Sunday, September 25, 2011

IX

Un ser que no estuviese contento de Sí Mismo, sería enormemente
desgraciado;
¿cómo se podría ser feliz, viviendo perpetuamente en compañía de un ser
que no se ama?
he ahí por qué, la Naturaleza, puso el Amor Propio, en el corazón del
Hombre; ese Indestructible Amor Propio, el más propio de todos los amores,
hecho para embellecer desmesuradamente la Vida.

¿No habéis visto en política, cómo ascienden ciertos hombres, sin haber
dicho nada notable, ni haber hecho nada notable?...
pues es por eso, que ascienden;
y, por eso, que son notables.

Sólo hay una mujer que tiene celos de nuestros amigos; y es la querida
de alguno de ellos, cuando llega a faltarle con nosotros;
y, ese celo, no viene de su Amor, sino del temor a nuestra Indiscreción;
vano temor, porque nosotros somos los más empeñados en guardar ese secreto,
pues sabemos que la mejor de las queridas, no vale lo que el peor de
los amigos;
suponiendo que hubiera amigos;
y, que los hubiera peores...

Criticamos siempre a las personas que son ridículas en Sociedad, sin pensar,
que sin ellas, ¿de quién nos reiríamos?
es Verdad, que existen las personas solemnes, y ésas excitan aún
mayor hilaridad;
pero hay que pensar, que a unas y a otras, les debemos gratitud, porque son
tal vez ellas, las que evitan que se rían de nosotros...
y, eso siempre es consolador.

Cuando salgo de un Espectáculo, me toco los bolsillos, para ver si llevo
mi reloj;
y, cuando salgo de una visita, me toco el cuerpo, a ver si llevo
aún mi piel;
a veces, no encuentro, sino algo que se enreda entre mis labios:
es un pedazo de la piel de otro;
es un bello sport, este sport de la Vivisección;

A la Sociedad, no nos une sino los Intereses;
a la Soledad, nos unen nuestros Pensamientos;
de ahí, que cuando descendemos de nuestra Soledad, dejamos en ella,
la parte más noble de nosotros: nuestras Ideas;
y, no llevamos a la Sociedad, sino nuestros apetitos;
y, es por eso que vamos directamente, hacia el buffet y hacia las mujeres;
las dos cosas más apetitosas que hay en Sociedad.

Enamorarse, después de que se ha llegado a cierta edad de la Vida, es entrar
por la misma puerta, en el Dolor y en el Ridículo;
pero, comprar el Amor, a esa edad, es entrar en los jardines de la Muerte,
por la más bella de las Avenidas;
en ella, todas las rosas florecen para nosotros, con tal que las paguemos;
es Verdad que el perfume de esas rosas, muy fuerte para nuestra edad,
puede matarnos;
pero, debe ser muy bello, morir ahogado por ellas, poniéndolas todas sobre
nuestros labios, ya que no es posible ponerlas todas sobre nuestro corazón;
¡ay! demasiado débil ya para sufrirlas...

La diferencia que hay entre ciertos políticos de profesión, es que los unos
lamen la escudilla después que han devorado la pitanza, y los otros no;
pero, aquellos que no la lamen, es porque tienen seguridad de que va a ser
llenada de nuevo.

Yo, he visto ciertos seres, que obligados por una posición política muy
elevada, no saben estar en ella, sino enormemente tristes;
y, he podido observar en su tristeza, cómo es en ellos, de poderosa y de
invencible, la nostalgia del fango;
esos pobres seres, son como cerdos, a quienes se desterrara en una estrella;
morirían del recuerdo del lodo;
y, del fastidio del Azul.

La resignación de ciertos maridos, quita su encanto al Adulterio; como la
fidelidad de ciertas mujeres, quita el suyo al Matrimonio.

Lo que inquieta mucho a un Hombre de Talento, en Sociedad, es lo imposible
de conocer bien a las mujeres, de las cuales se quisiera saver siempre algo
más, y lo fácil que es conocer a los hombres, de los cuales se quisiera saber
siempre, mucho menos.

Cuando veis en ciertos bailes, uno de esos grupos maravillosos de mujeres,
¿no os produce la impresión de un divino rosal, florecido sobre un
estercolero?
el suave perfume de las rosas ahoga los miasmas del estercolero...
¿sabéis por qué son tan bellas?
porque el estiércol hace florecer las rosas.

Oyendo el coro de alabanzas que envuelve a ciertas mediocridades, el Hombre
de Genio, siente necesidad de ser difamado, siquiera sea para diferenciarse
de ellas;
y, hace un gesto, un solo gesto genial, y hasta las piedras de las calles
se alzan contra él, para lapidarlo...
con la misma espontaneidad con que todas las flores de todos los jardines,
se abren para coronar a la mediocridad;
lapidado, el Genio, se ha salvado;
ya puede decir a la mediocridad coronada de rosas, lo que el Cristo a
su madre: «¿qué hay de común entre Tú y Yo?...»

El Hombre Superior, posee de tal manera su propia Consideración, que no se
preocupa nada, de buscar la de los otros;
y, la mayor parte de los hombres, buscan de tal manera la Consideración
ajena, que es permitido creer, que no poseen la suya propia.
El Matrimonio y la Academia, se parecen, en que casi todos los que entran
en ellos, los han denigrado antes mucho;
lo cual prueba, que cada quien, tiene el fin que se merece, aunque su Vanidad
le haya hecho creer que no nació para él.

El Amancebamiento, es el Paraíso del Amor, colocado a igual distancia del
Celibato, que es su Cielo, y del Matrimonio, que es su Infierno;
la Sociedad, es el Arcángel indignado, que con la espada desnuda de la moral,
prohibe a todos, la entrada a ese Paraíso;
y, las parejas que lo pueblan, son felices en esa, Soledad, dialogando
amablemente con la Serpiente y devorando las manzanas, bajo el ojo
complacido de Jehová;
ellas saben, que su Amor, durará lo que su Vida, lejos de las dos cosas que
matan el Amor: el Matrimonio y la Muerte;
y, saben, que sólo la última, podrá expulsarlos del Edén, cuando con el
último día de su Vida, hayan devorado la última manzana.

Si el Matrimonio, no se hiciera a la larga una costumbre, la mayor parte de
los casados no sabrían qué hacer del Matrimonio;
y, como el Hombre no renuncia nunca a sus malos hábitos, he ahí por qué
el hábito del Matrimonio se hace irrenunciable.

Los jóvenes, viven muy preocupados, pensando cómo será la mujer con quien
han de casarse;
eso me hace pensar en ciertos espíritus pusilánimes, que viven pensando
siempre de qué mal morirán.

En la juventud, escribimos pensando en los otros;
después escribimos pensando en nosotros;
y, eso, porque habiendo perdido toda estimación por los otros, conservamos
la estimación de nosotros mismos.

Los débiles, tratan de imponerse por la Insolencia, temerosos de que se
descubra su Cobardía, como los impotentes, son muy audaces con las mujeres,
por miedo que se descubra su debilidad.

Si sois solteros, y os preguntan las mujeres, por qué no os habéis casado,
responded inmediatamente, que porque ninguna mujer ha querido de vosotros;
eso os hará interesantísimos, y muchas os amarán, siquiera sea mentalmente,
como una víctima;
yo sé de hombres, que fingiendo Tristeza de eso, que era su sola Alegría,
llegaron a hacerse consolar divinamente, hasta sentir la Tristeza del Consuelo,
que es mil veces mayor que la Tristeza de la Soledad;
porque es lo propio de todo Amor: fundirse, no dejando en pie sino el
cadáver del Hastío.

Es triste esto de que para huir de los pícaros, tengamos que refugiarnos
entre los hombres virtuosos;
los unos, nos disgustan del Crimen, y los otros nos hacen odiosa la Virtud;
sólo en la Soledad, vivimos puros, lejos por igual del Crimen y de la Virtud;
en el terreno de la Sabiduría, donde viven las almas de Bien.

Lo que no se perdona a un gran carácter, es que no desciende nunca a honrar
lo que desprecia; y que lo desprecia, justamente por las razones por las
cuales otros lo honran.

De la Mujer, debe esperarse el Placer; pero la Dicha nunca;
el error del Hombre, está en empeñarse en esperarlos ambos;
¿por qué culpar a la Mujer de este Error?
ella, nos da el Placer, porque lo lleva en sí;
¿por qué hacerle un Crimen, de que no nos dé la Dicha, si ella no la posee,
y es también enormemente desgraciada?

De todos vuestros amigos, aquellos que os aborrecen, son los que os hacen
menos mal.

Se critica a ciertas almas, que no tengan Indulgencia para las otras; sin
pensar que la necesitan toda para ellas.

La Soledad, no es, como muchos creen, una prueba de Misantropía, sino una
prueba de Filantropía, que nos damos a nosotros mismos.

Lo que la Envidia, no perdona al Genio, es justamente, que no le deja reposo;
sus obras, se suceden tan maravillosamente, que no le deja ni tiempo de
enjugar su baba.

Si queréis que ciertos hombres no alcancen a vengarse de un beneficio que
les habéis hecho, hacedles inmediatamente una gran Injuria;
se apresurarán a perdonároslos ambos, en nombre de la Generosidad.

La razón por la cual, los chistes de ciertos Críticos, duran más que sus
libros, es porque aquéllos, no valen siquiera ni la pena de olvidarse.

Antes, se tenía la preocupación, de que los Poetas se morían de hambre;
y, es que en aquellos tiempos, los versos no se vendían;
pero, desde que los Poetas han entrado en la Política, los versos se venden
mucho, y los poetas más.

Hay políticos, que pasan por utópicos, y de los cuales se dice, que tienen
la cabeza llena de Ensueños; pero valen inmensamente más, que otros que
pasan por prácticos, porque tienen las manos llenas de sangre o las rodillas
llenas de polvo.

Si la mayoría de los hombres se conociera íntimamente, renunciaría a casarse,
por el temor de que sus hijos se les parecieran.

Los hombres, que tienen el Poder sin el Talento, no perdonan nunca a los que
tienen el Poder del Talento, que es superior a todos los poderes.

¡Cuántos que se creen por el Poder, encima de un hombre de Talento, darían
todo su Poder, por igualarlo!

Es muy difícil, casi imposible, hallar un Matrimonio, en el cual lo más
ridículo, sea la Mujer;
y, eso, porque una mujer engañada, no es nunca ridícula.

Se dice generalmente, que una mujer engañada, se hace interesante;
he ahí la sola esperanza que tienen algunas mujeres de llegar a verse
en ese estado.

Hay hombres, que viven diciendo chistes contra el Matrimonio, hasta el día
en que se casan;
ese día, se hacen tristes, porque ya no tienen de qué reír;
es el momento en que los otros comienzan a reírse de ellos.

Cuando después de un largo noviazgo, dos seres se casan, es porque se conocen
bien, y han llegado ya a despreciarse lo bastante para ello.

Se nos llama Incorregibles, cuando somos Incorruptibles;
es el solo recurso que les queda a aquellos que no han podido corregimos,
corrompiéndonos.

Las cualidades por las cuales estimamos a los otros, no son casi nunca,
aquellas por las cuales ellos se estiman;
si conociéramos estas últimas, terminaríamos casi siempre por despreciarlos.

Sin duda, que el Desprecio de los hombres, nos viene del conocimiento de
nosotros mismos;
pero, el Orgullo, nos viene de la Comparación.

Lo más difícil de un gran Talento, es conservarse puro; precisamente a causa
de su grandeza.

Yo, he observado el Silencio de ciertos hombres, y durante él, son
encantadores, porque no cometen ninguna falta contra el sentido común.

Hay hombres, que se casan después de los cincuenta años;
ésos son más valientes que Sansón; porque aquél prefirió matarse, a que le
pusieran peluca después de cortados sus cabellos.

Yo he visto un Académico a caballo; y he quedado admirado de la corrección
de ambos animales;
ninguno de los dos cometía una falta gramatical en su actitud;
no podría decir lo mismo del buen gusto, porque el de ambos era deplorable;
y, la Estética, lloraba sobre aquel grupo figurativo de la Gramática;
y, pensaba sin duda, como yo: que ambos hacían muy mala figura fuera de la
Academia.

una de las mayores tristezas del Hombre, es esta de empeñarse en hallar la
dicha fuera de Sí Mismo, sin pensar que los hombres, todos, son muy
desgraciados y no pueden compartir con los otros sino su Dolor;
la Alegría, si la tienen, apenas basta a consolarlos a ellos.

