor...
por eso sella sus labios con el beso de Judas, y atraviesa su corazón,
con la lanza del Sicario...
¡ay! de los labios de miel y de los corazones de luz...
la Naturaleza Implacable, aventará lejos la divina colmena, y apagará
con sus manos el divino Sol...
no Piedad;
no Fraternidad;
eso es la Vida.
Toda hora del Mundo, es patética, porque en toda hora del Mundo, vive
el Dolor, como soberano...
pero, toda hora del Mundo, es consoladora, porque en toda hora del Mundo,
la Muerte, abre sus brazos sobre él para consolarlo...
y, la Naturaleza con sus dos brazos, abiertos en cruz, deja caer
perpetuamente; del uno, el Dolor; del otro, la Muerte...
y, los hombres perseguidos por el uno, no encuentran Paz, sino en los
brazos cariñosos de la otra...
el Dolor es la Esclavitud;
la Muerte es la Libertad;
¡bendita sea la Muerte!
__________________
(1) Acepto que Verlaine no fué nunca un rebelde, sino un católico simplista,
un hermano de Francisco de Asís, amante del ajenjo y los lugares de mal vivir,
pero se ve en la musa mórbida de este mendigo lírico, no momentos de rebeldía,
de los cuales su alma de niño no era capaz, sino momentos de debilidad, que
equivalen más que a una Duda, a una Negación.
No comments:
Post a Comment