El más glorioso y más lamentable ejemplo del naufragio inevitable, de los
Genios Enciclopédicos, ha sido el de aquel luminoso, portentoso, y
tormentoso: Leonardo de Vinci;
tal vez un ejemplar más completo de Hombre, y una más radiosa flor de
Humanidad, no han aparecido jamás bajo la mirada cariñosa del Sol,
estupefacto de ver tanta grandeza;
genio múltiple y sonoro, como los rayos de una Tempestad;
río enorme, de cosas sabias y profundas, corriendo por entre una selva
obscura de revelaciones;
cada una de las facetas de ese astro, sería bastante para hacer un Sol;
y, cada uno de los afluentes de ese río, sería bastante caudaloso para
formar un mar;
¿por qué ni hizo un firmamento de su Genio, ni hizo profunda su Ciencia
como un Océano?
por su Enciclopedismo;
la funesta manía, que hace la Esterilidad y el fracaso de ciertos Genios:
complejo y estupefaciente, su Esterilidad se me aparece en razón directa de
su Enormidad.
Ingeniero; ¿dónde están sus construcciones?...
calculador de la Aviación, ¿dónde están sus dirigibles?
escritor de balística, ¿quién lo toma hoy en cuenta?
inventor de cañones, hoy sonreiría ante su Ciencia, el último fundidor
de Krupp;
constructor de Fortalezas, ¿cuáles han subsistido? ¿dónde están?...
ni el polvo de una ruina atestigua su existencia;
modelador de estatuas, ¿cuál nos deja? el peso de la mediocridad aplastó
el esfuerzo estéril de sus manos;
¿dónde, pues, la raíz y la fuerza y el esplendor de su Genio?
en la Pintura;
es el autor de la «Cena» y el de «Mona Lisas» el que entra en la Inmortalidad
por todas las condiciones que hacen excelso su Arte: la delicadeza, unida a
la Fuerza, la Sugestión y el Ensueño y aquel enorme soplo de Verismo,
encadenado por las manos suaves de la más deliciosa Idealidad;
¿se me hablará de otros cuadros?
nadie moriría sobre la fe de su autenticidad;
¿la «Anunciación»? figura entre los suyos, pero es obra del Verrocchio,
que fué su Maestro;
¿la «Virgen de las Rocas»? pintado bajo su dirección, pero obra de Ambrogio
de Predio, su discípulo;
la «Bella Ferroniere», de dudosa autenticidad; tanto, que ni el Vasari,
quiere catalogarla entre las suyas;
pero, ¿tiene necesidad de disputar cuadro algimo a las riquezas de ninguna
pictórica, ni a las contingencias precarias del tiempo, aquel Artista Único,
que inmortalizó el alma hipotética de la Mujer, en las facciones de la
«Gioconda»?
¿y, grabó todo el Enigma, en aquellos labios de Silencio Pérfido?
¡qué cuadro!
¡qué armonía del paisaje psíquico y el medio pictorico!
aquel horizonte de aguas y de nubes, movible como el alma femenina;
aquellas montañas caóticas y volcánicas, como un cerebro de mujer en celo;
y, la figura central de «Mona Lisa» emergiendo del cuadro, llena de tinieblas
interiores, tinieblas engañosas de placidez, como toda profundidad; ideal y
sensual, soñadora y turbadora, el más extraño y enigmático rostro humano,
que haya surgido del cerebro de un Hombre, a la caricia de un pincel;
y, aquellas manos largas, diáfanas, de un blanco azuloso de linos, sin
venazones aparentes, cual si no sangre, sino un licor de Inmortalidad
circulara por ellas; cruzadas, no sobre el pecho, como los santos extáticos
de Palma o Ghirlandaio, sino sobre el vientre como si acariciara en él, su
propia Lujuria, aprisionándola;
el seno combado, y el cuello de una gracilidad azucénica, formando entre
los dos una armonía de ánfora;
qué rayo de Pureza, y que tiniebla de Voluptuosidad, qué misticismo de
Ensueño, y qué hálito de calmado Deseo bestial, en el terciopelo felino de
los ojos abismales, y, sin embargo, serenos...lagos de oro, que el Sol
del Misterio baña de irradiaciones indescifrables!
y, los labios sinuosos, como una serpiente en marcha, y sobre ellos la flor
pálida de esa Sonrisa que es como el Salterio del Enigma.
¿el retrato de una mujer?
no;
el Alma, de la Mujer, prisionera en un retrato;
haber aprisionado el Alma de la Mujer, bajo su garra de león, y habérnosla
revelado: he ahí la Gloria de Vinci;
y, ésa, su Inmortalidad es;
cuando se ha producido una Obra así, se tiene el derecho de pedir el Olvido
para las otras;
las obras disminuyen la Obra;
¿qué importan a Vinci sus otros cuadros?
al Hombre que hubiese hecho el Sol, ¿qué le importaría haber creado las estrellas?...
Cuando Bergson, dice: «la tendencia a individualizarse es combatida por
todas partes por la tendencia a subsistir», plantea, aun sin pretenderlo,
los términos imperiosos del conflicto entre la Especie y el Individuo que
ha sido la palpitación del Drama Social, en el corazón de todos los siglos...
el conflicto de la Hora actual;
la Especie, es decir, la Sociedad, tendiendo a destruir el Individuo,
devorándolo o eliminándolo...
los débiles, pereciendo; alimento al gran Vientre Social;
los fuertes, resistiendo;
máquinas de Rebelión;
unos, contra Todo.
Sociedad y Rebelión.
Estado y Anarquía;
la Eterna Lucha...
¡Roma y Espartaco!
¡el Mundo antiguo y Jesús!...
¿quién vencerá?
¿qué importó ayer, qué importará mañana, esta lucha estéril,
al Tiempo y al Espacio?
¿qué queda de Roma Cesárea?
un montón de ruinas;
¿y de Espartaco?... un Nombre...
¿del Paganismo? un puñado de polvo;
¿de Jesús? una fábula prendida como un harapo a un madero sín prestigio...
fantasmas desaparecidos, apenas recordados por otros fantasmas, prontos
a desaparecer...
caprichos de las nubes sobre un lago;
sombras sobre la Sombra de la Vida.
Eso de hablar de las «ruinas de la Estética», como lo hacen algunos, no pasa
de ser un juego de palabras, con el cual, se ha querido hablar, sin duda,
de la ruina de los «Sistemas Estéticos», puestos en boga por todos los
estetógrafos, desde Platón, a Brandés y de Kralik hasta Guyau;
¿que Baumgarten y Kant, Fichte y Hégel, Winckelmann y Lessing, Hégel y
Ruskin, hayan fracasado en sus pretensiones de alzar Sistemas Estéticos y
barricadas de Doctrinas en torno a la Belleza y al Arte, no significa nunca
que el Arte y la Belleza, es decir, la Estética, haya sido vencida con esas
derrotas, ni muerta al lado de esos sectarios;
la Estética, ha quedado pura del humo de esas batallas, lidiadas bajo sus
muros, como el Sol no ha tenido nunca que sufrir de las batallas que la
barbarie de los hombres ha lidiado bajo la égida de sus rayos;
el Arte, es Inmortal;
y, el Sectarismo estrecho de los Hombres puede discutirlo, pero no matarlo.
Los fracasados, no perdonan a los que triunfan, porque les hacen sombra.
y, no perdonan a los que fracasan, porque les hacen competencia;
huíd de los fracasados, no por su Odio, que nada puede, sino por su
admiración, que es un fracaso;
y, eso porque el fracaso es un contagio y el Ridículo es el peor de los
fracasos;
exasperad el Odio de los fracasados;
eso os asegura el no fracasar jamás.
Hay ocasiones, en que para huir, se necesita de un gran Valor, y para vencer,
es necesaria una gran Cobardía;
y, eso, refiérese a los combates del Amor, en los cuales, huir es salvarse,
y vencer es ser vencido.
A los Hombres de Fortuna, se les perdona fácilmente no tener Talento;
y, a los Hombres de Talento, no se les perdona el no tener Fortuna;
y, eso, porque siendo la Fortuna una casualidad, y el Talento un Mérito,
la mayoría de los hombres espera en esa Casualidad y no pueden aspirar a ese
Mérito;
de ahí que a sus ojos, la Fortuna lo explica todo; y el Talento no disculpa
nada.
Las mujeres y los Poetas, no tienen amigos, ni enemigos;
no admiten sino Admiradores o Rivales...
En sociedad, hablamos siempre de la Virtud, por miedo a que llegue a hablarse
de nuestros vicios;
y, porque aplaudir la Virtud, nos da cierto aire de poseerla;
y, parecer virtuoso, nos priva del fastidio de serlo.
La diferencia entre la Razón y la Pasión, está, en que la Razón conoce sus
Errores y no puede destruirlos;
y, la Pasión los ignora, y por eso los destruye.
una pequeña Pasión, basta para hacemos ciegos;
y, mil pequeñas virtudes, no alcanzan a iluminamos.
Son más, las veces que quisiéramos no pensar, que aquellas en que deseáramos
hacerlo, porque casi siempre, el Recuerdo es un tormento, y nunca tiene
el encanto de aquel suave lenitivo que llamamos: el Olvido.
Hay tanta nobleza, en la actitud de ciertas mujeres, que tememos insultarlas
con nuestros deseos;
y, hay tantos deseos, en la actitud de otras, que tememos ofenderlas con
nuestra nobleza;
y, eso, porque la Mujer ama el Respeto, a condición que éste no mate el deseo;
y, en Amor, el Respeto exagerado, se confunde fácilmente con el Desprecio.
Nos es siempre más sensible, el fracaso de un Ensueño, que el fracaso de una
Realidad;
y, eso, porque las Realidades son siempre dolorosas, y en nuestros Ensueños,
ponemos todo el encanto de la Ilusión, y a veces toda la Ilusión de nuestra
vida;
Casi nunca, un Gran Sabio, es un Gran Genio, porque el Sabio tiene límites,
y el Genio no;
el Sabio, sabe; y el Genio, crea;
el Sabio, se ha enriquecido con el Pensamiento de los otros;
y, el Genio, enriquece a los otros, con su propio Pensamiento.
Con un oído atento hacia el Pasado, escuchamos la voz de los Oráculos;
y, con el otro atento al Porvenir, creemos escuchar la voz de los Enigmas;
y, así llegamos a la tumba, sin que los unos nos hayan dicho la Verdad,
ni los otros nos hayan revelado sus secretos;
y, vamos a reposarnos en el seno de la Muerte, donde los Oráculos y
los Enigmas hacen reír el rostro de los muertos.
Dos sentimientos se disputan por igual, el Imperio de nuestro corazón en la
edad madura: la vergüenza de haber adorado algo; y la tristeza de no adorar
ya nada;
Nuestra Vida es hecha de bajezas, es decir, de adoraciones;
y, así, cuando ya hemos quemado todos los Ídolos, y de sus cenizas no
queremos saber nada, llegamos a la cima de la Adoración, y nos adoramos
a nosotros mismos;
y, ¿qué adoramos en nosotros?
el fantasma de todas nuestras adoraciones.
Dios, se nos aparece como perfecto, porque le damos todas nuestras
perfecciones, es decir, todas nuestra miserias;
si él existiese realmente, ¿qué pensaría, al verse adornado así, con todos
nuestros harapos?
tal vez nos los devolvería, en un vestido de Absoluta Misericordia;
a veces, es una tristeza que Dios no exista;
su existencia, iluminaría acaso la nuestra, de un resplandor de felicidad...;
el Bien y el Mal, no coexistirían entonces en la Vida.
Dios, ¿sería el Bien?
Dios, ¿sería el Mal?
pero;
¿qué cosa es el Bien?
¿qué cosa es el Mal?
¡palabras sin sentido, como Dios!...
Hay pocos seres en la Vida, que merezcan nuestro Amor Absoluto;
pero, hay menos aún, que merezcan nuestro Odio;
el Amor Absoluto, no se da siempre; pero el Odio,si no es Absoluto,no se da;
nosotros, podemos descender hasta el Amor de otro; pero, en Odio,
es necesario que los otros asciendan hasta él;
el Odio, es una pasión muy alta, mil veces más alta que el Amor;está más
allá de las cimas de la Adoración;
el Odio, es una Pasión ardiente y solitaria,como el Sol;
tal vez, no hay sino uno, en una Vida, y llena todos sus horizontes...
y, al declinar esa Vida, fatigada de Amores, no se encuentra, inmóvil,
en las cimas de su soledad,sino el cadáver petrificado de una águila: el Odio;
¿a quién?
tal vez al Único ser a quien hubiéramos amado;
tal vez el Único que amamos;
porque el Odio es el Amor, no ciego, sino cegado por un deslumbramiento;
el Odio, es el Amor Maldito.
Dios, odió a Satán...
y, al proscribirlo del Cielo, proscribió su corazón...
todo el corazón del Odio, palpita en este drama de la Mitología Celeste;
porque sólo el corazón de un Dios, sería capaz de contener todo el Odio sin
romperse...
sólo por el Odio puede concebirse a Dios...
El Valor Brutal, oculta la Visión de la Muerte;
el Heroísmo, la embellece sin ocultarla;
el bruto valeroso, cae en la Muerte, como en una emboscada;
el Héroe, va a ella, como a una Victoria;
nada hay menos heroico que el Valor Brutal;
y, la cima del Valor, es ser Heroico;
el Valor Brutal, es un ímpetu;
el Heroísmo, es una Reflexión;
por eso, el Heroísmo, es una Virtud;
el Valor Brutal, es un Instinto;
el Hombre, es Heroico;
el bruto, es valeroso...
no comparéis a Catón, con un tigre del desierto.
Toda la vida de un espectáculo, está en los ojos del espectador;
toda la Belleza de una Obra, está en la Belleza interior de aquel que
la contempla;
toda sugestión de Arte, es una auto-sugestión de nuestro sentido artístico;
cada quien, tiene, el Arte de su propio temperamento;
y, ama el Arte con él;
y, lo siente según él;
pero hay Obras, que comunican el Entusiasmo, aun a los inertes;
y, dan el contagio del Horror y de la admiración a un corazón de mármol...
de todas las sensaciones de la Vida, inclusive la del Amor, ninguna es
comparable al divino estremecimiento que os produce la contemplación de una
Obra Maestra;
¿cómo las Artes plásticas, las Artes inertes, pueden hablar con voces mudas
a nuestro corazón, y ejercer sobre él, sugestiones tan extrañas?
que la Música os venza, os arrebate, os haga suyos y prisioneros de ella,
sintáis vuestro corazón diluirse en sonidos y en lágrimas...
que la Elocuencia os cautive, y deslumhrados, sigáis tras su estruendosa
trayectoria, como prendidos a la cauda de un cometa...
se concibe: son artes expresivas...
pero, que la piedra muda y sin entrañas, conmueva las vuestras, y os diga
cosas desconocidas, hasta haceros sollozar...
que, la Victoria de Samotracia, con sus alas abiertas bajo el azul sereno,
despierte todos los heroísmos ancestrales de vuestro corazón, hecho enorme,
como si fuese el de otro Leónidas, y grandes golpes bélicos sintáis, venidos
de esas alas inmóviles, y clarines guerreros os asorden, como tocados por
esos labios de piedra...
¡cómo el esplendor impoluto del mármol, radioso en su prístina densidad;
cómo el ritmo suave o violento de las líneas, que corren por la materia
soberana como un estremecimiento de alma; cómo las proporciones, que se
dirían sinfónicas — tal es la euritmia que guardan entre sí—; cómo la Obra,
divinizada en su tipo supremo de Belleza, se apodera de todas las fuentes
sensitivas y emotivas de la Vida y os posee, os sojuzga, os absorbe y os suma
en sí, con tal poder de compenetración, que para dejar de admirar y dejar de
sufrir, sería preciso perecer!
cuando os halláis frente al grupo de Laocoon, en el Museo Vaticano,
¿no sentís la sensación del Horror, subiros en ondas mudas hasta el corazón,
y la angustia oprimiros la garganta, hasta llegar a sentir la impresión fría
y bascosa, de ser estrangulados por las mismas víperas de piedra, que trituran
al sumo sacerdote y a sus hijos?...
y, oís, oís el ronco gemir que parece escaparse de aquellos labios
entreabiertos...
y, abandonado el grupo trágico, tardáis en serenaros;
tan poderosa es así la sugestión de la piedra...
¿sois susceptibles al encanto de la grandeza profética?
¿amáis el caporalato mental y los grandes conductores del Rebaño Humano?
contemplad con mirada serena, si es posible, esa alta figura de Profeta,
que es el Moisés, de Miguel Ángel;
toda la Belleza Bestial y Magnífica, de un Pastor de Hombres, está allí;
viendo esa barba de río y esa frente de cabro, y esos ojos de dios,
¿no creéis ver salir por esos labios imperiosos, con un rumor de tempestad,
toda las filacterias del Deuteronomio, y brillar en esos ojos sin pupilas,
los rayos inmisericordes del Sinaí?...
en esos ojos vela el incendio, y en esos labios duerme el trueno;
¿amáis la Belleza que reside en las subtiles curvas de la Vida, en esa
ánfora de penumbras y de llamas, de sensualidades espiritualizadas, en ese
divino paisaje hecho de perla y sol, que se llama el cuerpo de una Mujer?
os hago gracia de la Venus de Milo, que en su desnudo camarín del Louvre,
despierta la satiriasis de los yankees contemplativos, y parece con sus ojos
ausentes llorar sus brazos perdidos, porque quisiera estrangular con ellos,
a los que así la contemplan, con ojos de cerdo amante;
la de Gnido, la silencio;
¿la de Médicis? también;
¿pero, la de Cánovas? ¿cómo silenciar, esa alta e inefable flor del mármol,
en que Cánovas evocó e hizo palpitar desnuda, la Belleza radiosa de Paulina
Bonaparte?
tal esplendor de Belleza, os ciega; y os hace como abstemios de Deseos;
comprendéis el ascetismo del Arte;
el fakirismo estético entra en vosotros;
y, aspiráis a disolveros en la Belleza, como en un río de Eternidad...
el mármol, os ha hecho dioses.
Todo, en un Espíritu Superior, debe tener un nivel muy alto: todo, hasta el
Desprecio;
debajo de nuestro Desprecio, debe haber mucha gente: pero, entonces,
principia para nosotros un nuevo deber: el de ignorarla;
ciertos grados de bajeza, imponen límites a todo: hasta al Castigo;
podemos herir a nuestros adversarios, mientras están a la altura de
nuestras manos;
podemos castigar a nuestros enemigos, cuando llegan siquiera a la altura
de nuestros pies;
más abajo, no;
más abajo, está ya: la Impunidad.
Sólo los hombres que se olvidan de la Muerte, hacen grandes cosas en la Vida;
porque es pensando en lo inevitable del Morir, que se nos revela lo estéril
del Vivir;
¿quién, que tiene la certidumbre de ser vencido, ensaya dar un paso en
la batalla?
No basta amar la Gloria, es preciso merecerla;
es a causa de esta Indignidad, que muchos vencedores, fracasaron en pleno
Triunfo;
la Victoria, no es la Gloria.
El verdadero Amo de Hombres, no mata sus vicios, sino que los educa;
y, una vez dominados los suyos, puede ya dominar los de los otros;
porque;
¿qué otra cosa es un Dominador de Hombres, sino un Explotador de vicios
Humanos?
toda Tiranía, es un lenocinio.
El secreto del verdadero Solitario, es no estar nunca solo en su Soledad,
aun cuando no haya nadie en torno de él;
y, permanecer absolutamente solo en Sociedad, cuando hay todo un mundo
en torno a él;
y, eso, porque su Imperio Espiritual, sólo está abierto al halago y al poder
de sus creaciones.
¿Queréis, no pasar por Decadente, en el sentido que el rencor de la
Ignorancia da a esa palabra?
no os preocupéis siquiera de estudiar la significación de ella, ni lo que
en la Literatura del momento, decir pudiera;
ignorarla es la ciencia de todos los que la aplican;
ése, es el maxnordismo de los monos;
hablad contra los decadentes, englobando en el ulraje de esa palabra, a todos
los hombres de Genio de vuestra época;
eso os hará pasar por hombre de talento, ante aquellos que no tienen ninguno,
y os darán patente de cultura, aquellos que más la necesitan;
siendo enemigos de los hombres de Genio, se os puede conceder alguno;
en esa legión de vencidos, que la Envidia recluta en los bajos fondos del
literaturaje impotente, si queréis ser algo, denigrad de los que son alguien;
entre aquéllos, insultar la Gloria es la sola manera de ser glorioso...
insultadla;
en ese estadio de fámulos, denigrar los Triunfadores, es el único triunfo
posible;
triunfad;
llamadlos decadentes;
así seréis un enemigo de todo Genio;
es decir: un Decaído.
Yo he visto, hombres, apaleados por su mujer, que hacen ostentación de amar
a su mujer;
y, he visto, hombres, atropellados por la Vida, que hacen ostentación de
amar la Vida;
ambos tienen lo que merecen;
en amar a una mujer, que es cruel, puede haber la disculpa de la Sexualidad;
pero, para amar la vida, que es hostil; ¿será bastante disculpa la Debilidad?
¿qué forma de decoro posible, subsiste en este loco amor?...
¿no habéis visto los cerdos, felices en la piara, orgullosos del fango que
los cubre, sobre cuya capa nauseabunda, hace el sol, resplandores de librea?
¿no recordáis el esclavo de que habla Apuleyo, que puesto en libertad,
no quiso abandonar su ergástula, y prefirió ser devorado en ella por las
ratas, antes que dejar el encanto de su cadena?
así la Naturaleza para no despoblar su piara, dió a la mayoría de los
Hombres, los instintos del cerdo, y los de aquel esclavo;
¿por qué extrañar que esas dos miserias reunidas den ese producto, netamente
humano: un Hombre que ama la Vida?
Yo he leído últimamente, autores lombrosianos, que prediciendo el triunfo
absoluto de la Democracia, anuncian en su nombre, la futura extinción del
Genio;
desde luego, ellos son demócratas;
y, por su predicción, se ve claramente, que no están amenazados de esa
extinción;
pero, sonriendo de estos extraños aduladores de la Plebe mental, pienso
que su Profecía, es semejante a la de un Astrónomo, que en nombre de la
multiplicación de las estrellas, predijera la próxima extinción del Sol;
siempre habrá firmamento, y en el firmamento habrá astros;
y, sobre ellos, el Sol;
siempre habrá Intelectualidad, y en ella se centuplicarán los talentos,
y brillarán los talentos;
y, sobre ellos:
el Genio...
el Genio no morirá;
he ahí lo que engendra la raza vindicativa de esos Profetas, que eclipsados
y vencidos por el Genio, se conforman con anunciar su muerte;
y, gozan, como si realmente se la dieran;
verdugos por sugestión.
Este vivir mal y en la zozobra, ¿a qué ha de conducimos, sino a morir mal y
en el Miedo?;
esto de no contar la Vida entre las cosas serviles, causa es de que caigamos
bajo su Servidumbre, y la amemos hasta temer dejarla;
si talmente adoramos la cadena, ¿cómo no temblar ante la idea de que algo
nos la rompa?
y, he ahí cómo la Vida, de aquel que ama la Vida, es un temblor continuo;
tiembla de vivir;
y, tiembla de morir;
y, no deja de temblar sino para caer bajo el golpe del hacha que lo hipnotiza;
¡triste vivir el de aquel que ama el vivir!;
porque eso es, morir todas las horas.
¿Qué pueden contra él, los enemigos de un Genio, mientras no le roben el
Genio?;
todos tienen necesidad de otros para combatir;
el Genio, no;
he ahí el único Conquistador que no necesita soldados para vencer;
combate solo y vence solo;
y, todos, aun aquellos que lo niegan, son esclavos de su Victoria.
Esto de vivir en Soledad, nos aleja del comercio de los necios;
pero ¡ay! no logra libramos de las necedades del comercio;
¿dónde huir de las tarjetas postales, los álbumes, los gramófonos y
los reporteros?;
ellos atacarán vuestra Soledad, y no pudiendo violarla, terminarán por
calumniarla...
y, huyendo hacia el desierto, terminaréis por veros reproducidos en un
Cinematógrafo: como Tolstoï...
Muchas gentes, llegan hasta la Soledad de un Genio, seguras de encontrar
simplemente un Genio;
eso, las divierte;
pero, si sucede, que en el Genio, encuentran además un Hombre Honrado...;
eso, no las divierte;
ser un Genio, es ya una cosa Intolerable;
¿pero, ser un Genio Honrado?...
eso es dos veces: Abominable;
he ahí por qué, un Genio, que no es un charlatán, debe alzar otra soledad
por sobre su soledad y refugiarse en ella con su Honradez, lejos de todo
vestigio de la Admiración.
En la primera parte de nuestra vida, seducimos a las mujeres;
en la segunda época, las corrompemos;
y, es sin duda a causa de eso, que en la tarde de la Vida, se inspiran las
más violentas pasiones...
porque lo que se quiere agotar en nosotros, no es ya nuestro Amor, que vale
poco, sino nuestra experiencia, que vale mucho;
es la hora de las Insatisfechas.
El que tiene una querida le paga el lujo;
y, el que va a una casa de citas, se paga un lujo;
y, se da el caso, de que en la casa de citas, se pueda darse el lujo, de
tener aquellas, a quienes otros pagan el lujo;
resueltamente, en un solterón de edad, esta cuestión del Amor, es una
cuestión de lujo;
y, a veces, no es sino eso: un lujo.
En la juventud, nos desvivimos por interesar a las mujeres;
y, en la edad madura, las quisiéramos menos interesadas;...
pero, no es posible.
Todas las ironías son posibles contra el Matrimonio; menos contra el
Matrimonio por Amor;
y, eso, porque hacer chistes contra la Locura, no es ya Ironía, es una
Impiedad;
Casi siempre, hacer una visita, es una preferencia de nuestro Aburrimiento;
fatigados de aburrimos, vamos a que otros nos aburran;
y , terminamos por aburrirlos a ellos;
porque el Verbo Aburrir, es un Verbo Social;
la Sociedad, no sería sino la conjugación del Verbo: aburrir, si para
divertirse, no hubiera inventado la Conjugación del verbo, murmurar;
eso, no es más divertido;
pero, es más humano;
y, hay un gran encanto en ver la ferocidad de las mujeres, exasperada hasta
el orgasmo, devorar con lentitudes felinas, la reputación de las otras...
los antiguos, tenían el Circo;
los modernos, tienen los salones;
y, éstos, son más discretos...
todo se ha refinado, hasta la Crueldad;
pero, ¿no es verdad que hoy las fieras son más bellas?
y, tal vez más inteligentes;
tal vez...
Hay gente, que acumula veneno en un Salón, y va a inocularlo en otro;
y, no se apercibe, que ese veneno, lo ha extraído del Desprecio que ha
inspirado en ambos salones;
el Hombre, es la única víbora que tiene los cascabeles en la lengua.
El Hombre, es siempre injusto con la Mujer que ha dejado de amarlo;
le perdona todo el tiempo de comicidad en que le ha profesado, o le ha
fingido el Amor;
y, no le perdona el momento de Sinceiidad, en que por primera vez, le revela
su corazón, haciéndole comprender que ya no lo ama...
he ahí, el momento en que el Hombre debería caer de rodillas ante esa alma,
que se revela y lo liberta de la Mentira...
pero, el Hombre no quiere ser libertado;
la Mentira, es su atmósfera;
y, por eso ama siempre ser engañado, es decir: ser amado.
A veces, creo que a los millonarios, les faltan muchas cosas y tal vez no les
sobran sino los millones;
una gran fortuna, vista desde adentro, tal vez es algo muy triste;
como todas las victorias;
y, sin embargo: ¿quién no ha deseado esa tristeza?
quizá los millonarios.
Lo propio del Amor, es no ser sino un juego de Amor propio.
Un favor que se os hace como protección, pierde todos los derechos de la
Amistad, y por ende los de la Gratitud;
la Mendicidad, no tiene corazón.
Podemos estimar a una persona sin darle nuestra Amistad;
pero, no podemos retirar a una persona nuestra Amistad, dejándole nuestra
estimación;
a no ser que nos declaremos indignos de poseer esa Amistad.
Con las mujeres, la Urbanidad es poco, la Complacencia es todo;
porque en Admiración, como en Amor, la Mujer no los admite sino Absolutos;
de ahí, que su aproximación sea siempre una Servidumbre;
huirla o sufrirla: he ahí el dilema;
pero, ¿huirla, no es una manera de sufrirla?
sí;
sin el beneficio de gozarla.
Ciertas personas, deberían comprender, que si no las contamos entre nuestros
enemigos, es por respeto a nosotros mismos;
que es la única forma de respeto que ellas pueden inspirar.
Un Poeta, podrá perdonaros el no haberlo elogiado;
pero, no os perdonará nunca, haber elogiado a otro.
El espectáculo de un Hombre Honrado, es bastante — en nuestros días—,
a apartar a cualquiera del camino de la Honradez;
los gobiernos, deberían retirar de la publicidad, los pocos hombres honrados
de su tiempo, para que a la vista de su miseria, la juventud no llegue a
apercebirse de que la Honradez y la Lepra, se diferencian únicamente, en que
la Lepra inspira Piedad, y la Honradez no inspira sino risa, pero ambas tienen
de común, que todos huyen de ellas.
Se critica a ciertos escritores, la preciosidad de los vocablos y el culto
al epíteto raro;
porque odian los lugares comunes, se hacen todos los lugares comunes contra
ellos;
y, los que hacen los diccionarios, no perdonan a aquellos que los agotan;
porque el talento de un Académico, está en odiar todo lo raro;
sin duda porque nada hay más raro, que el talento en un Académico.
No escupáis al rostro de ciertos hombres; tendríais que limpiar vuestra
saliva con el pie;
y, ellos lo aprovecharían para besároslo;
respetad vuestras secreciones.
Hay maridos, que si perdieran su mujer, morirían;
¿de Dolor?
no;
de Vida Sedentaria; porque perdiendo su mujer perderían el único motivo que
los hacía escapar de casa.
La Penitencia, es la última Voluptuosidad del Pecado;
y, la más fuerte.
Las mujeres, no tienen de bueno sino lo que ocultan;
y, cuando ya no lo ocultan, deja de ser bueno.
Todos sostienen, que el matrimonio es un estado;
sí: un estado de desesperación.
Hay muchas Almas que llevan la Virtud hasta el Amor;
pero hay bien pocas que lleven el Amor, hasta la Virtud.
¡Cuántas almas se embarcarían para la Felicidad, seguras de llegar a ella,
si pudiesen hacer la travesía, por el mar silencioso del Olvido!
Cuando oigo decir, que a un Héroe, le saltaron el cerebro en un combate,
estoy tentado a negarlo, diciendo: «Si hubiese tenido cerebro, no habría ido
al combate»;
pero, pienso que en mi juventud, yo mismo, fui a los combates, y que vi morir
en ellos a hombres de gran cerebro;
y, me explico estos sombríos y heroicos dramas de acerebración;
y, he terminado por tener una gran Piedad, por estos combates del cerebro,
en que el cerebro está ya herido, antes de que lo rompan en el combate.
No sentir el amor de Padre, es un gran ahorro de cuidados y de tristezas;
lo que debe ser cruel, es no haber bebido en esa fuente de todas las
dulzuras, que es el amor de hijo;
porque cuando se ha visto el gesto del Amor, en el rostro de su Madre, ya
en los demás rostros no se ve sino la mueca del Amor;
sólo la Madre es el Amor;
los demás... son los Amores.
Aunque no se haya sufrido el Amor, es necesario decir que se ha sentido,
porque la sociedad perdona que se le engañe, pero no perdona a un Hombre
que no haya sido engañado jamás.
Oiréis decir con frecuencia, que ciertos hombres, han descendido del Poder;
ésa es la última mentira, de sus últimos aduladores;
esos hombres, no subieron nunca al Poder; fué el Poder, el que descendió
hasta ellos.
El Amor, es una gran tristeza, para las almas delicadas; y un gran placer,
para aquellas que no lo son.
Hay gentes tan pertinazmente honradas, que no sólo practican la Honradez,
sino que creen en ella.
Si después de cierto tiempo de matrimonio, oís decir que un Hombre está aún
enamorado de su Mujer, estad seguros de que es, porque ha logrado hacer de
ella su querida;
eso tiene el aire de una Paradoja, y es una diaria Verdad;
es más fácil, llegar a hacer de una querida su Mujer, que lograr hacer de
su Mujer, una querida;
ese alto grado de encanto en el Amor, sólo lo saben poseer ciertas mujeres,
que habrían sido queridas adorables.
El Silencio ocasional de ciertos hombres, no proviene de que no tengan nada
que decir, sino de que no tienen pretexto para mentir;
y, hablar para no mentir, les parece una Abdicación;
la Verdad, sería un disfraz, tras el cual, ellos mismos no se reconocerían.
Hay matrimonios sin Amor, que no se han hecho sino por amor al Matrimonio;
he ahí el sport del Tedio;
en ese estado de somnolencia comatosa, el Amor debe ser una digestión
muy lenta.
La desgracia de los hombres de letras, está, en que preocupados de asegurarse
la Inmortalidad, no se ocupan de asegurarse la Vida;
se mueren de hambre, por el hambre de no morir;
y, no teniendo qué comer en el presente, se encargan de devorar el futuro...
y, se alimentan con los laureles del porvenir;
he ahí por dónde, todo Genio tiene algo de herbívoro...
devoradores de hipótesis.
El Elogio, en ciertas épocas, y prodigado por ciertos hombres, es la última
forma de la Difamación;
la Gloria que ellos disciernen, es la Picota;
los que a ella llegan, pierden todo, menos el Honor, porque los que han
provocado o aceptado esos elogios no han tenido nunca Honor.
Los hombres que han sido muy afortunados en Amor, terminan siempre por
casarse, porque creen con este pequeño infortunio, desarmar la suerte,
celosa de su Felicidad;
y, sólo logran sacrificar su Felicidad, al temor del Infortunio.
A una querida muy joven, tenéis que enseñarle muchas cosas, y no os agradece
nada;
y, una querida otoñal, os enseña muchas cosas, y os lo agradece todo...
decidíos por la segunda;
es un remanso de mar;
con ella se habla de las tempestades, pero no se sufren;
y, eso, os asegura el placer de la navegación, sin los riesgos del naufragio.
En asuntos de Amor, hay que fingir ser deshonesto, para no correr el riesgo
de ser despreciado;
porque la honradez, es una Virtud, que las mujeres aman mucho en sus
maridos y desprecian profundamente en los otros hombres.
Si los Hombres de Genio, van alguna vez a Sociedad, es precisamente,
para extremar su Soledad.
En Sociedad, el defecto que menos se perdona, es el Genio;
felizmente, muy rara vez, la Sociedad tiene que ocuparse de perdonarlo;
porque como es un defecto social, no aparece nunca en la Sociedad.
Hay un Talento llamado social, que es precisamente, aquel que no tienen
casi nunca los hombres de Talento.
Cuando hace mucho tiempo que se es desgraciado, se pierde la noción del
Tiempo; pero no la del Dolor.
No todos hacen una locura al casarse;
la generalidad, lo que hace, es otra tontería;
y, eso, porque el número de los locos, es siempre menor que el de los tontos.
La Soledad, es un preservativo contra la Vulgaridad;
pero no lo es contra la Celebridad, que es una de las cosas más vulgares.
La Soledad, se conquista por grados, como toda altura;
el amor a la Soledad, crece a medida que el amor a la Humanidad disminuye;
y, entre sufrir la Humanidad o huir de ella, el Sabio, opta por esto último;
y, entra en la Soledad.
Yo encontré un mal escritor, un escritor fracasado, que no tenía Envidia, y
fincaba su orgullo en eso;
lo miré persistentemente, casi con admiración, porque tuve la seguridad de
haber contemplado la más rara variedad de la Especie Humana;
después, supe que era loco, y había enloquecido de Envidia, a causa de sus
fracasos;
y, con la Razón, había perdido la Envidia;
ése fué su último fracaso.
El que escapa de los salones, para ir a otros lugares de placer, no creáis
que lo hace por buscar la mala compañía;
no;
lo hace por escapar de la peor.
Los cortesanos, aman de tal manera las cruces, que muchos se casan, por
tener aunque sea ésa;
sólo, que acontece, que de ese Calvario, lo más pesado para ellos, no es
la Cruz, sino... la corona.
Las mujeres, que casi todas tienen un gran gusto por los versos, no tienen
ninguno por la Poesía;
y eso, porque como la Poesía es la Belleza, ellas que no aman otra Belleza
que la suya, ven en la Poesía, una rival;
en tanto, que en los versos, ven un adorno, que las hace pasar fácilmente
por letradas, diciendo cosas que la mayoría de las veces, no tienen que ver
nada con las letras.
No hay nadie más enemigo de los grandes estilistas, que aquellos que no
tienen estilo;
y, no cesan de recomendar con Halevy, el lenguaje simple;
que es sin duda, el más adaptado para decir simplezas;
desde luego, ellos usan el estilo simple;
y, no es el estilo lo más simple que tienen.
La Nostalgia, es la forma de Patriotismo más poética y la más inofensiva;
eso no quiere decir, que no tenga, como toda Sentimentalidad una gran dosis
de ridículo;
y, hay gente que muere de eso...
Para elogiar, se necesita mucho más talento que para denigrar, porque un
cumplido mal hecho, produce peor efecto que un insulto; y , no se puede
castigar.
Se critica con frecuencia, que hablemos bien de nosotros mismos, sin pensar,
que si hiciéramos lo contrario, apareceríamos haciéndoles la competencia
a nuestros amigos;
y, a veces... a nuestros enemigos.
Ciertos poetas bucólicos, a lo Tíbulo, tienen la envidiable propiedad de
hastiarnos de tal modo de los campos, que no nos atrevemos a salir de nuestro
gabinete de trabajo;
y, de tal manera logran disgustarnos de los rebaños; que no queremos ver un
cordero, ni siquiera en asado;
gente hay, que toma odio a su manta, temiendo que sea hecha con la lana de
una oveja de Teócrito;
hay quien no tolera el rebaño de Virgilio, sino en coteletas;
yo lo prefiero en Églogas.
Los espíritus muy profundos, no son dados a la Ironía: las plantas no
florecen hacia las raíces.
Cuando una mujer ha dejado de amarnos, nos apresuramos a aborrecerla;
pero, ¡ay!: es por temor de olvidarla.
Los conductores de pueblos, han sido siempre hombres de hechos, no hombres
de palabras;
las muchedumbres, ansiosas de vencer y de glorificarse, no piden razones,
sino acciones;
una batalla, las seduce más que un libro;
la palabra, convence;
el hecho, vence;
las muchedumbres, no gustan de ser convencidas, sino de ser conducidas;
saben que son un instrumento, y besan la mano que las maneja; aunque esa
mano las rompa.
Un Sabio, es siempre un espíritu muy limitado;
tiene la Ciencia por metros cúbicos;
y, por eso desarrolla en profundidad, lo que le falta en extensión.
Quitar a otro su Libertad, es renunciar vilmente a la suya; porque no hay
más torpe Esclavitud, que la de ser Jefe de esclavos.
Encauzar su Esfuerzo, es trazar una línea recta hacia el Triunfo.
La Religiosidad, es la Sensualidad de las almas débiles; y la última Lujuria
de las almas debilitadas;
en espíritus de monjes y de anacoretas, la Religiosidad, es el orgasmo de
la Voluptuosidad; y el Humanismo, es el Onanismo reventando en flor;
el alma religiosa, en exasperación, ya no piensa: ama;
la Fe, se hace Lujuria;
el Éxtasis, es el coito estéril con la Divinidad; las nupcias con un Fantasma;
la cópula agotante y tenaz de un ser que ha agotado todos los vicios de la
Soledad, y siente aún el ímpetu de besos inacabables...;
misticismo, tribadismo, masoquismo, sadismo, flores del mismo jardín de la
Lascivia, rosas del mismo rosal de la Locura, formas de la Sexualidad
exasperada...
es por esa fiebre paranoide, inacabable, que Santa Teresa de Jesús, es
hermana postuma de Safo;
y, San Antonio, el eremita, es un antecesor del Marqués de Sade...
todos, santos de una misma Santidad: la del Amor;
y, mártires del mismo Martirologio: la Lujuria.
El Poeta, tiene el culto de la Música Verbal;
y, el Pensador, tiene el culto de la Belleza Ideal;
de ahí, que el Genio, sea aquel en el cual residen un Pensador y un Poeta;
y cuyas frases, pletóricas de Pensamiento, van llenas de divina Melodía;
¡enormes águilas líricas empenachadas de rosas, abiertas sus alas rojas y
musicales hechas en la fragua del Sol.
El Cientificismo, que ha sucedido con su dogmatismo escueto, al dogmatismo
ya vencido de las Religiones, como el racionalismo socrático sucedió en
Grecia al dionisianismo heroico, y a la serena visión apolínea de la Vida,
¿consuela mejor nuestros dolores?
¿la Ilusión Científica, da mejor aspecto a la Vida, que la Ilusión Metafísica?
¿la hace más soportable?...
la Ciencia no es una Afirmación; la Ciencia es una Indagación;
un tanteo en las tinieblas; una Exploración en la Vida, es decir en el Dolor;
si la Ciencia no mata el Dolor Humano, ¿para qué la Ciencia? ¿para qué
abrazamos a ella, si ilumina nue&tro Dolor y no lo mata? ¡lo mismo que la
Religión! ¿lo mismo?
si la Ciencia no mata la Muerte, ¿para qué la Ciencia en la Vida? si hemos
de caer con la Ciencia, en brazos de la Muerte, tan infelices y tan
desarmados, como en brazos de las religiones, ¿para qué la Fe en la Ciencia?...
inútil; ¡como la fe en Dios!
toda Fe, es una Irrisión.
De todos los enemigos de las Revoluciones, ningunos más enconados ni más
terribles, que aquellos que han sido revolucionarios;
ellos, no perdonan a los otros, que ensayen llevar a la victoria, los
movimientos que ellos llevaron al desastre;
creen, que porque ellos han envejecido, las ideas han envejecido también, y
que su decrepitud, es la decrepitud del mundo;
es un miraje de la senilidad, eso de creer que las doctrinas agonizan con
aquellos que las sustentaron y que la Libertad se hace polvo con los corazones
que latieron por ella;
¡pobres y graves sombras insepultas, que creen que ya no son posibles los
grandes gestos de la Vida, sólo porque ellos van hacia la Muerte!
descubríos ante ellas y seguid el camino hacia la lucha;
no las escuchéis;
son muertos que hablan, sentados a la sombra del Olvido, sobre la tumba
en que sepultaron su Entusiasmo.
Al principio de un Amor, lo deseamos eterno;
y, algún tiempo después, bendecimos a la Naturaleza,
que no ha hecho eterno el Amor.
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