De los hombres que no son sociables, se dice que son salvajes;
ése es el destierro verbal, que la Sociedad impone, a aquellos que no han
renunciado a la Naturaleza, y no han querido violarla.

un hombre solo, no tiene que soportarse sino a Sí Mismo;
y ¡eso es ya demasiado!

Cerrar los ojos sobre las faltas de sus mujeres, es una táctica que las
mujeres agradecen a sus maridos;
pero es tal la gratitud de las mujeres, que preferirian mejor cerrarles
ellas los ojos.

Tal vez el Hombre muy amable no es el mejor Amante;
el Amor, requiere cierto grado de brusquedad, que lo redime a veces de su
bajeza.

El Amor, no es verdadero, sino cuando se celebra entre un Macho
y una Hembra; el Amor Natural; cuando se celebra entre un Hombre
y una Mujer, tiene ya mucho de ficticio: es el Amor social;
la Naturaleza y la Sociedad, se excluyen;
y, la última ha terminado por excluir el Amor;
en su lugar ha puesto: el Matrimonio.

Cuando una Mujer, elogia con pasión a un Hombre, estad seguros de que ese
Hombre, ni ha sido ni es su amante;
de lo contrario, lo denigraría;
o callaría, por temor de traicionarse.

¿Por qué las mujeres son Indescifrables?
porque ellas, que todo lo traicionan tan fácilmente, no se traicionan nunca
a Sí Mismas;
y, ésa es tal vez su única Fidelidad.

El Amor a la Gloria, es la única tontería de los Genios;
felizmente, esa tontería, como muchas otras, desaparece con la edad;
pero, si un Hombre de Genio, a los cincuenta años, cree aún en la Gloria,
es tan incurablemente tonto, que la merece.

El Escritor que cree en la Posteridad, y espera en ella, es como un Actor,
que espera el público de la última tanda; que no se diferenciará en nada
de aquel de la primera;
la Posteridad, la forman, los contemporáneos del mañana;
y, los nuestros, son bastante a disgustarnos de la Posteridad.

Cuando las mujeres jóvenes y bellas, comiencen a tomaros por confidente y
consejero... y os cuenten sus pequeñas cuitas o sus pequeños amores... ¡entristeceos!...
ha llegado la hora de retiraros del Amor.

Es muy raro que una Mujer, elija su Amante entre los amigos de su marido,
porque los sospecha iguales a él, y ésa es una gran razón para despreciarlos;
podría hasta casarse con uno de ellos, caso de enviudar;
pero, para hacer de él su Amante, las mujeres buscan siempre un Hombre que
no desprecien.

Casi ninguna mujer, es adúltera por Odio a su marido; casi todas lo son,
por desprecio a él.

Las Máximas, como los medicamentos, no pueden ser aplicadas sin
discernimiento;
una dosis de Marco Aurelio, puede hacer tanto mal como una dosis de
estricnina mal aplicada.

Los castillos de la Ilusión, tienen de malo, que se derrumban diariamente
después de habernos encantado un minuto; y, al fin de cierto tiempo, sus
ruinas acumuladas, no nos dejan ver nada, más allá de ese montón de
escombros...
el Sol, que se pone tras esas ruinas, tiene una extraña Poesía;
¡tan extraña, que nada alcanza a consolarnos de ella!

Me sorprende enormemente, que gentes que han visto el Pasado con todas sus
tristezas, y viven en las tristezas del Presente, se preocupen aún por
conocer el Porvenir;
¿en qué puede diferenciarse?
la forma de las lágrimas y la mentira de las sonrisas, siempre han de ser
las mismas;
y, en todo ese porvenir no hallaremos de nuevo sino la Muerte;
y, falta aún saber si otra vez no la hemos sufrido.

Muchas gentes que buscan la reputación, no saben que la tienen,
porque no han oído hablar a sus enemigos en público y a sus amigos en privado;
si los oyeran, se arrepentirían de tenerla.

Hay mujeres que tienen una enorme pureza de recuerdos;
y, por eso no gustan de recordar, jamás.

¿No habéis notado, que cuando se habla de la tontería de los hombres, ninguna
mujer casada sigue la conversación, y todas quedan extrañamente pensativas,
en Silencio?...
¿en qué tonterías piensan?
¿en las que han oído durante su vida conyugal?
tal vez las más sinceras piensan, que sin esa tontería de los hombres,
no habría vida conyugal...
y, agradecen en silencio, la tontería de los hombres.

Desconfiad de los que os juran siempre por su Palabra de Honor;
ésos hacen del Honor, una Palabra.

Hay gentes, que se abstienen de hacer el Mal;
pero, es únicamente, por temor de hacerlo mal.

Nadie hace dudar tanto de Dios, como las gentes que creen en él.

Cuando oigo hablar muy mal de un Hombre de Letras,
siento el deseo vehemente de conocerlo,
porque amo mucho las gentes de un gran Mérito;
y, cuando oigo hablar mucho de la Bondad de otro, esquivo siempre tratarlo;
yo no amo los pícaros, ni los tontos;
y, mucho menos, los tontos que son pícaros.

No veís con qué cuidado, durante ciertos discursos académicos, aquellos que
bostezan, se vuelven para escuchar a aquellos que roncan?...
es el contagio de la Admiración... clásica.

El Desprecio, atrae a la Mujer, como el imán a la aguja;
las mujeres tienen un gran Orgullo en vencer a aquellos, que hacen ostentación
de desdeñarlas;
y, nunca una mujer, se entrega con más pasión, que cuando ha sido
largo tiempo despreciada;
y, eso, porque se siente dos veces vil;
lo cual la levanta a sus propios ojos.

Si queréis ser agradable a vuestros amigos, habladles de sus triunfos;
y, si queréis hacerlos sufrir, habladles de los vuestros.

Es curioso observar cómo Catón, que tenía por divisa: «Necme vixisse penitet»,
terminó por matarse ante la Victoria de César;
lo cual hace pensar, que estar fuera de la Razón es la única manera de
ser razonable;
y, que para morir filosóficamente, es preciso ponerse fuera de toda Filosofía.

Haber sido, es un Pesar.
Ser, es un Dolor;
dejar de Ser, es una Esperanza;
no Ser, ésa sería la Ventura...
pero he ahí que esa Ventura, es imposible,
como todas las venturas...

El Hombre Superior, aquel que en la Soledad, mira pasar sus dolores, como
nubes vencidas de un cielo en cólera, no se digna siquiera estar triste,
porque sabe que la Tristeza, es una miseria tan augusta como inútil, y
no espera el Consuelo, porque sabe que éste es una triste Mentira,
que pide todas sus fuerzas al Olvido;
¡al Olvido! que vive siempre y no llega nunca; mientras tengamos los ojos
abiertos sobre la Vida;
¡el Olvido! que no viene nunca para consolamos y no llega sino a la hora
precisa de devorarnos;
¡el Olvido! más fuerte que la Vida, porque él es quien la sepulta;
¡el Olvido! que es el corazón de la Muerte;
¡bendito sea el Olvido!

Cuando veo a un Hombre que cree sinceramente en un Milagro, empiezo yo a
creer también, porque veo en aquel Hombre, un Milagro de Imbecilidad,
sostenido en dos pies, por un Milagro de Equilibrio.

Mientras el Imperio Omnipotente del Mal, continúe en ser absoluto sobre
la Tierra, y el Dolor, sea el solo Soberano de la Vida, continuará en ser
una comedia irritante la de los Redentores de Hombres, que en nombre de
Ideales Metafísicos, terriblemente absurdos, quieren colocar nuestra ventura
por sobre la inconsistencia de las nubes, en las manos implacables de dioses
inexistentes, de cuyas palabras irritadas, es eco su burda Superchería,
y todo con el miserable Objeto de esquilmar con más provecho, el triste
Rebaño Humano, perdido en el atardecer de su Esperanza, bajo el crepúsculo
tormentoso de un Cielo sin piedades;
todos esos Inventores de Religiones, cándidos o imperiosos, fatales y
absurdos, Confucio, Moisés, Mahoma, Jesús, ¿qué han traído al Mundo, con
su charlatanismo luminoso, sino una pirotécnica de palabras fugaces y vacías,
disparada desde las altas cimas del Sinaí de la Mentira?
¡vieja guarida de la Ignorancia, desde donde reina el león empajado de
la Divinidad, que hace temblar los hombres!...
¡Absurdo Misterioso, viejo como la Vida y el Dolor!...
ni Alá, ni Jehová, ni el Cristo, han salvado un solo Hombre, de las garras
del sufrir sobre la Tierra;
ni Alá, ni Jehová, ni el Cristo, han destruido un solo Dolor,
sobre el panorama del Mundo, que sólo vive del Dolor;
ni Alá, ni Jehová, ni el Cristo, han librado un solo Hombre de la Enfermedad,
del Dolor, ni de la Muerte;
ni contra el Mal, ni contra el Dolor, ni contra la Muerte, Alá, ni Jehová,
ni el Cristo, nada han podido...
nada...
vencidos han sido por ellos;
¿dónde entonces su Poder?
si el Mal, si el Dolor, si la Muerte, son superiores a los dioses, ¿para qué
entonces los dioses?
si esas Potencias Invencibles, los vencen a ellos, ¿dónde entonces el
estandarte de sus victorias, bajo el cual puedan ampararse los hombres?
mitos vencidos por la Fatalidad, ¿qué pueden en favor del Hombre,
tan vencido y tan miserable como ellos?...
el Cristo, nuestro pobre Cristo, dios de baturros y de esclavos, ¿qué pudo
contra las cosas malas de la Vida?;
no supo sino sufrirlas, y fué incapaz de destruirlas;
¡venía a traer la Vida y sufrió la Muerte!... ¡la Vida fué superior a él
y lo venció!; la Muerte, que él quería destruir, lo devoró...
¡pobre Cristo! fracasado, como todos los soñadores, él no pensó nunca que
su sueño de anarquista rural, insurrecto contra Roma, llegara un día a ser
tan fatal al mundo, en manos de los hombres.
Hombre o Mito, el Cristo no fué sino un Vencido;
a la sombra de su Patíbulo, floreció, más pomposo que nunca, el rosal de
los dolores; y él fué con su muerte de cordero, el último Engañador de la
Esperanza;
no hay dioses eternos, dioses verdaderos, sino el Dolor, la Mentira y
la Muerte;
ellos lo vencen y lo devoran todo: hombres y dioses;
la Vida es Implacable;
sólo la Muerte es Piadosa,
¡Bendita sea la Muerte!...


Se critica a Frauenstaedt, a Hermán, a Bahunsen,
que hayan proclamadlo el Mal Invencible y el Dolor
Inconsolable, como únicos Soberanos, de este Imperio de
Tinieblas que es la Vida;
y, yo pregunto a los legionarios de la Esperanza,
en guerra contra aquellos grandes decidores
de la Verdad;
¿habéis hallado el Bien sobre la Tierra?
dádnosrlo;
¿conocéis la Verdad?
mostrádnosla;
¿sois felices?
decidnos el secreto de la Felicidad;
pero, si no conocéis ni el Bien, ni la Verdad ni la Ventura;
si sois como nosotros, ovejas de un aprisco vencido y extraviado en la Noche;
¿de qué victorias, de cuáles venturas habláis?
si sois los prisioneros del Dolor, empujados brutalmente hacia la Muerte;
¿cómo negáis el huracán que os empuja?
¡pobres átomos llevados por el torbelino de las fuerzas hostiles, por sobre
los parajes inertes de la Vida! ¿dónde están vuestros dioses que no os salvan?
¡ay! ellos también van llevados por la misma Tempestad, hacia la Muerte...
os esperan, también hechos polvo, al lado allá de la Vida...
¿son Impostores, vuestros dioses?
no;
el Impostor es el Hombre, que puso palabras de Esperanza, sobre aquellos
labios mudos, que no dijeron nada...

La Sombra mala que se escapa de todas las cosas de la Vida y viene hacia
nosotros; entra en nosotros y reina sobre nosotros...
¿lloramos?
¿qué importan nuestras lágrimas a las tinieblas inmisericordes que nos
rodean?
todo en la Tierra llora, y la Tierra no se conmueve por eso; ella es como
una inmensa esponja, hecha para absorber las lágrimas del Hombre;
¿qué es ante la Crueldad Inmutable de la Vida, esta licuación del alma
adolorida que se escapa por nuestros ojos? una secreción de nuestros
lagrimales, que los ojos sin lágrimas del Destino Inexorable, que nos
hace llorar, no quieren ver;
¿gemimos?
¿qué es ante esos cielos mudos sin acústica, nuestro débil gemido?
algo insonoro, indiferente en la Noche Eterna;
algo que no conmueve las alturas ni llega a ellas, algo como el quejido
de una fiera, el canto de un pájaro, el arrullo de una paloma, el murmullo
de una fuente...
un ruido más en la Soledad llena de ruidos...
nada... nada... nada...
¿a qué quejamos?
¿a quién?...
millones de millones de hombres han sufrido antes que nosotros, han llorado
antes que nosotros, se han quejado antes que nosotros, y han muerto antes
que nosotros...
y, la Naturaleza no se ha conmovido...
millones de millones de hombres, sufren, lloran, gimen y mueren ahora,
bajo la mirada indiferente y atónita del Sol...
y, nada se conmueve;
millones y millones de hombres nacerán mañana, sufrirán, llorarán, gemirán
y morirán como nosotros...
y, las entrañas de la Tierra no se conmoverán por ellos...
la Tierra nos produce y nos devora, con igual Indiferencia;
miremos hacia la Tierra;
¡oh! cómo la Vida es Mala...

¿qué sabes tú, pobre gusano, arrastrándote en
las tinieblas hacia el Sepulcro? ¿qué sabes tú lo que
es la Vida? ¿qué entiendes tú por Mal?
calla, sufre, y muere;
ése es tu Destino;
cúmplelo.

Los espiritualistas, los mejoristas, los optimsitas no son sino
discípulos más o menos auténticos del doctor Panglós;
en el fondo, románticos miedosos, que cantan el Himno de la Vida,
como los pastores que regresan en la noche, cantan al atravesar un bosque;
para espantar el Miedo;
el Miedo a la Muerte, que es la única Certidumbre de estos Filósofos,
que sonríen plácidamente, porque tienen Miedo de llorar...

Sostienen los positivistas, que el Hombre, no desea
sino «lo que tiene Realidad»;
he ahí por qué la Vida es un Deseo, que no se sacia jamás.


No hay Filosofía, sino Filósofos;
o mejor dicho: Temperamentos Filosóficos;
cada quien, tiene la filosofía de su propio temperamento;
¿veis ese Hombre graso, obtuso, ruidoso, beatifico en su Bestialidad
Triunfadora?
ese Hombre tiene el cerebro en el vientre, ¿qué queréis que sea ese Hombre,
sino un Optimista?
¿veis ese otro, mediocre, pusilánime, incapaz del propio esfuerzo, víctima
de los temblores convulsivos del Miedo? ése es un Providencialista; ése
confiará a Dios la misión de vivir por él;
¿aquel otro, insubstancial, lascivo, soñador, débil en el fondo, dado a
bordar sus sueños en las nubes? ése será un espiritualista;
¿ese otro, altivo, perspicaz, desdeñoso, aristócrata de espíritu, refinado
de gustos, ironista paradojal, con una alta mentalidad y un corazón pequeño?
un Escéptico;
¿y, ese otro, triste como una montaña en la noche, cerrado a toda consolación;
misántropo por anti-filantropía, rencoroso por amor, ciego de haber visto
mucho, algo, como el Águila de Júpiter muriendo de Hipocondría? un Pesimista;
¿y, aquel otro, enorme y superior, de vastos vuelos mentales;como de águila
solar, lleno de un tenebroso amor por los seres, y de un Odio ciego a la
Vida que los devora; matador de dioses, que ha decapitado todas las
divinidades, y vencedor de ellas ha hecho de sus restos un trono, y se ha
sentado sobre él, Invencible, Solitario y Soñador?
¡amante y hermano de la Muerte!
¿es un dios?
no;
es demasiado justo para serlo;
es más que un dios;
es un Ateo.

No comments: