Tuesday, September 13, 2011

VII

¿Qué es el Amor de la Vida, sino un sueño loco de aprisionar la Eternidad?
¿cómo aspirar a contener en las cuencas de nuestras manos miserables,
el gran río sin rumores, que va por las praderas de los siglos, bajo
las arboledas del Silencio; inabordable, inabarcable, inagotables...
¿somos una gota en su corriente y aspiramos a contenerlo?
sólo hay una cosa comparable a nuestra Debilidad, y es nuestra Locura;
acaso, ¿nuestra Locura misma, no viene de nuestra Debilidad?
¿qué somos, sino un insecto enloquecido sobre las soledades
de la Tierra?...

¿Qué es la Vida, sino un combate por la existencia con la seguridad
de la Derrota?
¿qué es la Esperanza, sino el camino bordeado de Quimeras, que nos
lleva soñando hacia la Muerte?
¿qué es la Muerte, sino la Victoria sobre la Vida, es decir sobre el Dolor;
y, he ahí cómo el Hombre, es talmente un ser nacido para el Vencimiento,
que renuncia a conquistar la Muerte, y espera temblando ser devorado
por ella...
y, la Humanidad es eso: una marcha de vencidos, que retrocede ante
la Victoria.

Yo, no creo en el Entusiasmo lírico, como fuente de Ispiración,
de todos los Poetas;
creo en el temperamento lírico, es decir, en las fuentes de pura
Emotividad, que hay en el corazón de los Poetas, y las cuales,
no siempre generan el Entusiasmo, sino antes bien, muchas veces,
atravesando los parajes gélidos de la Tristeza, se disuelven en una
lenta y vaga apatía...;
y, el lirismo que viene de esos manantiales glaucos y helados,
no es por cierto un Entusiasmo;
¿quién puede sentir el Entusiasmo de las lágrimas?
pero, si hay un Entusiasmo lírico, algo que llamaríamos, la Emoción
Pindárica, a la cual debemos acaso, las más bellas páginas de la Lírica
Helénica, esa Lírica Mítica, cantante y flameante, que Horacio llamaba
«os Magna Sonatorum»;
la misma que a través de los siglos, se encarnó en Ricardo Wagner,
ese Hombre que fué como un momento armónico y plástico de la Humanidad;
ese huracán sinfónico, que empuja una alma hacia el Ideal, y envuelve
en la misma balumba el Arte y el Artífice, eso sí es el Entusiasmo Lírico;
embriaguez de Titanes;
mar en furia, en donde suelen naufragar los astros.

La gran Serenidad, la limpidez inmaculada de aquellas almas tranquilas
que se han como diluído en su propio Dolor, y se han consubstancializado
con él, florece en el rosal de Amiel, ese rosal de flores de ámbar y de
ópalo, en cada uno de cuyos cálices, el encanto de un gran Pesar, dobla
la frente pensativa...
he ahí un suave lirismo, transfigurado en Melancolía...
¿lirismo sin tempestades?
yo no sabría decirlo;
los mares muy profundos y las cimas muy altas, tienen esa engañosa Serenidad.

Los suaves caminos del Olvido, que nos llevan poco a poco, lejos de los
tumultos y de las fiebres de la Vida, tienen el privilegio de conducimos
suavemente hacia los parajes encantados y los jardines abandonados
de la Antigüedad;
¡cómo las almas y las cosas antiguas nos son piadosas!...
a su contacto, nuestra alma se purifica, se clarifica, se hace diáfana
como un cristal, y armónica como un laúd;
mil renacimientos luminosos hay en ella, al resurgir de las fábulas, de los
mitos, y de los símbolos, que vienen a nosotros, en grave familiaridad,
ofreciéndonos el tesoro de sus secretos, que un día fueron la Ciencia, el
Orgullo, y la Gloria del Hombre;
y, nuestra alma, entra con ellos, en el calmado y cálido panteísmo de la
Naturaleza;
y, vagando por los senderos de las meditaciones y de las visiones, sentimos
el Alma Antigua, el Alma de la Tierra, entrar en nosotros y absorbernos;
y, una fuerza mineral, una voluptuosidad vegetal, nos invaden, como si ya
hubiésemos sido devorados por la Tierra;
y, al libertarnos de su abrazo, volvemos tristes a la Vida, a esta miserable
Vida animal, tan agitada, tan dolorosa y tan vil...

Los arqueólogos del Vocablo, es decir, los Filólogos, ¿confinan por alguna
parte con el Arte?
tal vez, sí;
por el culto de la Antigüedad;
pero, ¿este culto es en ellos sincero, o siquiera es consciente?
lo menos del mundo;
es una apariencia, como todo respeto religioso;
el Filólogo, es un petrificado: por temperamento y por estudio: es un
anti-Poeta;
¿cómo, pues, escoge por misión juzgar a los Poetas?
como los cazadores, sin ser pájaros, cazan a los jilgueros;
por un horror inconfesado a la Armonía.

La Poesía Creatriz, la Fantasía Evocatriz, llenas de tan divino Misterio,
son y permanecen inaccesibles a toda Ciencia, aun a la Psicología, que tan
cerca está de sus dominios, y que se esfuerza en vano por desviscerar
el espíritu de los Poetas, sobre el mármol de sus disquisiciones;
la Interpretación Estética, no conviene sino a los Estetas;
el Sacerdocio de la Belleza, requiere Iniciación.

Lo que todos los hombres, en plena Vida, no pueden hacer desde el campo
de batalla de sus ambiciones y de sus cóleras, puede hacerlo un Hombre
muerto desde el fondo de su tumba, siempre que ese muerto, haya sido uno
de esos predestinados del Dolor y de la Gloria, que se llama: un Genio;
y, es hacer volver la mirada de los hombres, hacia un punto ya extinto
de la Historia, donde se hundió un gran Pensamiento, que es como señalar
en un cielo monótono de desastres, el punto donde murió un Astro;
sólo la Muerte, da esta gran Autoridad, porque la Muerte no tiene
ya ambiciones;
la Muerte, que es la gran sombra, no hace sombra sino a los muertos, y por
eso los vivos los perdonan;
el libro de un Genio muerto, es una urna donde se guardan las cenizas
de un Sol;
de un Sol vencido, que no puede ya dar celos a aquellos que van a la
Conquista del Triunfo;
¿de cuál Triunfo?
del rayo, que ha de convertirlos también en un puñado de cenizas.

El Panteísmo, es el Deísmo de la Naturaleza; esa imperiosa necesidad de
creer en Dios, que tienen todas las almas, porque el Alma del Hombre, es
decir, su Instinto, es de constitución parasitaria y trepadora, como hecha
de Miedo y de Orgullo, tiene necesidad de la encina de la Divinidad, para
prenderse a ella, elevarse con ella, y florecer para ella;
ese maravillamiento ante las cosas inexplicables de la Naturaleza;
esa necesidad de Adoración animal que viene de las capas profundas de las
viejas Sabidurías, que son las Ignorancias ancestrales de la selva, y de los
soles ponientes de todas las religiones que iluminan con la occiduidad de
sus crepúsculos, el débil y miserable corazón humano, tan intoxicado de tal
modo, de plácida abyección superticiosa , todas las inteligencias que el
rebaño humano ha perdido su orientación, y ebrio de mentiras, no se cree ya
rebaño, sino un tropel de dioses perdidos, y despreciando las praderas de
la Vida, aspira a pacer en las estrellas de la Eternidad;
y, eso, porque la vasta y vana Esperanza Humana, no se agota jamás en el
inquieto corazón del Hombre, y, cuando ha expulsado los dioses de los cielos
desiertos, se vuelve al Seno de la Naturaleza, para adorar en ella la misma
hacha con que decapitó los dioses;
y, hace de ella otro dios;
y, aspira a fijarlo en la Eternidad;
y, hace el gesto de esculpirlo, en el muro vertiginoso de los horizontes
en marcha;

¿Qué importa a los ojos de un Pensador, este momento efímero que se llama
su Vida?... tan efímero, que sentado al umbral de ella, no alcanza a contar
cien veces, los años que pasan por delante de sus ojos...
minuto de Eternidad, en que abrió sus alas a la luz, este Insecto prisionero
de las tempestades, que es el Hombre, y abrió sus pétalos instantáneos la
Vida, esta flor de pesadumbres, que prisionera en los cristales de un Iceberg,
navega en la Soledad, hacia la Muerte...
¿qué valen, qué pueden, el gemido del insecto y el perfume de la flor, ante
el tropel de ondas que los arrebatan en el seno de esa Inmensidad sin
corazón?...
¡nada! ¡nada! ¡nada!...
¡oh! Nada...
¡oh! Madre de los Hombres y de la Vida;
tú misma te interrogas;
y, tú misma te respondes, en la extática quietud
de tus cielos sin eco y sin fulgores.

El Desprecio, cuando es sincero, no iguala las fuerzas; sobrepasa todas las
fuerzas conocidas;
el Desprecio de la Vida, ahoga la Vida;
y, es el único camino de la Ventura; porque la Ventura no está en la Vida;
¿está más allá?
en la Vida, no hay más allá, porque no salimos nunca de la Vida...

Las siete soledades del Espíritu, los siete ciclos solares de la Meditación,
he ahí el camino de la Fuerza, de la única Fuerza que no agota ni se agota,
la gran Fuerza Mental, esa extraña presciencia del Porvenir, que enseña a
Odiar la Vida;
porque la Única Sabiduría del Hombre contra el Destino es: destruir la Vida;
romper y anonadar, esa obra de la Fatalidad que es la Vida;
el día que el Hombre se rebele a dar la Vida y a sufrirla: ese día morirá
la Vida;
y, tú, Malthus, tú habrás matado a Dios.

El Respeto de Sí Mismo, es el camino que lleva a la Soledad;
apagar todos los gritos, hasta los de su propio corazón;
huir de todos los ojos, que no sean los ojos de su Espíritu, fijos como dos
soles de paz, sobre la belleza de nuestros jardines interiores;
esquivar todas las manos, que no sean las manos de la Misericordia oculta,
que está en el fondo de nosotros mismos, y que es la única que sabe
por qué lloramos...
ser en la montaña altísima, el torrente sin aguas y sin ecos...; sin ecos
y sin aguas audibles ni visibles, sino de hondo sonar y lenta filtración,
yendo hacia adentro, en una maravilla de Sinfonías hímnicas y venazones
hidrográficas inagotables;
¡oh! Música de las cosas interiores y sagrada armonía de la Profundidad...;
ser el árbol sin nidos, con las ramas mudas, pero con las raíces musicales,
extendiendo hacia adentro la armonía estelar de su raigambre sinfónico y
sonoro;
¡la armonía de los Silencios profundos, y de las cosas verdaderamente musicales!
porque la verdadera música, es aquella que no se
oye sino en nuestros cielos interiores;
la que canta en el fondo de nuestra alma;
y, es como el eco de nosotros mismos;
¡oh! el corazón, lírico y enorme;
la gran arpa sonora, en que un David adolescente, toca sus extrañas
sinfonías, en el dintel de todos los silencios...
suyo es el Imperio de la Soledad y la Armonía;
y, solo él sabe el Salmo de la Muerte;
¡oh! ¡corazón!...

¿Quién llega sin temblar, hasta la soledad de su propio corazón?...
entrar en él, es entrar en la cámara de un clown; de un clown vencido
por el esfuerzo de su risa, cristalizada en lágrimas;
desvestido, sin cascabeles, sin pinturas, aquel que ha reído de todos y
con todo. Emperador de la Carcajada, y Rey alacre de la Mueca, ahora,
vencido de su falsa alegría, solloza solo...
solo, porque la Alegría, no es en el fondo sino el remordimiento de haber
o mejor... de haber reído;
porque;
¿existe la Alegría?
no, lo que existe es el Olvido momentáneo del Dolor;
¡y, cómo el Dolor se venga de ese Olvido, que es una Infidelidad!...
¿y nosotros? ¿nosotros, no podemos vengarnos del Dolor?
sí;
matándolo;
el corazón es el nido del Dolor;
hagamos polvo el nido de la vípera.

Los hombres que no encuentran su camino, es porque no saben mirar hacia
la Muerte;
y, caminan a tientas en la Vida, perdidos en las tinieblas...
¿qué nube hay entre sus ojos y el Sol, que los hace tan incurablemente
ciegos?...
el alma triste de la Bestia: el Miedo;
suprimid en el corazón incierto del Hombre, el Miedo a la Muerte, y la
Humanidad desaparecería como por encanto, de este horizonte virgen, que
mancilla con su presencia...

Nada hay tan miserable, porque nada hay tan inconmensurablemente estéril,
como todo gesto de Victoria sobre la Tierra...
vencer, es vencerse;
triunfar, es decapitar su propio Ensueño...
toda Victoria, es la muerte de un Ideal;
y, todo Ideal, es un astro;
¡ay de aquel que ha vencido! ése ha visto morir los astros en su cielo
y los Ideales en su corazón...;
sentado sobre los escombros de sus victorias, ve espesarse la Sombra
sobre las soledades de un cielo que él mismo hizo negro, con las manos de
su Ambición;
vencer, es la más triste manera de ser vencido...

Perezcan los fracasados de la Vida, «perezcan los débiles», gritan los
esclavos de la Fuerza, que se creen fuertes, porque son esclavos...
he ahí un miraje de la Debilidad victoriosa, una embriaguez de siervos;
¿cuál Hombre, con el hecho de ser un Hombre, no es un fracasado del Destino,
sobre la Tierra?
si la Vida es un fracaso, ¿cómo no fracasar los que la viven?
la Vida, es el fracaso de la Naturaleza;
en ella, ha fracasado todo: los Hombres y los dioses.
Dios mismo, fué un fracaso;
por no decir que: un fracasado.

Se aplaude la Piedad como una Virtud, o se le critica como un Vicio...
no hay Piedad;
no hay sino Egoísmo conmovido;
ésa es otra miseria del Hombre sobre la Tierra;
no saber ni definir sus propias sensaciones.

Yo convengo en que el Cristianismo, es una Religión de esclavos; un culto
de parásitos;
pero, dígome a la vez: y, ¿qué Religión no es una Esclavitud?...
¿qué han sido y qué son, esos charlatanes, más o menos lúcidos, inventores
y predicadores de religiones, empeñados en libertar al Hombre de una
creencia, para uncirlo a otra, sino sacamuelas metafísicos, locos forjadores
de cadenas, que disputan sus esclavos a los otros, pero, no saben libertar
ninguno?

La sola Religión posible es no tener ninguna;
cambiar de Religión, es cambiar de Esclavitud;
trocar una Mentira por otra, es agravar la Mentira misma;
el Hombre, que cambia de Religión, es un esclavo histérico, que no puede
vivir sin Amo; y siente sobre su cuello, la Incurable Voluptuosidad del
yugo.

Yo no comprendo la transcendencia de los sistemas que se empeñan en probar
la falsedad de las religiones;
y, tengo para mí, que lo único transcendental, lo único definitivo,es provar
la Inutilidad de todas ellas;
y, he ahí lo que los utilitaristas no hacen; probar lo inútil de
toda Religión;
pero, ¿qué queréis? los espiritualistas, los racionalistas, los positivistas,
son gentes que creen en el Espíritu, en la Razón, y en lo Positivo...
¿qué queréis hacer con gente así? es decir, ¿con gente que cree?...
todas esas son mentalidades esclavas de un Prejuicio;
toda Filosofía, es un Sistema; todo Sistema, es un dogal que estrangula a
aquel que lo profesa;
de ahí que los filósofos, no sean, sino ahorcados de su propio Sistema...
de ahí, que la Humanidad, se esté dando a pensar que hay algo tan inútil
como las Religiones, y es: las Filosofías...

Los que hemos escrito libros, no cerraremos los ojos ni aun después de
muertos; porque nuestros libros serán como nuestras pupilas abiertas sobre
la Eternidad;
y, los que hemos escrito libros, no cesaremos de hablar, porque aun cerrados
nuestros labios para siempre, de dialogar habremos con los hombres a través
de los siglos, y los oídos de los hombres continuarán en oír nuestros
discursos...
así razona la Vanidad, de los que hemos escrito libros;
pero, la Vida dice;
un día moriré Yo;
y, los ojos de los hombres para siempre se cerrarán sobre la Tierra; sobre
la Tierra, que será un cadáver de Astro;
y, los labios del Mundo, enmudecerán para siempre; que el Mundo también
sufrirá la Muerte;
y, un Silencio sin ecos, ocupará el lugar que ocuparon la Tierra y el Mundo;
y, nada quedará de aquellos que hablaron, ni de aquellos que escucharon, de
aquellos que escribieron, ni de aquellos que leyeron; todo desaparecerá con
la huella del último hombre, muerto sobre la tierra moribunda...
que ésa ha de ser toda la Gloria y toda la Inmortalidad del Hombre sobre
la Tierra...; y de la Tierra misma...
Morir.

El Ardor divino, œra opum, del cual habla Platón, en Parmènide, ¿qué otra
cosa es que la Inspiración, el Subconsciente, hablando a nuestras almas,
en las vastitudes estupefactas del Silencio?...
ese ardor divino, es el pájaro de la Aurora que canta en nuestro corazón,
el clarín que toca diana, llamándonos a la batalla, en aquellos días felices
en que aun amamos el Triunfo y creemos en la Vida;
¿después?...
las cenizas luminosas de ese ardor divino, no alcanzan a dar calor ni luz,
en las tinieblas gélidas de la noche moral que nos envuelve;
por qué la Vida es como una Mujer, que hastiados de ella, no queremos sin
embargo dejarla, y morimos prendidos a su seno, empeñados en arrancarle un
Secreto, que ella no tiene, o que lo ignora como nosotros?
¿por qué vive la Vida?

Ser Solitario, es la sola manera de no ser Solidario, en los dolores y en
los errores, de los otros;
suframos solos nuestro injusto dolor, este vil dolor de animales castigados
por el Destino, penetrables a la influencia del Dolor ambiente , desarmados
ante la Vida hostil y mala, que ella misma no sabe el por qué de su crueldad,
y por eso nos hiere con tanta brutalidad como inconsciencia;
aquel que busca la Soledad, no teme la Hostilidad de la Vida; la desprecia;
¿cómo puede ser herido un Solitario?
él, no teme el Dolor, porque puede darse la Muerte;
y, no teme la Muerte, porque es el fin de su Dolor.
¿Dios?
no hagáis reír al Solitario;
el Solitario y Dios, se vuelven mutuamente la espalda...

La penetrabilidad de las conciencias, permeables al contagio del Miedo y
del Dolor, es la que desarrolla en los Hombres el Instinto Gregario, que
los hace agruparse arremolinándose pávidos, como un rebaño al anochecer,
buscando esos grandes establos de animalidad sentimental y fatal llamados
la Familia, el Estado, la Sociedad;
sólo los grandes Solitarios, aislados en su Fuerza, permanecen libres, y
fuera de ese contagio, ajenos a esa Epizootia del Aprisco, llamada la
Solidaridad Humana;
y, desde la cima ríspida, ven el rebaño pavoroso, agruparse, loco de
espanto, ante la noche y ante el rayo...
y, fuertes en su Soledad; ellos sienten infinita Misericordia...
ya que ellos están por sobre el rebaño, por sobre el rayo y por sobre la
tempestad...

«Amarlo todo para comprenderlo todo», he ahí una fórmula sofística, de
aquellos que ni aman ni comprenden;
aquel que ama, no comprende su Amor, porque comprender es analizar,
y aquel que lo analiza mató su Amor...
«comprenderlo todo, para despreciarlo todo», he ahí la fórmula de la Vida;
y, ¿quién que desprecia su Vida, querrá vivirla?

No es la Imposibilidad de la Victoria, lo que desarma;
es la Inutilidad de la Victoria, lo que anonada;
es que nada vale en el mundo, el dolor del gesto, que se esboza para
lograrlo;
todo Esfuerzo, es una prostitución del Ánimo.

Una Sensibilidad Serena, que en el fondo es una Serenidad Estoica, es la
característica de ciertos espíritus, que bajo las apariencias de un serio
pensar, ocultan el más superficial y encantador dilettantismo de Ideas;
¿mediocres ellos?
verdad;
pero siempre extrañamente atractivos y amables;
nada tienen propio, ni su mediocridad;
¿pasiones?
ellos se apresuran a condenarlas, siendo incapaces de sentirlas...
el Imperturbable Equilibrio, de que habla Aristóteles reside todo en ellos;
y, en su estilo límpido, transparente, como de linfas inazoadas...
estilo sin tempestades;
¿qué tempestades pueden caber en el agua de un Acuario, o en la del vaso
de cristal, donde agoniza un ramo de nardos?
escritores sin Genio, me diréis; es Verdad, pero escritores llenos de un
Talento encantador;
y, sin los talentos, ¿qué harían los genios para brillar?
las estrellas, sirven de corte al Sol, y lo ennoblecen...
¡qué triste sería el Sol en un cielo sin estrellas!...
tal el Genio, en una época sin talentos...
faltaría a ambos la gloria de los satélites.

Dar la faz a la Certidumbre, empeñándose en levantar en su nombre un
Sistema de creencias, cualesquiera que ellas sean, pedantería es de ofuscados, o cosa de gente malpensante, ocupada en fabricar pasiones
para el Entendimiento, porque ¿qué otra cosa es un Sistema
filosófico, sino una cárcel para las Ideas?
toda Ortodoxia, aun la de la Libertad, es un Despotismo;
toda limitación de espacio, es un aminoramiento de Libertad;
sólo la Duda es libre;
dudar, no es un Sistema, dudar es un Instinto; y por ende es un Deber...
el único Deber del Pensamiento, frente a la Dictadura del Misterio.

Los Hombres se hacen tristes, buscando el Misterio de la Vida;
no hallar la Verdad, es un aliciente al interrogante; un ímpetu del vuelo...
las vastas perspectivas son prestigios...
sólo el corazón que muere, es aquel que se ha avecindado a la Verdad...
porque la Verdad se venga revelándose...
y, el que ha visto la Verdad muere de verla;
su rayo calcinó su corazón.

¿No encontráis que a Platón le falta Emoción, a causa sin duda de que le
sobra Subtilidad?...
y, es, porque todos los filósofos griegos, no eran sino Sofistas, o mejor
dicho, retóricos...
y, quien dice Retórico, dice Decadente, en el sentido verdadero de la
palabra, o mejor aún, Disolvente, de las grandes fuerzas y de los grandes
instintos de la Vida;
el Retórico, es el Enervador; la anti-Energía, delicuescente y morbosa,
matando en el corazón del Hombre, todo germen de Fuerza, todo latente
Entusiasmo, extinguiendo en él: el «Heroísmo Trágico»;
¡huid del Enervador!...

¿No fué el Genio de Sócrates, el que asesinó la Tragedia griega?
Sócrates, mató a Dionisios;
la Belleza, murió a manos de la Razón;
la árida Razón, halló ilógica la Belleza, porque era demasiado «musical»;
la Música, no prueba nada...
y, el venerable Padre de los Sofistas, proscribió a Esquilo, que había hecho
hablar los dioses;
¿en nombre de quién?
en nombre de Esopo, que hizo hablar las bestias...
¿por qué?
tal vez porque Esopo, fué el que hizo dialogar mejor a los Sofistas.

Sócrates, fué fatal a la Cultura Helénica, y por consiguiente al Mundo;
él fué la Razón, que no tenía razón de ser, frente al Instinto, que era
toda la Razón de la Cultura Helenica;
él, mató la Belleza, en nombre de la Lógica;
¡qué absurdo!
los griegos, querían la Vida bella; él, la quería moral;
¡y, la Moral aparece ya aquí al lado de Sócrates!... y ¿cómo no, si la Moral
es un Sofisma?
he ahí, por dónde Sócrates, es un predecesor del Cristo, un Predicador de
Mentiras y de Tristezas sobre la Tierra; sembradores de virtudes sin
grandeza, y de vicios sin elegancia;
ambos fueron enemigos brutales de la Belleza, y ambos, ayudaron a destruir
una Civilización, de cuyas ruinas no se consuela el mundo todavía...

Entrar en la Obra de un Pensador, es entrar en su Vida;
un verdadero Pensador, no tiene otra Vida que la de su Pensamiento;
los demás gestos de su Vida, son los de la inexcusable animalidad;
el automatismo de su vida inferior inacabable;
he ahí, por dónde, los seres inferiores, de una animalidad rudimentaria,
no alcanzando a elevarse hasta los gestos mentales del Pensador, se encariñan
en la crítica de sus gestos animales, únicos a los cuales pueden llegar;
y, siendo incapaces de juzgar sus creaciones, se conforman con olfatear sus
deyecciones...
En cualquiera hora de la Vida, que quisiéramos llorar, no tendríamos sino
que volver lOs ojos hacia nuestro corazón...
todos nuestros dolores, relegados allí por un falso Orgullo, que quiere ser
Olvidado, nos piden ha diario el homenaje de las lágrimas;
y, no se lo damos...
y, ellos se vengan, asordándonos con sus gritos, como niños abandonados, y
hacen irrupción en nuestra Vida, haciéndola naufragar...
¡nuestra pobre Vida, que coronamos de rosas queriendo desarmarla!... y
no logramos sino envilecerla...
pero, ella también nos envilece;
¿qué mayor envilecimiento que vivir?...

Hablar de la Moralidad de la Verdad; como lo hace Guyau; ¿no equivale a
hablar de la Veracidad de la Moral?
¿hay, pues, una Moral verdadera?
esas cosas dichas, por los profesores entogados de la Filosofía, que dicen no
tener prejuicios, tienen toda la bufonería de una farsa, sin el encanto de
ella;
los filósofos,, hacen con las Ideas, lo que los jugadores con las cartas; las
ensucian por el vicio de manejarlas y las hacen inservibles;
los sofistas, son los tahúres del Pensamiento.

Yo oigo, que se critica a algunos el Orgullo que tienen de su Saber;
y, no oigo criticar nunca, la Impudencia con que otros ostentan su
Ignorancia;
pero, ¿quién podría criticar esta Impudencia, si los que ostentan la
Ignorancia están ocupados en criticar el Orgullo de los Sabios?

Aquellos que creen en la originalidad de las Ideas, es porque no tienen
ninguna idea de la Originalidad.

¿Qué cosa es la Metafísica?: la Explicación de lo Inexplicable;
¿y,Dios?... la concepción de lo Inconcebible;
¿y, la Religión? la Revelación de lo Irrevelable...
¿y, todo eso junto?
charlatanismo luminoso y pueril;
juegos de Artificio verbales;
vocalizaciones del Enojo...
flores de Pedantería;
vagabundaje mental.

Hay escritores que se leen difícilmente; y ésos se critican muy fácilmente;
hay otros, que se leen, muy fácilmente;
y, esos... no se critican;
¿para qué?...

I , see of men the less I, like them if I could say so of women too all,
would well;
«mientras más veo los hombres, menos los amo;
si pudiera decir lo mismo de las mujeres,
sería lo mejor para mí»;
¿recordáis esa boutade de Byron, en Venecia?
¡vano empeño!
en esos genios, locos de mujeres, suprimir la mujer,
no serían ya genios;
beben la Inspiración en la copa de Lesbos;
y, sí rompéis la copa, ¿dónde beberán la Inspiración?
no podréis suprimir a Venus, sin suprimirlos a ellos;
son un insecto nacido en el pubis de Afrodita.

Cada Poeta, es un fragmento representativo de Humanidad;
por eso, es necesario, que los haya de todas clases y en todas actitudes:
altos y bajos, tristes y alegres, solemnes y triviales, vulgares y aun
groseros, que sean Sófocles o Pratinas, Píndaro o Anacreonte, Arquiloquio
o Lucrecio, el Dante o Metastasio, Hugo o Rabelais...
puede ser una águila en la cima: Esquilo;
un jirón de tiniebla heraclítea: Lucrecio;
una cuba lírica: Horacio;
un zagal enamorado: Terencio;
una oveja melodiosa: Virgilio;
un canario de lenocinio: Ovidio;
o, un cisne entre las piernas de Leda: Musset...
todos son el «alma de la Belleza», cualquiera el canto que entonen, y
dondequiera que residan...
Hégésippe Moreau, en los andrajos de su miseria.
Murger, en el Hospital.
Verlaine, en el arroyo.
Osear Wilde, en la cárcel.
Gerardo de Nerval, en su guardilla.
Edgard Poe, en la taberna...
son la Poesía que pasa...
toda la Belleza del Mundo...
¡descubríos!
ha pasado la Aurora.

Las almas de esencia rara, las almas épicas, se prestan más fácilmente que
otras, a la crítica, ya por el resplandor de su genio, ya por el exceso de
su Valor, ya por la enorme transparencia de su Sinceridad;
su Energía, desbordante y despreciadora, intimida a los débiles, que las
saludan, con grandes gritos de espanto, tal un corral de grajos, a la
aparición de una águila bajo el cielo;
y, los gansos mentales, llenan su estanque plácido de gritos contra aquel
cormorán enorme, que les hace sombra con el abanico rojo de sus alas;
los débiles, llaman Soberbia, la Fuerza exuberante de Mentalidad,
exteriorizada en gestos dominadores y transcendentales;
y, critican a esas almas, porque saben dar un «estilo a su Vida», encauzar
sus corrientes caudalozas, dirigiéndolas tenazmente hacia un porvenir de
strepitosas victorias...
ese Poema de Energía, que es la Vida de un Hombre Superior, exaspera hasta
la epilepsia, la debilidad rumiante de aquellos en quienes toda actitud
fuerte es imposible, y toda orientación sería inútil, porque no tienen nada
que encauzar, ni nada que orientar;
y, ellos bostezan ante la Epopeya Moral del Genio, y no pudiendo vivirla,
la calumnian;
las Grandes Vidas, son un reto contra las suyas, tan pequeñas y tan
miserables...
¿qué hacer contra aquéllas?
¿imitarlas?
no es posible;
denigrarlas;
¡eso es tan fácil!
los grandes falansterios de la Envidia, están abiertos para eso, a todos
los fracasados de la Inteligencia;
allí se refugian los «benedictinos de la Envidia»: los críticos;
sin la crítica; ¿dónde se refugiarían los fracasados?...

El Aburrimiento, no es pasión de almas superiores: es una digestión de
cerdos;
¿cómo podrá aburrirse un Hombre que tiene al alcance de su mano un libro;
que puede contemplar las perspectivas de un bello cuadro; escuchar una
sinfonía musical; admirar el encanto de líneas de una estatua, o mirar una
puesta de sol, cuando la apoteosis del crepúsculo se disuelve en colores
feéricos, cayendo sobre la tierra como una lluvia de oro sobre un altar
derruído?...
¿cómo caer en aburrimiento aquel que tiene las maravillas de su mente, y,
los senderos de su propio corazón, para vagar por ellos y vivir en ellos...
¿Melancolía? sí;
divina y suave Melancolía, la que se escapa de entre las páginas del libro,
de las perpectivas del cuadro, del alma de la Música, de las entrañas
luminosas del Poniente, de la sugestión de nuestras visiones cerebrales,
del abismo tormentoso de nuestro propio corazón...
¿pero Aburrimiento?
¡jamás!...
el Hombre que hace de su Vida una Emoción Estética;
aquel que por el principio de su Individuación, vive en el mundo luminoso
de los fenómenos mentales, que su Imaginación Creatriz produce, en serie
interminable, ya como Creador, ya como Contemplador, ya como Evocador de
la Belleza, y siempre, dentro del goce y el entusiasmo ilimitados de sus
visiones superiores;
el Hombre, que tiene el don esencial de la Estética; es decir la facultad
de Imágenes Interiores, y por consiguiente de la Visión y del Ensueño, o sea,
el Alma Apolínea, ¿cómo puede caer en el Aburrimiento, esa enfermedad de
seres inferiores, bostezo de animalidad, que es como la melancolía de
los vientres?
¿en el Dolor?
sí;
en el Dolor Insondable, en la Tristeza y en la Muerte...
el Apolíneo, haciendo de su Vida un sueño de Belleza, se abraza a él
gritándole: — «Yo te amo, porque eres bello»;
y, en ese abrazo, no ama la Vida, ama la Belleza;
el Amor de la Belleza, explica el Amor de la Vida, pero no lo disculpa;
el Amor de la Vida no lo disculpa nada, porque es el amor del fango;
sólo la Muerte es pura;
como una estrella.

¿Qué cosa en la Vida, no es un objeto de tristezas, si la Vida en Sí,
es tan triste y entenebrece con sus alas todo cuanto toca?...
la Alegría, es el más falso y el más violento gesto del ánimo...
hay almas perpetuamente tristes, como un cielo enervado por la lluvia,
y son bellas y son profundas;
no hay almas perpetuamente alegres; ni la de los niños, que aun no han
sufrido, ¡ay! pero que ya han llorado;
la única Alegría posible está en el fondo del Dolor;
es cuando ebrios de él, nos revolcamos en el estercolero de la Vida,
que tenemos un rayo de tétrica Alegría;
muchas veces, cuando os halláis luchando cuerpo a cuerpo con el Dolor,
la batalla de Jacob en la Noche negra, y lo tenéis casi vencido a vuestros
pies, ¿no sentís la risa del Orgullo que os sube convulsiva a la garganta?
y, si es que el Dolor Vencedor, no os suelta, ¡qué mueca tan espantosa es
vuesra risa!
risa de condenado ante la horca;
pero, reís...
hay una alegría radiosa y mala en nuestra propia Agonía;
una alegría cobarde, que nos viene de la triste victoria, de ver que
el Dolor puede herirnos, pero no puede matamos;
alegría insolente del esclavo a quien perdonan la Vida...
esa risa, es toda la amargura del Vencido, puesta en la comisura de
los labios.
Satán, precipitado del cielo, debió reír así;
y, de esa risa, nació el Sol...

En luchar solos, desamparados, como un buque vencido en la Noche, hay un
fúnebre esprendor...
es la lucha sin halagos, sin gloria, sin testigos...
la estrella taciturna del Orgullo, os envía rayos perdidos; una sarcástica
Misericordia...
¿quién ve, quién oye, quién sabe, las luchas desesperadas, las victorias
y las derrotas de vuestro propio corazón?
actor y espectador único en el drama íntimo y silencioso de su propia
conciencia, el Hombre lucha en las tinieblas sin un sol comprensivo y
cariñoso que ilumine sus gestos desesperados en lucha con el Destino...
sentirnos solos en el Dolor.
eso exalta hasta el delirio la embriaguez de la Soledad;
y, en el seno de ella;
lloramos;
y, nos amamos;
y, nos admiramos;
en plenitud.

¿El Hombre, es pues, una Cariátide de pura ornamentación arquitectural,
embelleciendo y sosteniendo el sombrío Pórtico de la Vida?
¿es la figura central, el Arcángel fundamental, sosteniendo con sus alas,
la cúpula de un templo consagrado a un Dios, en el cual creían sus
antecesores, y él ya no cree?...
¿sin el aliento de la Fe, persiste en sostener esa cúpula, por no perecer
bajo las ruinas que lo envolverían a un solo plegamiento de sus alas?
y ¿no sabría volar sobre los escombros?
¡ah! miserable Arcángel de la Mentira;
¡pájaro prisionero de la Sombra!...
tú, no tienes alas;
el Miedo las cortó...
sufre tu peso; cariátide sin gloria...
el huracán de los siglos te aventará un día lejos, con tu templo, tus alas,
y tu Dios...

Hay hombres, que no han tenido en la Vida, otro honor que haber traficado
siempre con él;
no han sido nunca hombres honrados, y por eso, han sido siempre, honrados
por los hombres;
y, es a causa de no haber tenido nunca Honor, que han tenido todos los
honores;
y, eso es muy consolador para un Hombre honrado, porque adquiere la
certidumbre, de que no será confundido con aquéllos y no será honrado jamás...
y, en presencia de aquellos a quienes el mundo honra, siente un gran placer,
en despreciar la honra del mundo.

Ningún Hombre, ha vendido nunca su Honor; porque aquel que está dispuesto
a venderlo, es porque no es ya un Hombre de Honor;
y, el que cree comprar el Honor de un Hombre, no hace sino renunciar
miserablemente al suyo;
ni el que vende, ni el que compra Honor, lo han tenido jamás.

Las ambiciones nobles, no hacen sino gestos nobles;
las ambiciones bastardas, hacen todos los gestos, aun aquellos que parecen
nobles;
porque un ambicioso sin Virtud, es capaz de todo; hasta de ser virtuoso;
lo cual no es difícil, porque lo que se llama Virtud, no es sino una forma
baja de la Ambición;
¡tan baja, que ya nadie la ambiciona, ni aun aquellos que son virtuosos!

¿No os ha sucedido que en presencia de ciertos triunfos literarios, habéis
sentido la necesidad de ocultar vuestro talento, temerosos de que se os
crea un literato?

Yo no sé lo que sea la Prosperidad;
pero, sí sé, que para una Ambición Ilimitada, como debe ser toda Ambición,
la Prosperidad no existe; porque la Prosperidad supone límites a la Ambición;
y, la Ambición, como el Infinito, no tienen límites;
y, si tienen Límites, no son ya la Ambición, ni el Infinito.

El Valor, triunfa siempre, donde la Razón fracasa;
y, eso, porque la Razón ve el peligro, y el Valor lo ignora;
e, ignorar el peligro, es casi siempre, la mejor manera de vencerlo;
y, de esos triunfos írritos, está llena nuestra Vida;
de haber vencido peligros que ignorábamos.

Cuando veáis a un Hombre, muy contento de su suerte, no averigüéis más;
ese Hombre, es un Filósofo, o un tonto...
y, no os digo un Filósofo tonto, para que no me critiquéis por el pleonasmo.

La Prosperidad de los malos, no existe nunca sin la Complicidad de
los buenos;
pero queda por averiguar, si son buenos aquellos que hacen la Prosperidad
de los malos; o si es que pasan por malos, aquellos que tienen Prosperidad;
porque como sucede, que los buenos son casi siempre, aquellos que por
incapacidad no pueden ser malos, terminan por declarar malo, todo lo que es
Capacidad;
de ahí, que ese viejo litigio, quede en suspenso hasta que los Hombres,
lleguen a saber algún día, lo que son: el Bien y el Mal, y dónde principian
las fronteras de ese nuevo Reino de Beocia.

La Adulación, es un vino muy ligero, que no puede desvanecer, sino la cabeza
de los débiles;
para un Hombre Superior, no existe la Adulación, porque todo Elogio está
por debajo de su Orgullo.

Mostrar demasiado la riqueza espiritual de nuestros Jardines Interiores,
puede hacernos mal, porque despierta en torno de ellos, las envidias
desesperadas que toda riqueza inspira;
pero, envolvemos en el Silencio Absoluto, nos sería mortal, porque el perfume
de tantas flores mentales, abiertas dentro de nosotros mismos, llegarían
a ahogarnos y moriríamos envenenados por nuestras propias riquezas;
he ahí, por dónde, todo Genio es comunicativo:
por Higiene Mental.

Es una cosa bien triste de esa Apariencia que llamamos la Verdad, el no
poder verla, sino a condición de estar fuera de ella;
y, es sólo saliendo de la Verdad, que podemos mirar la Verdad;
dentro de ella, nos sería imposible, como un niño dentro del vientre materno
no podría ver el rostro de su madre;
es desde las lejanías de ese bello país que llamamos el Error, que podemos
contemplar las quiméricas fronteras, de ese país de la Ilusión, que se
llama: la Verdad;
y, tan pronto como entramos en la Verdad, ya no vemos la Verdad;
se dirá que ése es un círculo vicioso;
lo cual prueba una vez más, que en el Hombre todo es vicioso, hasta el
Razonamiento, y que ni aun entrando en el Imperio de la Razón, logra salir
del Imperio del Vicio;
y, que la Razón Pura, de Kant, no es más que el Vicio Puro, que aspira a la
Razón;
¿fué Kant un Impostor?
lo menos del mundo;
la Impostura fué la Razón, que engañó a Kant, mostrándosele bajo las
facciones de la Verdad;
¡de la Verdad, que es también una Impostura!...
porque el Hombre, no saldrá del Imperio de la Impostura, sino el día que
salga del Imperio de la Vida.

La Razón, sirve para iluminar todos los Instintos, pero no sirve para
destruir ninguno;
felizmente, porque los Instintos, son la fuente del Placer;
y, sin esa fuente misteriosa que riega los prados de nuestra animalidad,
¿qué sería la Vida del Hombre?
el día que la Razón, destruyera el Instinto, no le quedaría al Hombre otro
recurso que renunciar a la Razón;
la Locura sería preferible a la Virtud;
suponiendo que la Virtud, no fuera siempre la peor de las locuras.

La lectura asidua de los Filósofos, llega a disgustamos de toda Filosofía,
como el contacto con la gente virtuosa, llega a hacemos insoportable la
Virtud;
y, eso, porque la Mentira y el Vicio, no dejan de ser amables, sino en
aquellos que los deshonran a fuerza de exagerarlos.

Yo compadezco mucho a los hombres parcos de entusiasmo;
ellos están privados de la más noble pasión, de aquella que proporciona
los más altos goces al Espíritu, porque es la única que tiene fuerza
bastante para levantarnos un momento por sobre la fangosa tristeza
de la Vida;
el Entusiasmo, es la única pasión que tiene alas y nos las presta;
bien es cierto, que ella no escoge para dárselas, sino a aquellos que
son dignos de volar.

Nunca somos demasiado injustos con nuestros enemigos;
la única Injusticia que podríamos cometer con ellos, sería olvidarlos;
pero ellos se apresuran a redimirse de esa Injusticia, protestando
contra ella;
y, haciéndose presentes por sus diatribas, prefieren la Justicia de nuestro
Desprecio, a la Injusticia de nuestro Olvido;
y, escogen lo que merecen.

Es muy raro que lleguemos a amar a alguien por sus virtudes, porque la
Hipocresía es siempre algo repugnante, que impide a todo amor ampararse
en ella;
podemos amar a alguien a pesar de sus virtudes;
pero sólo porque sabemos, que ellas son la forma amable de sus vicios
por eso amamos a las mujeres por su Pureza, a los hombres por su Honradez,
y a todos por su Virtud;
sin la mascara de la Virtud, la Vida sería insoportable de monotonía,
como un Carnaval sin caretas;
suprimid la Virtud, y habréis quitado a la Farsa de la Vida, su único
encanto: lo grotesco.

Pascal, habría sido el más grande de los solitarios, si los vicios
solitarios no hubiesen sido más grandes que él...
¿fué pensando en su castidad incompleta, o en la dolorosa castidad del
Eremita, que escribió su terrible Anatema contra la Castidad: «qui veut faire
L'ange, fait la bête?...»;
¡pobre Arcángel de la Teología, hecho por eso un cerdo de la piara de Onán!
¡qué bien definió la Castidad, con un gemido de bestia!

Es leuchet mir ein: «yo veo una luz» es el grito que sale del fondo de toda
alma joven, que ve claramente su Destino...
esa luz es el Misterio del Tiempo, revelado en un momento de Fortaleza;
¡ay! de aquel que pierde de vista los rayos de esa luz;
habrá perdido la Orientación de su Vida;
y, ya no la hallará más;
será un Vencido.

No comments: