Después de cierta edad de la Vida, ya no vivimos en ella, sino bajo
los escombros de ella;
y, es bajo esos escombros de nuestros sueños, que sufrimos, cantamos
o lloramos, como un minero sepultado bajo la tierra...
y, la Muerte, cuando viene, no hace sino acabar de sepultarnos.
Para atentar a su Vida, se necesita una alta dignidad: sentirse digno
de la Muerte.
Cualquiera que sea vuestro Orgullo, ¿no os ha llegado un momento de
sentiros demasiado pequeños?
ésa es la hora en que viene a nosotros el Amor, un Amor tan grande,
que sólo teniendo el corazón infinito, podríamos albergarlo...
y, sufrimos y morimos, agobiados por ese Amor, más grande que nosotros.
El dulcísimo y maravilloso paisaje de la Soledad, es el único refugio
que la Vida ofrece a aquellas almas sedientas del Infinito, obsesionadas
por el deseo de lo Incognoscible; ansiosas de devorar la Palabra tenebrosa
del Misterio, almas enfermas del Vivir, y que no tienen la fuerza heroica
de morir.
Toda Metafísica, es empírica, porque todo lo que va más allá de las cimas
visibles de la Materia, se hunde en los cielos vagos de la Hipótesis,
florecidos de quimeras;
la Metafísica, es la única parte donde los hombres han podido radicar
a Dios;
porque la Metafísica es el Imperio de lo que no existe...
Dividir el Mundo, en Pensamiento y Extensión, como los cartesianos;
o en Real e Ideal, como Schelling y Hégel, es un juego de vocablos que no
llega siquiera a la Paradoja;
el Mundo es: Indivisible;
el Mundo es: Uno;
y, se llama: la Materia;
la Materia, no tiene sino dos expresiones: la Vida, es decir,
la actividad visible de la Materia; y la Muerte;
o sea, actividad invisible de la materia;
no hay reposo, no hay cesación, no hay tregua en la Vida, es decir,
en la Materia, que trabaja siempre, produce siempre, y se transforma
siempre, sin descansar nunca, sin morir jamás...
la Vida es: Todo...
y. Todo es: Nada.
Los Kantianos apasionados, se empeñan en alzar fronteras, entre lo que ellos
llaman: el Entendimiento y la Razón;
yo no alcanzo a ver en Verdad, dónde principian las fronteras de esas dos
abstracciones;
para mí, no hay Razón sino en el Entendimiento, y no hay Entendimiento fuera
de la Razón;
esas dos sombras de Entidades, que quieren levantarse en el Absurdo, con los
nombres de Dyanoyología y de Lógica, no son sino un solo indivisible Imperio:
el Pensamiento;
y, el Pensamiento, no es, sino la parte más noble y mejor distribuida de
la Materia;
y, es por él, que interrogamos la Materia misma;
la Materia, es Dios;
y, nosotros somos hijos de la Materia;
he ahí, por dónde, nosotros somos hijos de Dios...
eso halagará mucho a los Hombres...
pero disgustaría mucho a Dios, si Dios fuera algo más que la Materia;
felizmente los dioses y los hombres, todos son Apariencias, y no existen
sino en el Cerebro de esa triste y fugitiva Apariencia que es: el Hombre.
La Teoría de Schopenhauer : «el Mundo es mi Representación», es una teoría
de Orgullo, pero no de Realidad;
sería mejor, decir: «el Mundo es mi Ideación»;
porque el Mundo, no nos representa, ni nosotros representamos el Mundo, sino
que el Mundo se representa en nosotros;
nosotros, concebimos el Mundo como Idea; y es en virtud de esa Concepción
nuestra, que el Mundo existe en nosotros, y por nosotros;
nosotros, somos el Mundo real de nosotros mismos; y fuera de nosotros,
no hay Mundo; sino apariencias que mueren para nosotros, desde que
están más allá de nuestra Sensación;
si el Mundo fuera nuestra Representación, sería nuestra Voluntad, y nosotros
no tenemos Voluntad ninguna sobre el Mundo;
tenemos Voluntad sobre nuestro Mundo Interior, y podríamos suprimir ese
Mundo; es decir, matarnos; y suprimir así el Mundo que está en nosotros;
pero el más bajo de los Instintos se impone a la Voluntad;
y, continuamos en vivir, y lo que es más cobarde aún: en propagar la Vida...
ésta es toda nuestra Voluntad: no tener ninguna;
¿no es Verdad que el Hombre sería el más vil de los seres, si no fuera
el más desventurado de todos?
La Voluntad, no debe llamarse Voluntad, sino Fuerza, dondequiera que se
halle en el laberinto dialéctico de la Filosofía;
lo que no es Fuerza, no es Voluntad, o mejor; es una Entidad Inactiva, una
No Voluntad, que dice Heráclito: lo Inerte.
Si, como sostienen los deterministas, todas las tendencias de la Vida animal,
deben referirse a la Voluntad, la Voluntad no es entonces, sino el Instinto,
que reune en sí, las condiciones que ellos dan a la Libertad: ser Idéntica,
Indestructible y Libre.
Un Hombre digno, no mendiga el Amor, porque tiene Conciencia de merecerlo;
pero, el Amor, es de tal manera un sentimiento indigno, que siente
la necesidad de ser mendigado;
de ahí, que no se dé, casi nunca, sino a quien más lo solicita.
La única vez que estamos seguros de no ser traicionados, es cuando estamos
solos, porque es muy difícil que un Hombre llegue a traicionarse a Sí Mismo.
un Hombre, que tiene muchos amigos, ha perdonado mucho, o tiene mucho
que hacerse perdonar.
Cuando estamos solos, es la única vez que no sabemos qué hacer
de nuestro desprecio.
La Soledad, es el Despotismo de Sí Mismo;
y, casi siempre, un Gran Solitario, es un Grande Hombre, que no se dignó
ser un gran Tirano.
No se puede vivir sin amar a alguien, o sin creer en algo;
pero, la ventura, no se obtiene, sino colocando esa fe y ese amor en un
corazón digno de ellos;
he ahí, porqué el Solitario, se acerca tanto a la Felicidad;
porque halló en Sí Mismo, el corazón que otros buscan fuera;
y, se adoró.
¡Qué cosa tan admirable sería un Amigo, si tuviese la Sinceridad y
la Constancia de un enemigo!
La diferencia entre el Orgullo y la Vanidad, está, en que el Orgullo,
ni busca, ni soporta cortesanos; y la Vanidad, no puede vivir sin ellos;
la Vanidad, moriría en la Soledad, fuera de la cual el Orgullo no puede vivir.
El Orgullo, como el Genio, tiene dos enemigos: los que no pueden
comprenderlo y los que no alcanzan a tenerlo.
La edad madura, sería insoportable sin la Experiencia;
y, es a causa de la Experiencia, que es tan triste la edad madura.
En la juventud, atropellamos la Vida;
después... sentimos que la Vida nos atropella;
¡ay! es que nosotros envejecemos y la Vida es eternamente joven.
Cuando jóvenes, aspiramos a ser felices;
después... sólo aspiramos a ser lo menos infelices posible.
Cuando jóvenes, tenemos aspiraciones; y eso nos da alas;
después... no tenemos sino decepciones; y eso nos las corta;
he ahí por qué, de jóvenes ensayamos volar, estrepitosamente;
y, después... caminamos en Silencio, pausadamente, hacia la Muerte.
Cuando jóvenes, estamos ansiosos de vivir...
después... estamos tristes de haber vivido y tristes de vivir...
Yo sé, diariamente, de hombres que se sacrifican por su patria;
viviría mil años y no lograría saber de una Patria que se hubiese sacrificado
por un Hombre;
y, la mayoría de los hombres, aman su Patria, tal vez a causa de que su
Patria no los ama;
porque todo Amor es una Abyección;
y, la Indignidad apasiona enormemente los corazones abyectos.
La Guerra, es lo único que se ha salvado de nuestra antigua barbarie;
y, es ella, la que sintetiza toda nuestra Civilización.
La Espada ha sido el único instrumento de mesuración sobre la Tierra;
y, es ella quien ha trazado las fronteras de todos los países del Globo.
La Espada, ha sido el arado que ha hecho florecer todas las civilizaciones...
y, la hoz, que las ha cortado...
ninguna Civilización ha triunfado, sino en la punta de una Espada...
y, ninguna ha muerto, sino al filo de una Espada...
y, la Espada es la Barbarie...
¿qué es, pues, la Civilización?
que respondan los bárbaros, domesticados por la Espada y que creen en
la Civilización.
Yo, conozco hombres, que son patriotas, sólo por poder decir: mi Patria;
y que se casan, por poder: mi Mujer;
es la única manera que han hallado de ser propietarios y de tener algo suyo;
sólo, que sucede, que su Patria es de muchos;
y, aveces... su Mujer también.
Los pueblos débiles, aman los conquistadores, como las mujeres aman los suyos;
porque sienten en el fondo de su corazón, un orgullo abyecto, de haber
inspirado su Codicia;
y, porque tienen la certidumbre de haber nacido para esclavos: son carne de
Conquista.
La Historia de la Humanidad, semeja el diario de una vieja cortesana: no sabe
hablar con admiración sino de sus dominadores; ellos hacen todo su deleite,
y forman toda su Vida.
Antes de la aparición de la Historia como Ciencia, no había habido
verdaderamente historiadores, sino cronistas;
y, tal vez los únicos que merecieron el nombre de historiadores, fueron
los llamados Cronistas de la Edad Media, porque ellos aportaron a la Historia,
los primeros datos fragmentarios e instintivos de Sociología, de Psicología
y aun de Estadística, esas ciencias de aluvión, que han formado luego,
el terreno firme de la Historia.
La Sociedad, es el camino que lleva a la Soledad; quien no haya atravesado
por ese valle del Tumulto, no llegará nunca a esta cima de la Paz y de la Luz;
es tratando mucho a los hombres, que se siente la necesidad de huir de ellos.
La Superioridad de un Hombre, se revela por su amor a la Soledad;
todo animal inferior, es colectivo.
La Soledad de un Hombre honrado, es deliciosa;
la de un pícaro, debe ser insoportable, como la de un tonto;
los pícaros y los tontos no pueden estar nunca solos;
por eso fundaron la Sociedad;
y, reinan en ella.
La Sociedad, con su contacto, nos recuerda demasiado bruscamente que somos
de la Especie Humana;
y, eso es una razón para entristecernos, viendo tan cerca de nosotros actuar
los otros hombres.
La Virtud, es muy interesante, precisamente porque es un interés;
y, los jardineros de la Virtud, son los que venden mejor sus frutos;
de ahí que haya tantos cultivadores de ella.
La Vida, no tiene un resplandor de Belleza, sino en esta edad madura,
fronteriza de la vejez, la cual es como un remanso de río, iluminado
suavemente por una iluecencia de crepúsculo;
¡qué pureza de líneas, qué seguridad de contornos, qué serenidad en
los horizontes y en los paisajes espirituales que se contemplan!...
la Vida, ha quedado ya atrás, con todas sus corrientes y sus naufragios,
sus mirajes y sus borrascas, sus ruidos y sus peligros, la agudeza de sus
dolores y el encanto traidor de sus placeres...
adelante de nosotros, no está ya, sino la Muerte, serena, augusta,
tendiéndonos sus brazos misericordiosos, llenos de mudos prestigios...
y, vemos, cómo la Sombra avanza en el remanso, sobre las aguas y bajo
los cielos...
y, un crepúsculo de alba se alza dentro de nosotros, prontos ya a fundirnos
y a desaparecer, en ese invisible horizonte, lleno de todas las claridades;
no hay nada más alto y nada más augusto que este pórtico, por donde entra
en la vejez un Hombre Libre...
sin un Dios... sin un Amo... sin un Amor...
solo, fuerte, altivo, pronto a fundirse en lo Infinito, de lo cual su alma
fué un reflejo misericordioso sobre la Tierra...
En la tarde de la Vida, son más las cosas que nos inclinan hacia la Melancolía
que aquellas que nos impulsan hacia la Indignación; porque con esto del Vivir,
conocemos de tal manera a los Hombres, que nos sentimos más inclinados a
compadecerlos por miserables, que a condenarlos por culpables.
La Juventud, es intolerante porque es pura;
pero, la Vida, envilece de tal modo los hombres, aun los más puros,
con el solo hecho de vivirla, que después de cierta edad, la Tolerancia se alza
en nuestro corazón, como un grande árbol, cuyo ramaje fraternal y
misericordioso, se extiende sobre los otros y sobre nosotros mismos, cual la
Sombra de un grande Amor, hecho de conmiseraciones infinitas, hacia esa gran
Miseria pensante que es: el Hombre.
Es muy raro que un Hombre de Genio llegue a inspirar Amor;
casi siempre lo que se le ofrece bajo ese nombre no es sino la Admiración.
Envejecer, no nos amista con la Vida, pero nos familiariza con ella;
es envejeciendo, que amnistiamos el Pasado;
vemos en las generaciones que se suceden, aparecer los mismos vicios y las
mismas debilidades que nos hicieron insoportables los contemporáneos de
nuestra juventud: los vemos reproducidos en sus propios hijos;
y, después de haber asistido con aquéllos, al encanallamiento de nuestra
época, nos es dado el mayor de los desencantos, que es, asistir con éstos,
al encanallamiento de nuestra Esperanza.
Nuestra juventud, es una cámara nupcial, llena de luces, de perfumes
y de flores;
en ella, esperamos la Visitación de la Vida;
y, ella llega, y la desfloramos con frenesí, la gozamos con violencia, ajamos
todas sus flores, apuramos todos sus encantos, agotamos sus besos, nos
embriagamos de sus caricias, la coronamos con todas las rosas de la Lujuria
y la Ilusión, la envilecemos y nos envilecemos con ella, nos dormimos sobre
su seno martirizado por nuestras manos, y despertamos hastiados de ella, sobre
los restos del festín, preguntando con fastidio: ¿cuándo se irá?...
nuestra vejez es una Cámara de enfermo, ataviada para recibir en ella la
Visitación de la Muerte;
no hay músicas;
no hay flores;
no hay perfumes;
grandes Silencios que vienen de los jardines cercanos de ultra-Tumba;
y, preparados para esa cita con la última querida: aquella que no falta
nunca, nos impacientamos, diciendo:
—¡Cuánto tarda! ¿por qué no viene?
¡chít!
alguien llega: es Ella;
caemos en sus brazos;
la sentimos, pero no podemos verla;
su beso nos hace ciegos y sordos para siempre...
un ateísta, que a cierta edad de la Vida, vuelve
a leer la Imitación de Cristo, siente la misma impresión
que un Hombre que hubiese amado el Amor, sentiría,leyendo
a los ochenta años, un legajo de cartas amorosas,escriras a los quince;
una mezcla indistinta de lástima y de mofa, de ternura y de risa; asombro
de haber creído en una Quimera, y algo de la vaga y dulce Melancolía, que
la muerte de esa Quimera dejó en su corazón;
la muerte de toda Fe, como la de todo Amor, deja tibias cenizas en
nuestra alma...
y, es dulce, en el sagrado frío de la Soledad, tender las manos sobre esas
cenizas enamoradas que aun nos calientan como si fuesen la palpitación de
un beso;
¿qué es un Solitario-Ateo, sino un asceta de Genio que ha encontrado en él
su propio Dios?
Hay escritores cuya Vida es de tal manera grande por el Pensamiento y por
la Acción, que siendo su Obra literaria, la más grande de su tiempo, la
grandeza de su Vida, pasa sobre su Obra y la domina: tal es su Heroicidad;
ésos son los Hombres-Epopeyas, y la Historia, llegando ante ellos, con las
manos llenas de coronas, no sabe cuáles ofrecerles primero, si aquellas del
Respeto, o aquellas de la Admiración, de tal manera se han impuesto a ambos,
alzando su frente más alto que las más altas cimas coronadas de laurel.
¡Bendita edad ésta, en que sentados en lo alto de la colina, que divide y
domina las dos vertientes de la Vida, vemos, abajo de la una, la sombra de
nuestra cuna, ya perdida en el límite de muchas ¡lejanías!; los soles de
medio Siglo, ya extintos y acumulados sobre ella, le hacen una gematización
astral, que esplende en la Soledad;
y, al otro lado, en el descenso, el hueco negro de la tumba, que nos
aguarda insaciable y sin embargo bella, como una boca de mujer
que ha muerto de fiebre;
y, al lado de nosotros, el Genio del Recuerdo, dictándonos las cosas que
vivimos para decirlas a aquellos que aun no han vivido todavía.
Cuando llegamos a esta zona de los crepúsculos, que es la tarde de la Vida,
¿qué homenaje falta a los sueños de nuestro corazón?
nuestra juventud los cantó; nuestra edad madura lloró sobre ellos;
¿qué les espera mañana?
sentarse sobre nuestra tumba, y hacemos compañía.
Las generaciones que se levantan, no aman la Gloria de aquellas que han
declinan;
medio acostados ya en el Sepulcro, sentimos que manos jóvenes nos empujan
al fondo de él, diciéndonos:
—Dormid, dormid, ya es hora...
—Esperad... un minuto de Sol...
—No, no... el Sol es nuestro; éste es nuestro día...
tienen necesidad de abonar su Gloria, con nuestros cadáveres...
y, hacen bien;
¿no les enseñamos a vivir?
Cuando perdemos nuestra madre, en plena juventud, el Dolor quiere matamos,
pero continuamos en vivir y en sonreír al mundo, porque nos queda la Vida,
con sus perspectivas luminosas extendidas ante nosotros, y con su seno
maternal, en un perpetuo engendramiento de Ilusiones;
pero, a esta hora en que la Vida huye de nosotros y todo huye con ella,
sentimos de nuevo la Orfandad, con un pesar tan grande, como si
fuésemos niños;
y, como un pájaro que ha perdido sus plumas, sentimos otra vez necesidad
del calor de las alas maternales; y suspiramos por él;
¡ay! no nos queda ya para ampararnos, sino las alas cariñosas de la Muerte,
abiertas sobre nosotros;
¡ella también es nuestra Madre!
Cuando doblamos este cabo de las tempestades, que nos aproxima al apacible
mar de la vejez y de la Muerte, vemos con asombro, que hemos sobrevivido a
muchos hombres, y que como en una llanura devastada por el huracán, no hay
en torno nuestro sino ruinas acumuladas por la Muerte;
no contamos nuestros amigos sino por tumbas, y nuestros amores por cadáveres;
no hay cunas en tomo nuestro;
las flores de nuestros jardines son otoñales y se preparan como nosotros,
a entrar en el Invierno, cuyo frío empieza a desflorarlas;
de todo ese naufragio de cosas sentimentales y por consiguiente inútiles,
la Naturaleza no ha dejado nada en nuestro corazón...
pero en cambio, una sonriente, inacabable primavera, florece en nuestro
cerebro;
somos como un árbol cercado por aguas de la inundación;
las raíces y el tronco desaparecen en el agua;
pero su copa alza al aire su ramaje lujurioso y las flores se abren
insolentes de colores y los nidos cantan locos de Amor...
un Poema de Vida, bajo el Sol.
Si veis a un Hombre, empeñado en edificar un Palacio sobre la arena,
no os burléis de él;
¿no veis tantos hombres, empeñados en levantar el edificio de su Ventura,
sobre el Amor, sobre la Riqueza, sobre la Gloria, cosas mil veces más
instables, más deleznables y más miserables que la arena?
¿no veis que nada es cierto, nada es estable, en el espectáculo mentiroso
de la Vida, y que el soplo del aire y los colores del cielo pasan y se pierden
por igual sobre los sueños de los hombres, los nidos de los pájaros y la
belleza fugitiva de las rosas?
el Verdadero Sabio, no edifica nada, sobre nada, porque no ama nada y no
cree en nada...
y, sólo espera, en el flujo y reflujo del océano tenebroso del Tiempo,
la ola cariñosa que ha de arrebatarlo de la playa miserable de la Vida,
en la cual, tal vez, lo menos inestable, era esa arena movediza,
que hacía reír el Sueño ambicioso de los hombres.
Los hombres, sienten la necesidad de olvidar la Vida, ya que no pueden
destruirla;
de ahí, que inventen todos los laberintos de la etafísica, y alcen cielos
de Inmortalidad, con la esperanza de emigrar a ellos;
ese gesto, que busca un refugio lejos y fuera del Dolor, es hondamente
conmovedor, en su pobre Ingenuidad;
pero, ¿no veis con cuánta candidez, el Hombre, emigrando al cielo,
lo primero que lleva a él, es su Tirano?
no concibe un cielo sin Dios, es decir sin Amo;
y, no consiente en escapar de la Vida, sino a condición de llevar consigo
su cadena;
¿no tenía razón el Filósofo cuando aseguraba que la estupidez humana,
era lo único que le había dado una idea de lo Infinito?
Apresurad la caída de vuestros Ídolos;
no temáis al hacinamiento de sus ruinas;
sobre los escombros de la Metafísica, acumulados en los altos parajes del
Sentimiento, quedan aun ciertas flores de Poesía, muy pálidas, muy débiles,
pero llenas de un secreto y triste encanto, cual si en ellas hubiesen apoyado
sus alas, al partir, las ultimas Deidades;
y, es que la Metafísica, es un Ensueño;
y, de las ruinas de todo Ensueño, se escapa tal perfume de Belleza, que basta
a consolarnos de su Muerte.
Dudad;
ninguna Fe ha sido nunca tolerante;
la Duda, es la Tolerancia;
la Fe, ha levantado hogueras;
la Duda, no las levantará jamás;
toda Fe es una Tiranía, y todo creyente es un esclavo;
no creáis.
FIN
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Monday, October 3, 2011
Sunday, September 25, 2011
IX
Un ser que no estuviese contento de Sí Mismo, sería enormemente
desgraciado;
¿cómo se podría ser feliz, viviendo perpetuamente en compañía de un ser
que no se ama?
he ahí por qué, la Naturaleza, puso el Amor Propio, en el corazón del
Hombre; ese Indestructible Amor Propio, el más propio de todos los amores,
hecho para embellecer desmesuradamente la Vida.
¿No habéis visto en política, cómo ascienden ciertos hombres, sin haber
dicho nada notable, ni haber hecho nada notable?...
pues es por eso, que ascienden;
y, por eso, que son notables.
Sólo hay una mujer que tiene celos de nuestros amigos; y es la querida
de alguno de ellos, cuando llega a faltarle con nosotros;
y, ese celo, no viene de su Amor, sino del temor a nuestra Indiscreción;
vano temor, porque nosotros somos los más empeñados en guardar ese secreto,
pues sabemos que la mejor de las queridas, no vale lo que el peor de
los amigos;
suponiendo que hubiera amigos;
y, que los hubiera peores...
Criticamos siempre a las personas que son ridículas en Sociedad, sin pensar,
que sin ellas, ¿de quién nos reiríamos?
es Verdad, que existen las personas solemnes, y ésas excitan aún
mayor hilaridad;
pero hay que pensar, que a unas y a otras, les debemos gratitud, porque son
tal vez ellas, las que evitan que se rían de nosotros...
y, eso siempre es consolador.
Cuando salgo de un Espectáculo, me toco los bolsillos, para ver si llevo
mi reloj;
y, cuando salgo de una visita, me toco el cuerpo, a ver si llevo
aún mi piel;
a veces, no encuentro, sino algo que se enreda entre mis labios:
es un pedazo de la piel de otro;
es un bello sport, este sport de la Vivisección;
A la Sociedad, no nos une sino los Intereses;
a la Soledad, nos unen nuestros Pensamientos;
de ahí, que cuando descendemos de nuestra Soledad, dejamos en ella,
la parte más noble de nosotros: nuestras Ideas;
y, no llevamos a la Sociedad, sino nuestros apetitos;
y, es por eso que vamos directamente, hacia el buffet y hacia las mujeres;
las dos cosas más apetitosas que hay en Sociedad.
Enamorarse, después de que se ha llegado a cierta edad de la Vida, es entrar
por la misma puerta, en el Dolor y en el Ridículo;
pero, comprar el Amor, a esa edad, es entrar en los jardines de la Muerte,
por la más bella de las Avenidas;
en ella, todas las rosas florecen para nosotros, con tal que las paguemos;
es Verdad que el perfume de esas rosas, muy fuerte para nuestra edad,
puede matarnos;
pero, debe ser muy bello, morir ahogado por ellas, poniéndolas todas sobre
nuestros labios, ya que no es posible ponerlas todas sobre nuestro corazón;
¡ay! demasiado débil ya para sufrirlas...
La diferencia que hay entre ciertos políticos de profesión, es que los unos
lamen la escudilla después que han devorado la pitanza, y los otros no;
pero, aquellos que no la lamen, es porque tienen seguridad de que va a ser
llenada de nuevo.
Yo, he visto ciertos seres, que obligados por una posición política muy
elevada, no saben estar en ella, sino enormemente tristes;
y, he podido observar en su tristeza, cómo es en ellos, de poderosa y de
invencible, la nostalgia del fango;
esos pobres seres, son como cerdos, a quienes se desterrara en una estrella;
morirían del recuerdo del lodo;
y, del fastidio del Azul.
La resignación de ciertos maridos, quita su encanto al Adulterio; como la
fidelidad de ciertas mujeres, quita el suyo al Matrimonio.
Lo que inquieta mucho a un Hombre de Talento, en Sociedad, es lo imposible
de conocer bien a las mujeres, de las cuales se quisiera saver siempre algo
más, y lo fácil que es conocer a los hombres, de los cuales se quisiera saber
siempre, mucho menos.
Cuando veis en ciertos bailes, uno de esos grupos maravillosos de mujeres,
¿no os produce la impresión de un divino rosal, florecido sobre un
estercolero?
el suave perfume de las rosas ahoga los miasmas del estercolero...
¿sabéis por qué son tan bellas?
porque el estiércol hace florecer las rosas.
Oyendo el coro de alabanzas que envuelve a ciertas mediocridades, el Hombre
de Genio, siente necesidad de ser difamado, siquiera sea para diferenciarse
de ellas;
y, hace un gesto, un solo gesto genial, y hasta las piedras de las calles
se alzan contra él, para lapidarlo...
con la misma espontaneidad con que todas las flores de todos los jardines,
se abren para coronar a la mediocridad;
lapidado, el Genio, se ha salvado;
ya puede decir a la mediocridad coronada de rosas, lo que el Cristo a
su madre: «¿qué hay de común entre Tú y Yo?...»
El Hombre Superior, posee de tal manera su propia Consideración, que no se
preocupa nada, de buscar la de los otros;
y, la mayor parte de los hombres, buscan de tal manera la Consideración
ajena, que es permitido creer, que no poseen la suya propia.
El Matrimonio y la Academia, se parecen, en que casi todos los que entran
en ellos, los han denigrado antes mucho;
lo cual prueba, que cada quien, tiene el fin que se merece, aunque su Vanidad
le haya hecho creer que no nació para él.
El Amancebamiento, es el Paraíso del Amor, colocado a igual distancia del
Celibato, que es su Cielo, y del Matrimonio, que es su Infierno;
la Sociedad, es el Arcángel indignado, que con la espada desnuda de la moral,
prohibe a todos, la entrada a ese Paraíso;
y, las parejas que lo pueblan, son felices en esa, Soledad, dialogando
amablemente con la Serpiente y devorando las manzanas, bajo el ojo
complacido de Jehová;
ellas saben, que su Amor, durará lo que su Vida, lejos de las dos cosas que
matan el Amor: el Matrimonio y la Muerte;
y, saben, que sólo la última, podrá expulsarlos del Edén, cuando con el
último día de su Vida, hayan devorado la última manzana.
Si el Matrimonio, no se hiciera a la larga una costumbre, la mayor parte de
los casados no sabrían qué hacer del Matrimonio;
y, como el Hombre no renuncia nunca a sus malos hábitos, he ahí por qué
el hábito del Matrimonio se hace irrenunciable.
Los jóvenes, viven muy preocupados, pensando cómo será la mujer con quien
han de casarse;
eso me hace pensar en ciertos espíritus pusilánimes, que viven pensando
siempre de qué mal morirán.
En la juventud, escribimos pensando en los otros;
después escribimos pensando en nosotros;
y, eso, porque habiendo perdido toda estimación por los otros, conservamos
la estimación de nosotros mismos.
Los débiles, tratan de imponerse por la Insolencia, temerosos de que se
descubra su Cobardía, como los impotentes, son muy audaces con las mujeres,
por miedo que se descubra su debilidad.
Si sois solteros, y os preguntan las mujeres, por qué no os habéis casado,
responded inmediatamente, que porque ninguna mujer ha querido de vosotros;
eso os hará interesantísimos, y muchas os amarán, siquiera sea mentalmente,
como una víctima;
yo sé de hombres, que fingiendo Tristeza de eso, que era su sola Alegría,
llegaron a hacerse consolar divinamente, hasta sentir la Tristeza del Consuelo,
que es mil veces mayor que la Tristeza de la Soledad;
porque es lo propio de todo Amor: fundirse, no dejando en pie sino el
cadáver del Hastío.
Es triste esto de que para huir de los pícaros, tengamos que refugiarnos
entre los hombres virtuosos;
los unos, nos disgustan del Crimen, y los otros nos hacen odiosa la Virtud;
sólo en la Soledad, vivimos puros, lejos por igual del Crimen y de la Virtud;
en el terreno de la Sabiduría, donde viven las almas de Bien.
Lo que no se perdona a un gran carácter, es que no desciende nunca a honrar
lo que desprecia; y que lo desprecia, justamente por las razones por las
cuales otros lo honran.
De la Mujer, debe esperarse el Placer; pero la Dicha nunca;
el error del Hombre, está en empeñarse en esperarlos ambos;
¿por qué culpar a la Mujer de este Error?
ella, nos da el Placer, porque lo lleva en sí;
¿por qué hacerle un Crimen, de que no nos dé la Dicha, si ella no la posee,
y es también enormemente desgraciada?
De todos vuestros amigos, aquellos que os aborrecen, son los que os hacen
menos mal.
Se critica a ciertas almas, que no tengan Indulgencia para las otras; sin
pensar que la necesitan toda para ellas.
La Soledad, no es, como muchos creen, una prueba de Misantropía, sino una
prueba de Filantropía, que nos damos a nosotros mismos.
Lo que la Envidia, no perdona al Genio, es justamente, que no le deja reposo;
sus obras, se suceden tan maravillosamente, que no le deja ni tiempo de
enjugar su baba.
Si queréis que ciertos hombres no alcancen a vengarse de un beneficio que
les habéis hecho, hacedles inmediatamente una gran Injuria;
se apresurarán a perdonároslos ambos, en nombre de la Generosidad.
La razón por la cual, los chistes de ciertos Críticos, duran más que sus
libros, es porque aquéllos, no valen siquiera ni la pena de olvidarse.
Antes, se tenía la preocupación, de que los Poetas se morían de hambre;
y, es que en aquellos tiempos, los versos no se vendían;
pero, desde que los Poetas han entrado en la Política, los versos se venden
mucho, y los poetas más.
Hay políticos, que pasan por utópicos, y de los cuales se dice, que tienen
la cabeza llena de Ensueños; pero valen inmensamente más, que otros que
pasan por prácticos, porque tienen las manos llenas de sangre o las rodillas
llenas de polvo.
Si la mayoría de los hombres se conociera íntimamente, renunciaría a casarse,
por el temor de que sus hijos se les parecieran.
Los hombres, que tienen el Poder sin el Talento, no perdonan nunca a los que
tienen el Poder del Talento, que es superior a todos los poderes.
¡Cuántos que se creen por el Poder, encima de un hombre de Talento, darían
todo su Poder, por igualarlo!
Es muy difícil, casi imposible, hallar un Matrimonio, en el cual lo más
ridículo, sea la Mujer;
y, eso, porque una mujer engañada, no es nunca ridícula.
Se dice generalmente, que una mujer engañada, se hace interesante;
he ahí la sola esperanza que tienen algunas mujeres de llegar a verse
en ese estado.
Hay hombres, que viven diciendo chistes contra el Matrimonio, hasta el día
en que se casan;
ese día, se hacen tristes, porque ya no tienen de qué reír;
es el momento en que los otros comienzan a reírse de ellos.
Cuando después de un largo noviazgo, dos seres se casan, es porque se conocen
bien, y han llegado ya a despreciarse lo bastante para ello.
Se nos llama Incorregibles, cuando somos Incorruptibles;
es el solo recurso que les queda a aquellos que no han podido corregimos,
corrompiéndonos.
Las cualidades por las cuales estimamos a los otros, no son casi nunca,
aquellas por las cuales ellos se estiman;
si conociéramos estas últimas, terminaríamos casi siempre por despreciarlos.
Sin duda, que el Desprecio de los hombres, nos viene del conocimiento de
nosotros mismos;
pero, el Orgullo, nos viene de la Comparación.
Lo más difícil de un gran Talento, es conservarse puro; precisamente a causa
de su grandeza.
Yo, he observado el Silencio de ciertos hombres, y durante él, son
encantadores, porque no cometen ninguna falta contra el sentido común.
Hay hombres, que se casan después de los cincuenta años;
ésos son más valientes que Sansón; porque aquél prefirió matarse, a que le
pusieran peluca después de cortados sus cabellos.
Yo he visto un Académico a caballo; y he quedado admirado de la corrección
de ambos animales;
ninguno de los dos cometía una falta gramatical en su actitud;
no podría decir lo mismo del buen gusto, porque el de ambos era deplorable;
y, la Estética, lloraba sobre aquel grupo figurativo de la Gramática;
y, pensaba sin duda, como yo: que ambos hacían muy mala figura fuera de la
Academia.
una de las mayores tristezas del Hombre, es esta de empeñarse en hallar la
dicha fuera de Sí Mismo, sin pensar que los hombres, todos, son muy
desgraciados y no pueden compartir con los otros sino su Dolor;
la Alegría, si la tienen, apenas basta a consolarlos a ellos.
De los hombres que no son sociables, se dice que son salvajes;
ése es el destierro verbal, que la Sociedad impone, a aquellos que no han
renunciado a la Naturaleza, y no han querido violarla.
un hombre solo, no tiene que soportarse sino a Sí Mismo;
y ¡eso es ya demasiado!
Cerrar los ojos sobre las faltas de sus mujeres, es una táctica que las
mujeres agradecen a sus maridos;
pero es tal la gratitud de las mujeres, que preferirian mejor cerrarles
ellas los ojos.
Tal vez el Hombre muy amable no es el mejor Amante;
el Amor, requiere cierto grado de brusquedad, que lo redime a veces de su
bajeza.
El Amor, no es verdadero, sino cuando se celebra entre un Macho
y una Hembra; el Amor Natural; cuando se celebra entre un Hombre
y una Mujer, tiene ya mucho de ficticio: es el Amor social;
la Naturaleza y la Sociedad, se excluyen;
y, la última ha terminado por excluir el Amor;
en su lugar ha puesto: el Matrimonio.
Cuando una Mujer, elogia con pasión a un Hombre, estad seguros de que ese
Hombre, ni ha sido ni es su amante;
de lo contrario, lo denigraría;
o callaría, por temor de traicionarse.
¿Por qué las mujeres son Indescifrables?
porque ellas, que todo lo traicionan tan fácilmente, no se traicionan nunca
a Sí Mismas;
y, ésa es tal vez su única Fidelidad.
El Amor a la Gloria, es la única tontería de los Genios;
felizmente, esa tontería, como muchas otras, desaparece con la edad;
pero, si un Hombre de Genio, a los cincuenta años, cree aún en la Gloria,
es tan incurablemente tonto, que la merece.
El Escritor que cree en la Posteridad, y espera en ella, es como un Actor,
que espera el público de la última tanda; que no se diferenciará en nada
de aquel de la primera;
la Posteridad, la forman, los contemporáneos del mañana;
y, los nuestros, son bastante a disgustarnos de la Posteridad.
Cuando las mujeres jóvenes y bellas, comiencen a tomaros por confidente y
consejero... y os cuenten sus pequeñas cuitas o sus pequeños amores... ¡entristeceos!...
ha llegado la hora de retiraros del Amor.
Es muy raro que una Mujer, elija su Amante entre los amigos de su marido,
porque los sospecha iguales a él, y ésa es una gran razón para despreciarlos;
podría hasta casarse con uno de ellos, caso de enviudar;
pero, para hacer de él su Amante, las mujeres buscan siempre un Hombre que
no desprecien.
Casi ninguna mujer, es adúltera por Odio a su marido; casi todas lo son,
por desprecio a él.
Las Máximas, como los medicamentos, no pueden ser aplicadas sin
discernimiento;
una dosis de Marco Aurelio, puede hacer tanto mal como una dosis de
estricnina mal aplicada.
Los castillos de la Ilusión, tienen de malo, que se derrumban diariamente
después de habernos encantado un minuto; y, al fin de cierto tiempo, sus
ruinas acumuladas, no nos dejan ver nada, más allá de ese montón de
escombros...
el Sol, que se pone tras esas ruinas, tiene una extraña Poesía;
¡tan extraña, que nada alcanza a consolarnos de ella!
Me sorprende enormemente, que gentes que han visto el Pasado con todas sus
tristezas, y viven en las tristezas del Presente, se preocupen aún por
conocer el Porvenir;
¿en qué puede diferenciarse?
la forma de las lágrimas y la mentira de las sonrisas, siempre han de ser
las mismas;
y, en todo ese porvenir no hallaremos de nuevo sino la Muerte;
y, falta aún saber si otra vez no la hemos sufrido.
Muchas gentes que buscan la reputación, no saben que la tienen,
porque no han oído hablar a sus enemigos en público y a sus amigos en privado;
si los oyeran, se arrepentirían de tenerla.
Hay mujeres que tienen una enorme pureza de recuerdos;
y, por eso no gustan de recordar, jamás.
¿No habéis notado, que cuando se habla de la tontería de los hombres, ninguna
mujer casada sigue la conversación, y todas quedan extrañamente pensativas,
en Silencio?...
¿en qué tonterías piensan?
¿en las que han oído durante su vida conyugal?
tal vez las más sinceras piensan, que sin esa tontería de los hombres,
no habría vida conyugal...
y, agradecen en silencio, la tontería de los hombres.
Desconfiad de los que os juran siempre por su Palabra de Honor;
ésos hacen del Honor, una Palabra.
Hay gentes, que se abstienen de hacer el Mal;
pero, es únicamente, por temor de hacerlo mal.
Nadie hace dudar tanto de Dios, como las gentes que creen en él.
Cuando oigo hablar muy mal de un Hombre de Letras,
siento el deseo vehemente de conocerlo,
porque amo mucho las gentes de un gran Mérito;
y, cuando oigo hablar mucho de la Bondad de otro, esquivo siempre tratarlo;
yo no amo los pícaros, ni los tontos;
y, mucho menos, los tontos que son pícaros.
No veís con qué cuidado, durante ciertos discursos académicos, aquellos que
bostezan, se vuelven para escuchar a aquellos que roncan?...
es el contagio de la Admiración... clásica.
El Desprecio, atrae a la Mujer, como el imán a la aguja;
las mujeres tienen un gran Orgullo en vencer a aquellos, que hacen ostentación
de desdeñarlas;
y, nunca una mujer, se entrega con más pasión, que cuando ha sido
largo tiempo despreciada;
y, eso, porque se siente dos veces vil;
lo cual la levanta a sus propios ojos.
Si queréis ser agradable a vuestros amigos, habladles de sus triunfos;
y, si queréis hacerlos sufrir, habladles de los vuestros.
Es curioso observar cómo Catón, que tenía por divisa: «Necme vixisse penitet»,
terminó por matarse ante la Victoria de César;
lo cual hace pensar, que estar fuera de la Razón es la única manera de
ser razonable;
y, que para morir filosóficamente, es preciso ponerse fuera de toda Filosofía.
Haber sido, es un Pesar.
Ser, es un Dolor;
dejar de Ser, es una Esperanza;
no Ser, ésa sería la Ventura...
pero he ahí que esa Ventura, es imposible,
como todas las venturas...
El Hombre Superior, aquel que en la Soledad, mira pasar sus dolores, como
nubes vencidas de un cielo en cólera, no se digna siquiera estar triste,
porque sabe que la Tristeza, es una miseria tan augusta como inútil, y
no espera el Consuelo, porque sabe que éste es una triste Mentira,
que pide todas sus fuerzas al Olvido;
¡al Olvido! que vive siempre y no llega nunca; mientras tengamos los ojos
abiertos sobre la Vida;
¡el Olvido! que no viene nunca para consolamos y no llega sino a la hora
precisa de devorarnos;
¡el Olvido! más fuerte que la Vida, porque él es quien la sepulta;
¡el Olvido! que es el corazón de la Muerte;
¡bendito sea el Olvido!
Cuando veo a un Hombre que cree sinceramente en un Milagro, empiezo yo a
creer también, porque veo en aquel Hombre, un Milagro de Imbecilidad,
sostenido en dos pies, por un Milagro de Equilibrio.
Mientras el Imperio Omnipotente del Mal, continúe en ser absoluto sobre
la Tierra, y el Dolor, sea el solo Soberano de la Vida, continuará en ser
una comedia irritante la de los Redentores de Hombres, que en nombre de
Ideales Metafísicos, terriblemente absurdos, quieren colocar nuestra ventura
por sobre la inconsistencia de las nubes, en las manos implacables de dioses
inexistentes, de cuyas palabras irritadas, es eco su burda Superchería,
y todo con el miserable Objeto de esquilmar con más provecho, el triste
Rebaño Humano, perdido en el atardecer de su Esperanza, bajo el crepúsculo
tormentoso de un Cielo sin piedades;
todos esos Inventores de Religiones, cándidos o imperiosos, fatales y
absurdos, Confucio, Moisés, Mahoma, Jesús, ¿qué han traído al Mundo, con
su charlatanismo luminoso, sino una pirotécnica de palabras fugaces y vacías,
disparada desde las altas cimas del Sinaí de la Mentira?
¡vieja guarida de la Ignorancia, desde donde reina el león empajado de
la Divinidad, que hace temblar los hombres!...
¡Absurdo Misterioso, viejo como la Vida y el Dolor!...
ni Alá, ni Jehová, ni el Cristo, han salvado un solo Hombre, de las garras
del sufrir sobre la Tierra;
ni Alá, ni Jehová, ni el Cristo, han destruido un solo Dolor,
sobre el panorama del Mundo, que sólo vive del Dolor;
ni Alá, ni Jehová, ni el Cristo, han librado un solo Hombre de la Enfermedad,
del Dolor, ni de la Muerte;
ni contra el Mal, ni contra el Dolor, ni contra la Muerte, Alá, ni Jehová,
ni el Cristo, nada han podido...
nada...
vencidos han sido por ellos;
¿dónde entonces su Poder?
si el Mal, si el Dolor, si la Muerte, son superiores a los dioses, ¿para qué
entonces los dioses?
si esas Potencias Invencibles, los vencen a ellos, ¿dónde entonces el
estandarte de sus victorias, bajo el cual puedan ampararse los hombres?
mitos vencidos por la Fatalidad, ¿qué pueden en favor del Hombre,
tan vencido y tan miserable como ellos?...
el Cristo, nuestro pobre Cristo, dios de baturros y de esclavos, ¿qué pudo
contra las cosas malas de la Vida?;
no supo sino sufrirlas, y fué incapaz de destruirlas;
¡venía a traer la Vida y sufrió la Muerte!... ¡la Vida fué superior a él
y lo venció!; la Muerte, que él quería destruir, lo devoró...
¡pobre Cristo! fracasado, como todos los soñadores, él no pensó nunca que
su sueño de anarquista rural, insurrecto contra Roma, llegara un día a ser
tan fatal al mundo, en manos de los hombres.
Hombre o Mito, el Cristo no fué sino un Vencido;
a la sombra de su Patíbulo, floreció, más pomposo que nunca, el rosal de
los dolores; y él fué con su muerte de cordero, el último Engañador de la
Esperanza;
no hay dioses eternos, dioses verdaderos, sino el Dolor, la Mentira y
la Muerte;
ellos lo vencen y lo devoran todo: hombres y dioses;
la Vida es Implacable;
sólo la Muerte es Piadosa,
¡Bendita sea la Muerte!...
Se critica a Frauenstaedt, a Hermán, a Bahunsen,
que hayan proclamadlo el Mal Invencible y el Dolor
Inconsolable, como únicos Soberanos, de este Imperio de
Tinieblas que es la Vida;
y, yo pregunto a los legionarios de la Esperanza,
en guerra contra aquellos grandes decidores
de la Verdad;
¿habéis hallado el Bien sobre la Tierra?
dádnosrlo;
¿conocéis la Verdad?
mostrádnosla;
¿sois felices?
decidnos el secreto de la Felicidad;
pero, si no conocéis ni el Bien, ni la Verdad ni la Ventura;
si sois como nosotros, ovejas de un aprisco vencido y extraviado en la Noche;
¿de qué victorias, de cuáles venturas habláis?
si sois los prisioneros del Dolor, empujados brutalmente hacia la Muerte;
¿cómo negáis el huracán que os empuja?
¡pobres átomos llevados por el torbelino de las fuerzas hostiles, por sobre
los parajes inertes de la Vida! ¿dónde están vuestros dioses que no os salvan?
¡ay! ellos también van llevados por la misma Tempestad, hacia la Muerte...
os esperan, también hechos polvo, al lado allá de la Vida...
¿son Impostores, vuestros dioses?
no;
el Impostor es el Hombre, que puso palabras de Esperanza, sobre aquellos
labios mudos, que no dijeron nada...
La Sombra mala que se escapa de todas las cosas de la Vida y viene hacia
nosotros; entra en nosotros y reina sobre nosotros...
¿lloramos?
¿qué importan nuestras lágrimas a las tinieblas inmisericordes que nos
rodean?
todo en la Tierra llora, y la Tierra no se conmueve por eso; ella es como
una inmensa esponja, hecha para absorber las lágrimas del Hombre;
¿qué es ante la Crueldad Inmutable de la Vida, esta licuación del alma
adolorida que se escapa por nuestros ojos? una secreción de nuestros
lagrimales, que los ojos sin lágrimas del Destino Inexorable, que nos
hace llorar, no quieren ver;
¿gemimos?
¿qué es ante esos cielos mudos sin acústica, nuestro débil gemido?
algo insonoro, indiferente en la Noche Eterna;
algo que no conmueve las alturas ni llega a ellas, algo como el quejido
de una fiera, el canto de un pájaro, el arrullo de una paloma, el murmullo
de una fuente...
un ruido más en la Soledad llena de ruidos...
nada... nada... nada...
¿a qué quejamos?
¿a quién?...
millones de millones de hombres han sufrido antes que nosotros, han llorado
antes que nosotros, se han quejado antes que nosotros, y han muerto antes
que nosotros...
y, la Naturaleza no se ha conmovido...
millones de millones de hombres, sufren, lloran, gimen y mueren ahora,
bajo la mirada indiferente y atónita del Sol...
y, nada se conmueve;
millones y millones de hombres nacerán mañana, sufrirán, llorarán, gemirán
y morirán como nosotros...
y, las entrañas de la Tierra no se conmoverán por ellos...
la Tierra nos produce y nos devora, con igual Indiferencia;
miremos hacia la Tierra;
¡oh! cómo la Vida es Mala...
¿qué sabes tú, pobre gusano, arrastrándote en
las tinieblas hacia el Sepulcro? ¿qué sabes tú lo que
es la Vida? ¿qué entiendes tú por Mal?
calla, sufre, y muere;
ése es tu Destino;
cúmplelo.
Los espiritualistas, los mejoristas, los optimsitas no son sino
discípulos más o menos auténticos del doctor Panglós;
en el fondo, románticos miedosos, que cantan el Himno de la Vida,
como los pastores que regresan en la noche, cantan al atravesar un bosque;
para espantar el Miedo;
el Miedo a la Muerte, que es la única Certidumbre de estos Filósofos,
que sonríen plácidamente, porque tienen Miedo de llorar...
Sostienen los positivistas, que el Hombre, no desea
sino «lo que tiene Realidad»;
he ahí por qué la Vida es un Deseo, que no se sacia jamás.
No hay Filosofía, sino Filósofos;
o mejor dicho: Temperamentos Filosóficos;
cada quien, tiene la filosofía de su propio temperamento;
¿veis ese Hombre graso, obtuso, ruidoso, beatifico en su Bestialidad
Triunfadora?
ese Hombre tiene el cerebro en el vientre, ¿qué queréis que sea ese Hombre,
sino un Optimista?
¿veis ese otro, mediocre, pusilánime, incapaz del propio esfuerzo, víctima
de los temblores convulsivos del Miedo? ése es un Providencialista; ése
confiará a Dios la misión de vivir por él;
¿aquel otro, insubstancial, lascivo, soñador, débil en el fondo, dado a
bordar sus sueños en las nubes? ése será un espiritualista;
¿ese otro, altivo, perspicaz, desdeñoso, aristócrata de espíritu, refinado
de gustos, ironista paradojal, con una alta mentalidad y un corazón pequeño?
un Escéptico;
¿y, ese otro, triste como una montaña en la noche, cerrado a toda consolación;
misántropo por anti-filantropía, rencoroso por amor, ciego de haber visto
mucho, algo, como el Águila de Júpiter muriendo de Hipocondría? un Pesimista;
¿y, aquel otro, enorme y superior, de vastos vuelos mentales;como de águila
solar, lleno de un tenebroso amor por los seres, y de un Odio ciego a la
Vida que los devora; matador de dioses, que ha decapitado todas las
divinidades, y vencedor de ellas ha hecho de sus restos un trono, y se ha
sentado sobre él, Invencible, Solitario y Soñador?
¡amante y hermano de la Muerte!
¿es un dios?
no;
es demasiado justo para serlo;
es más que un dios;
es un Ateo.
desgraciado;
¿cómo se podría ser feliz, viviendo perpetuamente en compañía de un ser
que no se ama?
he ahí por qué, la Naturaleza, puso el Amor Propio, en el corazón del
Hombre; ese Indestructible Amor Propio, el más propio de todos los amores,
hecho para embellecer desmesuradamente la Vida.
¿No habéis visto en política, cómo ascienden ciertos hombres, sin haber
dicho nada notable, ni haber hecho nada notable?...
pues es por eso, que ascienden;
y, por eso, que son notables.
Sólo hay una mujer que tiene celos de nuestros amigos; y es la querida
de alguno de ellos, cuando llega a faltarle con nosotros;
y, ese celo, no viene de su Amor, sino del temor a nuestra Indiscreción;
vano temor, porque nosotros somos los más empeñados en guardar ese secreto,
pues sabemos que la mejor de las queridas, no vale lo que el peor de
los amigos;
suponiendo que hubiera amigos;
y, que los hubiera peores...
Criticamos siempre a las personas que son ridículas en Sociedad, sin pensar,
que sin ellas, ¿de quién nos reiríamos?
es Verdad, que existen las personas solemnes, y ésas excitan aún
mayor hilaridad;
pero hay que pensar, que a unas y a otras, les debemos gratitud, porque son
tal vez ellas, las que evitan que se rían de nosotros...
y, eso siempre es consolador.
Cuando salgo de un Espectáculo, me toco los bolsillos, para ver si llevo
mi reloj;
y, cuando salgo de una visita, me toco el cuerpo, a ver si llevo
aún mi piel;
a veces, no encuentro, sino algo que se enreda entre mis labios:
es un pedazo de la piel de otro;
es un bello sport, este sport de la Vivisección;
A la Sociedad, no nos une sino los Intereses;
a la Soledad, nos unen nuestros Pensamientos;
de ahí, que cuando descendemos de nuestra Soledad, dejamos en ella,
la parte más noble de nosotros: nuestras Ideas;
y, no llevamos a la Sociedad, sino nuestros apetitos;
y, es por eso que vamos directamente, hacia el buffet y hacia las mujeres;
las dos cosas más apetitosas que hay en Sociedad.
Enamorarse, después de que se ha llegado a cierta edad de la Vida, es entrar
por la misma puerta, en el Dolor y en el Ridículo;
pero, comprar el Amor, a esa edad, es entrar en los jardines de la Muerte,
por la más bella de las Avenidas;
en ella, todas las rosas florecen para nosotros, con tal que las paguemos;
es Verdad que el perfume de esas rosas, muy fuerte para nuestra edad,
puede matarnos;
pero, debe ser muy bello, morir ahogado por ellas, poniéndolas todas sobre
nuestros labios, ya que no es posible ponerlas todas sobre nuestro corazón;
¡ay! demasiado débil ya para sufrirlas...
La diferencia que hay entre ciertos políticos de profesión, es que los unos
lamen la escudilla después que han devorado la pitanza, y los otros no;
pero, aquellos que no la lamen, es porque tienen seguridad de que va a ser
llenada de nuevo.
Yo, he visto ciertos seres, que obligados por una posición política muy
elevada, no saben estar en ella, sino enormemente tristes;
y, he podido observar en su tristeza, cómo es en ellos, de poderosa y de
invencible, la nostalgia del fango;
esos pobres seres, son como cerdos, a quienes se desterrara en una estrella;
morirían del recuerdo del lodo;
y, del fastidio del Azul.
La resignación de ciertos maridos, quita su encanto al Adulterio; como la
fidelidad de ciertas mujeres, quita el suyo al Matrimonio.
Lo que inquieta mucho a un Hombre de Talento, en Sociedad, es lo imposible
de conocer bien a las mujeres, de las cuales se quisiera saver siempre algo
más, y lo fácil que es conocer a los hombres, de los cuales se quisiera saber
siempre, mucho menos.
Cuando veis en ciertos bailes, uno de esos grupos maravillosos de mujeres,
¿no os produce la impresión de un divino rosal, florecido sobre un
estercolero?
el suave perfume de las rosas ahoga los miasmas del estercolero...
¿sabéis por qué son tan bellas?
porque el estiércol hace florecer las rosas.
Oyendo el coro de alabanzas que envuelve a ciertas mediocridades, el Hombre
de Genio, siente necesidad de ser difamado, siquiera sea para diferenciarse
de ellas;
y, hace un gesto, un solo gesto genial, y hasta las piedras de las calles
se alzan contra él, para lapidarlo...
con la misma espontaneidad con que todas las flores de todos los jardines,
se abren para coronar a la mediocridad;
lapidado, el Genio, se ha salvado;
ya puede decir a la mediocridad coronada de rosas, lo que el Cristo a
su madre: «¿qué hay de común entre Tú y Yo?...»
El Hombre Superior, posee de tal manera su propia Consideración, que no se
preocupa nada, de buscar la de los otros;
y, la mayor parte de los hombres, buscan de tal manera la Consideración
ajena, que es permitido creer, que no poseen la suya propia.
El Matrimonio y la Academia, se parecen, en que casi todos los que entran
en ellos, los han denigrado antes mucho;
lo cual prueba, que cada quien, tiene el fin que se merece, aunque su Vanidad
le haya hecho creer que no nació para él.
El Amancebamiento, es el Paraíso del Amor, colocado a igual distancia del
Celibato, que es su Cielo, y del Matrimonio, que es su Infierno;
la Sociedad, es el Arcángel indignado, que con la espada desnuda de la moral,
prohibe a todos, la entrada a ese Paraíso;
y, las parejas que lo pueblan, son felices en esa, Soledad, dialogando
amablemente con la Serpiente y devorando las manzanas, bajo el ojo
complacido de Jehová;
ellas saben, que su Amor, durará lo que su Vida, lejos de las dos cosas que
matan el Amor: el Matrimonio y la Muerte;
y, saben, que sólo la última, podrá expulsarlos del Edén, cuando con el
último día de su Vida, hayan devorado la última manzana.
Si el Matrimonio, no se hiciera a la larga una costumbre, la mayor parte de
los casados no sabrían qué hacer del Matrimonio;
y, como el Hombre no renuncia nunca a sus malos hábitos, he ahí por qué
el hábito del Matrimonio se hace irrenunciable.
Los jóvenes, viven muy preocupados, pensando cómo será la mujer con quien
han de casarse;
eso me hace pensar en ciertos espíritus pusilánimes, que viven pensando
siempre de qué mal morirán.
En la juventud, escribimos pensando en los otros;
después escribimos pensando en nosotros;
y, eso, porque habiendo perdido toda estimación por los otros, conservamos
la estimación de nosotros mismos.
Los débiles, tratan de imponerse por la Insolencia, temerosos de que se
descubra su Cobardía, como los impotentes, son muy audaces con las mujeres,
por miedo que se descubra su debilidad.
Si sois solteros, y os preguntan las mujeres, por qué no os habéis casado,
responded inmediatamente, que porque ninguna mujer ha querido de vosotros;
eso os hará interesantísimos, y muchas os amarán, siquiera sea mentalmente,
como una víctima;
yo sé de hombres, que fingiendo Tristeza de eso, que era su sola Alegría,
llegaron a hacerse consolar divinamente, hasta sentir la Tristeza del Consuelo,
que es mil veces mayor que la Tristeza de la Soledad;
porque es lo propio de todo Amor: fundirse, no dejando en pie sino el
cadáver del Hastío.
Es triste esto de que para huir de los pícaros, tengamos que refugiarnos
entre los hombres virtuosos;
los unos, nos disgustan del Crimen, y los otros nos hacen odiosa la Virtud;
sólo en la Soledad, vivimos puros, lejos por igual del Crimen y de la Virtud;
en el terreno de la Sabiduría, donde viven las almas de Bien.
Lo que no se perdona a un gran carácter, es que no desciende nunca a honrar
lo que desprecia; y que lo desprecia, justamente por las razones por las
cuales otros lo honran.
De la Mujer, debe esperarse el Placer; pero la Dicha nunca;
el error del Hombre, está en empeñarse en esperarlos ambos;
¿por qué culpar a la Mujer de este Error?
ella, nos da el Placer, porque lo lleva en sí;
¿por qué hacerle un Crimen, de que no nos dé la Dicha, si ella no la posee,
y es también enormemente desgraciada?
De todos vuestros amigos, aquellos que os aborrecen, son los que os hacen
menos mal.
Se critica a ciertas almas, que no tengan Indulgencia para las otras; sin
pensar que la necesitan toda para ellas.
La Soledad, no es, como muchos creen, una prueba de Misantropía, sino una
prueba de Filantropía, que nos damos a nosotros mismos.
Lo que la Envidia, no perdona al Genio, es justamente, que no le deja reposo;
sus obras, se suceden tan maravillosamente, que no le deja ni tiempo de
enjugar su baba.
Si queréis que ciertos hombres no alcancen a vengarse de un beneficio que
les habéis hecho, hacedles inmediatamente una gran Injuria;
se apresurarán a perdonároslos ambos, en nombre de la Generosidad.
La razón por la cual, los chistes de ciertos Críticos, duran más que sus
libros, es porque aquéllos, no valen siquiera ni la pena de olvidarse.
Antes, se tenía la preocupación, de que los Poetas se morían de hambre;
y, es que en aquellos tiempos, los versos no se vendían;
pero, desde que los Poetas han entrado en la Política, los versos se venden
mucho, y los poetas más.
Hay políticos, que pasan por utópicos, y de los cuales se dice, que tienen
la cabeza llena de Ensueños; pero valen inmensamente más, que otros que
pasan por prácticos, porque tienen las manos llenas de sangre o las rodillas
llenas de polvo.
Si la mayoría de los hombres se conociera íntimamente, renunciaría a casarse,
por el temor de que sus hijos se les parecieran.
Los hombres, que tienen el Poder sin el Talento, no perdonan nunca a los que
tienen el Poder del Talento, que es superior a todos los poderes.
¡Cuántos que se creen por el Poder, encima de un hombre de Talento, darían
todo su Poder, por igualarlo!
Es muy difícil, casi imposible, hallar un Matrimonio, en el cual lo más
ridículo, sea la Mujer;
y, eso, porque una mujer engañada, no es nunca ridícula.
Se dice generalmente, que una mujer engañada, se hace interesante;
he ahí la sola esperanza que tienen algunas mujeres de llegar a verse
en ese estado.
Hay hombres, que viven diciendo chistes contra el Matrimonio, hasta el día
en que se casan;
ese día, se hacen tristes, porque ya no tienen de qué reír;
es el momento en que los otros comienzan a reírse de ellos.
Cuando después de un largo noviazgo, dos seres se casan, es porque se conocen
bien, y han llegado ya a despreciarse lo bastante para ello.
Se nos llama Incorregibles, cuando somos Incorruptibles;
es el solo recurso que les queda a aquellos que no han podido corregimos,
corrompiéndonos.
Las cualidades por las cuales estimamos a los otros, no son casi nunca,
aquellas por las cuales ellos se estiman;
si conociéramos estas últimas, terminaríamos casi siempre por despreciarlos.
Sin duda, que el Desprecio de los hombres, nos viene del conocimiento de
nosotros mismos;
pero, el Orgullo, nos viene de la Comparación.
Lo más difícil de un gran Talento, es conservarse puro; precisamente a causa
de su grandeza.
Yo, he observado el Silencio de ciertos hombres, y durante él, son
encantadores, porque no cometen ninguna falta contra el sentido común.
Hay hombres, que se casan después de los cincuenta años;
ésos son más valientes que Sansón; porque aquél prefirió matarse, a que le
pusieran peluca después de cortados sus cabellos.
Yo he visto un Académico a caballo; y he quedado admirado de la corrección
de ambos animales;
ninguno de los dos cometía una falta gramatical en su actitud;
no podría decir lo mismo del buen gusto, porque el de ambos era deplorable;
y, la Estética, lloraba sobre aquel grupo figurativo de la Gramática;
y, pensaba sin duda, como yo: que ambos hacían muy mala figura fuera de la
Academia.
una de las mayores tristezas del Hombre, es esta de empeñarse en hallar la
dicha fuera de Sí Mismo, sin pensar que los hombres, todos, son muy
desgraciados y no pueden compartir con los otros sino su Dolor;
la Alegría, si la tienen, apenas basta a consolarlos a ellos.
De los hombres que no son sociables, se dice que son salvajes;
ése es el destierro verbal, que la Sociedad impone, a aquellos que no han
renunciado a la Naturaleza, y no han querido violarla.
un hombre solo, no tiene que soportarse sino a Sí Mismo;
y ¡eso es ya demasiado!
Cerrar los ojos sobre las faltas de sus mujeres, es una táctica que las
mujeres agradecen a sus maridos;
pero es tal la gratitud de las mujeres, que preferirian mejor cerrarles
ellas los ojos.
Tal vez el Hombre muy amable no es el mejor Amante;
el Amor, requiere cierto grado de brusquedad, que lo redime a veces de su
bajeza.
El Amor, no es verdadero, sino cuando se celebra entre un Macho
y una Hembra; el Amor Natural; cuando se celebra entre un Hombre
y una Mujer, tiene ya mucho de ficticio: es el Amor social;
la Naturaleza y la Sociedad, se excluyen;
y, la última ha terminado por excluir el Amor;
en su lugar ha puesto: el Matrimonio.
Cuando una Mujer, elogia con pasión a un Hombre, estad seguros de que ese
Hombre, ni ha sido ni es su amante;
de lo contrario, lo denigraría;
o callaría, por temor de traicionarse.
¿Por qué las mujeres son Indescifrables?
porque ellas, que todo lo traicionan tan fácilmente, no se traicionan nunca
a Sí Mismas;
y, ésa es tal vez su única Fidelidad.
El Amor a la Gloria, es la única tontería de los Genios;
felizmente, esa tontería, como muchas otras, desaparece con la edad;
pero, si un Hombre de Genio, a los cincuenta años, cree aún en la Gloria,
es tan incurablemente tonto, que la merece.
El Escritor que cree en la Posteridad, y espera en ella, es como un Actor,
que espera el público de la última tanda; que no se diferenciará en nada
de aquel de la primera;
la Posteridad, la forman, los contemporáneos del mañana;
y, los nuestros, son bastante a disgustarnos de la Posteridad.
Cuando las mujeres jóvenes y bellas, comiencen a tomaros por confidente y
consejero... y os cuenten sus pequeñas cuitas o sus pequeños amores... ¡entristeceos!...
ha llegado la hora de retiraros del Amor.
Es muy raro que una Mujer, elija su Amante entre los amigos de su marido,
porque los sospecha iguales a él, y ésa es una gran razón para despreciarlos;
podría hasta casarse con uno de ellos, caso de enviudar;
pero, para hacer de él su Amante, las mujeres buscan siempre un Hombre que
no desprecien.
Casi ninguna mujer, es adúltera por Odio a su marido; casi todas lo son,
por desprecio a él.
Las Máximas, como los medicamentos, no pueden ser aplicadas sin
discernimiento;
una dosis de Marco Aurelio, puede hacer tanto mal como una dosis de
estricnina mal aplicada.
Los castillos de la Ilusión, tienen de malo, que se derrumban diariamente
después de habernos encantado un minuto; y, al fin de cierto tiempo, sus
ruinas acumuladas, no nos dejan ver nada, más allá de ese montón de
escombros...
el Sol, que se pone tras esas ruinas, tiene una extraña Poesía;
¡tan extraña, que nada alcanza a consolarnos de ella!
Me sorprende enormemente, que gentes que han visto el Pasado con todas sus
tristezas, y viven en las tristezas del Presente, se preocupen aún por
conocer el Porvenir;
¿en qué puede diferenciarse?
la forma de las lágrimas y la mentira de las sonrisas, siempre han de ser
las mismas;
y, en todo ese porvenir no hallaremos de nuevo sino la Muerte;
y, falta aún saber si otra vez no la hemos sufrido.
Muchas gentes que buscan la reputación, no saben que la tienen,
porque no han oído hablar a sus enemigos en público y a sus amigos en privado;
si los oyeran, se arrepentirían de tenerla.
Hay mujeres que tienen una enorme pureza de recuerdos;
y, por eso no gustan de recordar, jamás.
¿No habéis notado, que cuando se habla de la tontería de los hombres, ninguna
mujer casada sigue la conversación, y todas quedan extrañamente pensativas,
en Silencio?...
¿en qué tonterías piensan?
¿en las que han oído durante su vida conyugal?
tal vez las más sinceras piensan, que sin esa tontería de los hombres,
no habría vida conyugal...
y, agradecen en silencio, la tontería de los hombres.
Desconfiad de los que os juran siempre por su Palabra de Honor;
ésos hacen del Honor, una Palabra.
Hay gentes, que se abstienen de hacer el Mal;
pero, es únicamente, por temor de hacerlo mal.
Nadie hace dudar tanto de Dios, como las gentes que creen en él.
Cuando oigo hablar muy mal de un Hombre de Letras,
siento el deseo vehemente de conocerlo,
porque amo mucho las gentes de un gran Mérito;
y, cuando oigo hablar mucho de la Bondad de otro, esquivo siempre tratarlo;
yo no amo los pícaros, ni los tontos;
y, mucho menos, los tontos que son pícaros.
No veís con qué cuidado, durante ciertos discursos académicos, aquellos que
bostezan, se vuelven para escuchar a aquellos que roncan?...
es el contagio de la Admiración... clásica.
El Desprecio, atrae a la Mujer, como el imán a la aguja;
las mujeres tienen un gran Orgullo en vencer a aquellos, que hacen ostentación
de desdeñarlas;
y, nunca una mujer, se entrega con más pasión, que cuando ha sido
largo tiempo despreciada;
y, eso, porque se siente dos veces vil;
lo cual la levanta a sus propios ojos.
Si queréis ser agradable a vuestros amigos, habladles de sus triunfos;
y, si queréis hacerlos sufrir, habladles de los vuestros.
Es curioso observar cómo Catón, que tenía por divisa: «Necme vixisse penitet»,
terminó por matarse ante la Victoria de César;
lo cual hace pensar, que estar fuera de la Razón es la única manera de
ser razonable;
y, que para morir filosóficamente, es preciso ponerse fuera de toda Filosofía.
Haber sido, es un Pesar.
Ser, es un Dolor;
dejar de Ser, es una Esperanza;
no Ser, ésa sería la Ventura...
pero he ahí que esa Ventura, es imposible,
como todas las venturas...
El Hombre Superior, aquel que en la Soledad, mira pasar sus dolores, como
nubes vencidas de un cielo en cólera, no se digna siquiera estar triste,
porque sabe que la Tristeza, es una miseria tan augusta como inútil, y
no espera el Consuelo, porque sabe que éste es una triste Mentira,
que pide todas sus fuerzas al Olvido;
¡al Olvido! que vive siempre y no llega nunca; mientras tengamos los ojos
abiertos sobre la Vida;
¡el Olvido! que no viene nunca para consolamos y no llega sino a la hora
precisa de devorarnos;
¡el Olvido! más fuerte que la Vida, porque él es quien la sepulta;
¡el Olvido! que es el corazón de la Muerte;
¡bendito sea el Olvido!
Cuando veo a un Hombre que cree sinceramente en un Milagro, empiezo yo a
creer también, porque veo en aquel Hombre, un Milagro de Imbecilidad,
sostenido en dos pies, por un Milagro de Equilibrio.
Mientras el Imperio Omnipotente del Mal, continúe en ser absoluto sobre
la Tierra, y el Dolor, sea el solo Soberano de la Vida, continuará en ser
una comedia irritante la de los Redentores de Hombres, que en nombre de
Ideales Metafísicos, terriblemente absurdos, quieren colocar nuestra ventura
por sobre la inconsistencia de las nubes, en las manos implacables de dioses
inexistentes, de cuyas palabras irritadas, es eco su burda Superchería,
y todo con el miserable Objeto de esquilmar con más provecho, el triste
Rebaño Humano, perdido en el atardecer de su Esperanza, bajo el crepúsculo
tormentoso de un Cielo sin piedades;
todos esos Inventores de Religiones, cándidos o imperiosos, fatales y
absurdos, Confucio, Moisés, Mahoma, Jesús, ¿qué han traído al Mundo, con
su charlatanismo luminoso, sino una pirotécnica de palabras fugaces y vacías,
disparada desde las altas cimas del Sinaí de la Mentira?
¡vieja guarida de la Ignorancia, desde donde reina el león empajado de
la Divinidad, que hace temblar los hombres!...
¡Absurdo Misterioso, viejo como la Vida y el Dolor!...
ni Alá, ni Jehová, ni el Cristo, han salvado un solo Hombre, de las garras
del sufrir sobre la Tierra;
ni Alá, ni Jehová, ni el Cristo, han destruido un solo Dolor,
sobre el panorama del Mundo, que sólo vive del Dolor;
ni Alá, ni Jehová, ni el Cristo, han librado un solo Hombre de la Enfermedad,
del Dolor, ni de la Muerte;
ni contra el Mal, ni contra el Dolor, ni contra la Muerte, Alá, ni Jehová,
ni el Cristo, nada han podido...
nada...
vencidos han sido por ellos;
¿dónde entonces su Poder?
si el Mal, si el Dolor, si la Muerte, son superiores a los dioses, ¿para qué
entonces los dioses?
si esas Potencias Invencibles, los vencen a ellos, ¿dónde entonces el
estandarte de sus victorias, bajo el cual puedan ampararse los hombres?
mitos vencidos por la Fatalidad, ¿qué pueden en favor del Hombre,
tan vencido y tan miserable como ellos?...
el Cristo, nuestro pobre Cristo, dios de baturros y de esclavos, ¿qué pudo
contra las cosas malas de la Vida?;
no supo sino sufrirlas, y fué incapaz de destruirlas;
¡venía a traer la Vida y sufrió la Muerte!... ¡la Vida fué superior a él
y lo venció!; la Muerte, que él quería destruir, lo devoró...
¡pobre Cristo! fracasado, como todos los soñadores, él no pensó nunca que
su sueño de anarquista rural, insurrecto contra Roma, llegara un día a ser
tan fatal al mundo, en manos de los hombres.
Hombre o Mito, el Cristo no fué sino un Vencido;
a la sombra de su Patíbulo, floreció, más pomposo que nunca, el rosal de
los dolores; y él fué con su muerte de cordero, el último Engañador de la
Esperanza;
no hay dioses eternos, dioses verdaderos, sino el Dolor, la Mentira y
la Muerte;
ellos lo vencen y lo devoran todo: hombres y dioses;
la Vida es Implacable;
sólo la Muerte es Piadosa,
¡Bendita sea la Muerte!...
Se critica a Frauenstaedt, a Hermán, a Bahunsen,
que hayan proclamadlo el Mal Invencible y el Dolor
Inconsolable, como únicos Soberanos, de este Imperio de
Tinieblas que es la Vida;
y, yo pregunto a los legionarios de la Esperanza,
en guerra contra aquellos grandes decidores
de la Verdad;
¿habéis hallado el Bien sobre la Tierra?
dádnosrlo;
¿conocéis la Verdad?
mostrádnosla;
¿sois felices?
decidnos el secreto de la Felicidad;
pero, si no conocéis ni el Bien, ni la Verdad ni la Ventura;
si sois como nosotros, ovejas de un aprisco vencido y extraviado en la Noche;
¿de qué victorias, de cuáles venturas habláis?
si sois los prisioneros del Dolor, empujados brutalmente hacia la Muerte;
¿cómo negáis el huracán que os empuja?
¡pobres átomos llevados por el torbelino de las fuerzas hostiles, por sobre
los parajes inertes de la Vida! ¿dónde están vuestros dioses que no os salvan?
¡ay! ellos también van llevados por la misma Tempestad, hacia la Muerte...
os esperan, también hechos polvo, al lado allá de la Vida...
¿son Impostores, vuestros dioses?
no;
el Impostor es el Hombre, que puso palabras de Esperanza, sobre aquellos
labios mudos, que no dijeron nada...
La Sombra mala que se escapa de todas las cosas de la Vida y viene hacia
nosotros; entra en nosotros y reina sobre nosotros...
¿lloramos?
¿qué importan nuestras lágrimas a las tinieblas inmisericordes que nos
rodean?
todo en la Tierra llora, y la Tierra no se conmueve por eso; ella es como
una inmensa esponja, hecha para absorber las lágrimas del Hombre;
¿qué es ante la Crueldad Inmutable de la Vida, esta licuación del alma
adolorida que se escapa por nuestros ojos? una secreción de nuestros
lagrimales, que los ojos sin lágrimas del Destino Inexorable, que nos
hace llorar, no quieren ver;
¿gemimos?
¿qué es ante esos cielos mudos sin acústica, nuestro débil gemido?
algo insonoro, indiferente en la Noche Eterna;
algo que no conmueve las alturas ni llega a ellas, algo como el quejido
de una fiera, el canto de un pájaro, el arrullo de una paloma, el murmullo
de una fuente...
un ruido más en la Soledad llena de ruidos...
nada... nada... nada...
¿a qué quejamos?
¿a quién?...
millones de millones de hombres han sufrido antes que nosotros, han llorado
antes que nosotros, se han quejado antes que nosotros, y han muerto antes
que nosotros...
y, la Naturaleza no se ha conmovido...
millones de millones de hombres, sufren, lloran, gimen y mueren ahora,
bajo la mirada indiferente y atónita del Sol...
y, nada se conmueve;
millones y millones de hombres nacerán mañana, sufrirán, llorarán, gemirán
y morirán como nosotros...
y, las entrañas de la Tierra no se conmoverán por ellos...
la Tierra nos produce y nos devora, con igual Indiferencia;
miremos hacia la Tierra;
¡oh! cómo la Vida es Mala...
¿qué sabes tú, pobre gusano, arrastrándote en
las tinieblas hacia el Sepulcro? ¿qué sabes tú lo que
es la Vida? ¿qué entiendes tú por Mal?
calla, sufre, y muere;
ése es tu Destino;
cúmplelo.
Los espiritualistas, los mejoristas, los optimsitas no son sino
discípulos más o menos auténticos del doctor Panglós;
en el fondo, románticos miedosos, que cantan el Himno de la Vida,
como los pastores que regresan en la noche, cantan al atravesar un bosque;
para espantar el Miedo;
el Miedo a la Muerte, que es la única Certidumbre de estos Filósofos,
que sonríen plácidamente, porque tienen Miedo de llorar...
Sostienen los positivistas, que el Hombre, no desea
sino «lo que tiene Realidad»;
he ahí por qué la Vida es un Deseo, que no se sacia jamás.
No hay Filosofía, sino Filósofos;
o mejor dicho: Temperamentos Filosóficos;
cada quien, tiene la filosofía de su propio temperamento;
¿veis ese Hombre graso, obtuso, ruidoso, beatifico en su Bestialidad
Triunfadora?
ese Hombre tiene el cerebro en el vientre, ¿qué queréis que sea ese Hombre,
sino un Optimista?
¿veis ese otro, mediocre, pusilánime, incapaz del propio esfuerzo, víctima
de los temblores convulsivos del Miedo? ése es un Providencialista; ése
confiará a Dios la misión de vivir por él;
¿aquel otro, insubstancial, lascivo, soñador, débil en el fondo, dado a
bordar sus sueños en las nubes? ése será un espiritualista;
¿ese otro, altivo, perspicaz, desdeñoso, aristócrata de espíritu, refinado
de gustos, ironista paradojal, con una alta mentalidad y un corazón pequeño?
un Escéptico;
¿y, ese otro, triste como una montaña en la noche, cerrado a toda consolación;
misántropo por anti-filantropía, rencoroso por amor, ciego de haber visto
mucho, algo, como el Águila de Júpiter muriendo de Hipocondría? un Pesimista;
¿y, aquel otro, enorme y superior, de vastos vuelos mentales;como de águila
solar, lleno de un tenebroso amor por los seres, y de un Odio ciego a la
Vida que los devora; matador de dioses, que ha decapitado todas las
divinidades, y vencedor de ellas ha hecho de sus restos un trono, y se ha
sentado sobre él, Invencible, Solitario y Soñador?
¡amante y hermano de la Muerte!
¿es un dios?
no;
es demasiado justo para serlo;
es más que un dios;
es un Ateo.
Saturday, September 17, 2011
VIII
El más glorioso y más lamentable ejemplo del naufragio inevitable, de los
Genios Enciclopédicos, ha sido el de aquel luminoso, portentoso, y
tormentoso: Leonardo de Vinci;
tal vez un ejemplar más completo de Hombre, y una más radiosa flor de
Humanidad, no han aparecido jamás bajo la mirada cariñosa del Sol,
estupefacto de ver tanta grandeza;
genio múltiple y sonoro, como los rayos de una Tempestad;
río enorme, de cosas sabias y profundas, corriendo por entre una selva
obscura de revelaciones;
cada una de las facetas de ese astro, sería bastante para hacer un Sol;
y, cada uno de los afluentes de ese río, sería bastante caudaloso para
formar un mar;
¿por qué ni hizo un firmamento de su Genio, ni hizo profunda su Ciencia
como un Océano?
por su Enciclopedismo;
la funesta manía, que hace la Esterilidad y el fracaso de ciertos Genios:
complejo y estupefaciente, su Esterilidad se me aparece en razón directa de
su Enormidad.
Ingeniero; ¿dónde están sus construcciones?...
calculador de la Aviación, ¿dónde están sus dirigibles?
escritor de balística, ¿quién lo toma hoy en cuenta?
inventor de cañones, hoy sonreiría ante su Ciencia, el último fundidor
de Krupp;
constructor de Fortalezas, ¿cuáles han subsistido? ¿dónde están?...
ni el polvo de una ruina atestigua su existencia;
modelador de estatuas, ¿cuál nos deja? el peso de la mediocridad aplastó
el esfuerzo estéril de sus manos;
¿dónde, pues, la raíz y la fuerza y el esplendor de su Genio?
en la Pintura;
es el autor de la «Cena» y el de «Mona Lisas» el que entra en la Inmortalidad
por todas las condiciones que hacen excelso su Arte: la delicadeza, unida a
la Fuerza, la Sugestión y el Ensueño y aquel enorme soplo de Verismo,
encadenado por las manos suaves de la más deliciosa Idealidad;
¿se me hablará de otros cuadros?
nadie moriría sobre la fe de su autenticidad;
¿la «Anunciación»? figura entre los suyos, pero es obra del Verrocchio,
que fué su Maestro;
¿la «Virgen de las Rocas»? pintado bajo su dirección, pero obra de Ambrogio
de Predio, su discípulo;
la «Bella Ferroniere», de dudosa autenticidad; tanto, que ni el Vasari,
quiere catalogarla entre las suyas;
pero, ¿tiene necesidad de disputar cuadro algimo a las riquezas de ninguna
pictórica, ni a las contingencias precarias del tiempo, aquel Artista Único,
que inmortalizó el alma hipotética de la Mujer, en las facciones de la
«Gioconda»?
¿y, grabó todo el Enigma, en aquellos labios de Silencio Pérfido?
¡qué cuadro!
¡qué armonía del paisaje psíquico y el medio pictorico!
aquel horizonte de aguas y de nubes, movible como el alma femenina;
aquellas montañas caóticas y volcánicas, como un cerebro de mujer en celo;
y, la figura central de «Mona Lisa» emergiendo del cuadro, llena de tinieblas
interiores, tinieblas engañosas de placidez, como toda profundidad; ideal y
sensual, soñadora y turbadora, el más extraño y enigmático rostro humano,
que haya surgido del cerebro de un Hombre, a la caricia de un pincel;
y, aquellas manos largas, diáfanas, de un blanco azuloso de linos, sin
venazones aparentes, cual si no sangre, sino un licor de Inmortalidad
circulara por ellas; cruzadas, no sobre el pecho, como los santos extáticos
de Palma o Ghirlandaio, sino sobre el vientre como si acariciara en él, su
propia Lujuria, aprisionándola;
el seno combado, y el cuello de una gracilidad azucénica, formando entre
los dos una armonía de ánfora;
qué rayo de Pureza, y que tiniebla de Voluptuosidad, qué misticismo de
Ensueño, y qué hálito de calmado Deseo bestial, en el terciopelo felino de
los ojos abismales, y, sin embargo, serenos...lagos de oro, que el Sol
del Misterio baña de irradiaciones indescifrables!
y, los labios sinuosos, como una serpiente en marcha, y sobre ellos la flor
pálida de esa Sonrisa que es como el Salterio del Enigma.
¿el retrato de una mujer?
no;
el Alma, de la Mujer, prisionera en un retrato;
haber aprisionado el Alma de la Mujer, bajo su garra de león, y habérnosla
revelado: he ahí la Gloria de Vinci;
y, ésa, su Inmortalidad es;
cuando se ha producido una Obra así, se tiene el derecho de pedir el Olvido
para las otras;
las obras disminuyen la Obra;
¿qué importan a Vinci sus otros cuadros?
al Hombre que hubiese hecho el Sol, ¿qué le importaría haber creado las estrellas?...
Cuando Bergson, dice: «la tendencia a individualizarse es combatida por
todas partes por la tendencia a subsistir», plantea, aun sin pretenderlo,
los términos imperiosos del conflicto entre la Especie y el Individuo que
ha sido la palpitación del Drama Social, en el corazón de todos los siglos...
el conflicto de la Hora actual;
la Especie, es decir, la Sociedad, tendiendo a destruir el Individuo,
devorándolo o eliminándolo...
los débiles, pereciendo; alimento al gran Vientre Social;
los fuertes, resistiendo;
máquinas de Rebelión;
unos, contra Todo.
Sociedad y Rebelión.
Estado y Anarquía;
la Eterna Lucha...
¡Roma y Espartaco!
¡el Mundo antiguo y Jesús!...
¿quién vencerá?
¿qué importó ayer, qué importará mañana, esta lucha estéril,
al Tiempo y al Espacio?
¿qué queda de Roma Cesárea?
un montón de ruinas;
¿y de Espartaco?... un Nombre...
¿del Paganismo? un puñado de polvo;
¿de Jesús? una fábula prendida como un harapo a un madero sín prestigio...
fantasmas desaparecidos, apenas recordados por otros fantasmas, prontos
a desaparecer...
caprichos de las nubes sobre un lago;
sombras sobre la Sombra de la Vida.
Eso de hablar de las «ruinas de la Estética», como lo hacen algunos, no pasa
de ser un juego de palabras, con el cual, se ha querido hablar, sin duda,
de la ruina de los «Sistemas Estéticos», puestos en boga por todos los
estetógrafos, desde Platón, a Brandés y de Kralik hasta Guyau;
¿que Baumgarten y Kant, Fichte y Hégel, Winckelmann y Lessing, Hégel y
Ruskin, hayan fracasado en sus pretensiones de alzar Sistemas Estéticos y
barricadas de Doctrinas en torno a la Belleza y al Arte, no significa nunca
que el Arte y la Belleza, es decir, la Estética, haya sido vencida con esas
derrotas, ni muerta al lado de esos sectarios;
la Estética, ha quedado pura del humo de esas batallas, lidiadas bajo sus
muros, como el Sol no ha tenido nunca que sufrir de las batallas que la
barbarie de los hombres ha lidiado bajo la égida de sus rayos;
el Arte, es Inmortal;
y, el Sectarismo estrecho de los Hombres puede discutirlo, pero no matarlo.
Los fracasados, no perdonan a los que triunfan, porque les hacen sombra.
y, no perdonan a los que fracasan, porque les hacen competencia;
huíd de los fracasados, no por su Odio, que nada puede, sino por su
admiración, que es un fracaso;
y, eso porque el fracaso es un contagio y el Ridículo es el peor de los
fracasos;
exasperad el Odio de los fracasados;
eso os asegura el no fracasar jamás.
Hay ocasiones, en que para huir, se necesita de un gran Valor, y para vencer,
es necesaria una gran Cobardía;
y, eso, refiérese a los combates del Amor, en los cuales, huir es salvarse,
y vencer es ser vencido.
A los Hombres de Fortuna, se les perdona fácilmente no tener Talento;
y, a los Hombres de Talento, no se les perdona el no tener Fortuna;
y, eso, porque siendo la Fortuna una casualidad, y el Talento un Mérito,
la mayoría de los hombres espera en esa Casualidad y no pueden aspirar a ese
Mérito;
de ahí que a sus ojos, la Fortuna lo explica todo; y el Talento no disculpa
nada.
Las mujeres y los Poetas, no tienen amigos, ni enemigos;
no admiten sino Admiradores o Rivales...
En sociedad, hablamos siempre de la Virtud, por miedo a que llegue a hablarse
de nuestros vicios;
y, porque aplaudir la Virtud, nos da cierto aire de poseerla;
y, parecer virtuoso, nos priva del fastidio de serlo.
La diferencia entre la Razón y la Pasión, está, en que la Razón conoce sus
Errores y no puede destruirlos;
y, la Pasión los ignora, y por eso los destruye.
una pequeña Pasión, basta para hacemos ciegos;
y, mil pequeñas virtudes, no alcanzan a iluminamos.
Son más, las veces que quisiéramos no pensar, que aquellas en que deseáramos
hacerlo, porque casi siempre, el Recuerdo es un tormento, y nunca tiene
el encanto de aquel suave lenitivo que llamamos: el Olvido.
Hay tanta nobleza, en la actitud de ciertas mujeres, que tememos insultarlas
con nuestros deseos;
y, hay tantos deseos, en la actitud de otras, que tememos ofenderlas con
nuestra nobleza;
y, eso, porque la Mujer ama el Respeto, a condición que éste no mate el deseo;
y, en Amor, el Respeto exagerado, se confunde fácilmente con el Desprecio.
Nos es siempre más sensible, el fracaso de un Ensueño, que el fracaso de una
Realidad;
y, eso, porque las Realidades son siempre dolorosas, y en nuestros Ensueños,
ponemos todo el encanto de la Ilusión, y a veces toda la Ilusión de nuestra
vida;
Casi nunca, un Gran Sabio, es un Gran Genio, porque el Sabio tiene límites,
y el Genio no;
el Sabio, sabe; y el Genio, crea;
el Sabio, se ha enriquecido con el Pensamiento de los otros;
y, el Genio, enriquece a los otros, con su propio Pensamiento.
Con un oído atento hacia el Pasado, escuchamos la voz de los Oráculos;
y, con el otro atento al Porvenir, creemos escuchar la voz de los Enigmas;
y, así llegamos a la tumba, sin que los unos nos hayan dicho la Verdad,
ni los otros nos hayan revelado sus secretos;
y, vamos a reposarnos en el seno de la Muerte, donde los Oráculos y
los Enigmas hacen reír el rostro de los muertos.
Dos sentimientos se disputan por igual, el Imperio de nuestro corazón en la
edad madura: la vergüenza de haber adorado algo; y la tristeza de no adorar
ya nada;
Nuestra Vida es hecha de bajezas, es decir, de adoraciones;
y, así, cuando ya hemos quemado todos los Ídolos, y de sus cenizas no
queremos saber nada, llegamos a la cima de la Adoración, y nos adoramos
a nosotros mismos;
y, ¿qué adoramos en nosotros?
el fantasma de todas nuestras adoraciones.
Dios, se nos aparece como perfecto, porque le damos todas nuestras
perfecciones, es decir, todas nuestra miserias;
si él existiese realmente, ¿qué pensaría, al verse adornado así, con todos
nuestros harapos?
tal vez nos los devolvería, en un vestido de Absoluta Misericordia;
a veces, es una tristeza que Dios no exista;
su existencia, iluminaría acaso la nuestra, de un resplandor de felicidad...;
el Bien y el Mal, no coexistirían entonces en la Vida.
Dios, ¿sería el Bien?
Dios, ¿sería el Mal?
pero;
¿qué cosa es el Bien?
¿qué cosa es el Mal?
¡palabras sin sentido, como Dios!...
Hay pocos seres en la Vida, que merezcan nuestro Amor Absoluto;
pero, hay menos aún, que merezcan nuestro Odio;
el Amor Absoluto, no se da siempre; pero el Odio,si no es Absoluto,no se da;
nosotros, podemos descender hasta el Amor de otro; pero, en Odio,
es necesario que los otros asciendan hasta él;
el Odio, es una pasión muy alta, mil veces más alta que el Amor;está más
allá de las cimas de la Adoración;
el Odio, es una Pasión ardiente y solitaria,como el Sol;
tal vez, no hay sino uno, en una Vida, y llena todos sus horizontes...
y, al declinar esa Vida, fatigada de Amores, no se encuentra, inmóvil,
en las cimas de su soledad,sino el cadáver petrificado de una águila: el Odio;
¿a quién?
tal vez al Único ser a quien hubiéramos amado;
tal vez el Único que amamos;
porque el Odio es el Amor, no ciego, sino cegado por un deslumbramiento;
el Odio, es el Amor Maldito.
Dios, odió a Satán...
y, al proscribirlo del Cielo, proscribió su corazón...
todo el corazón del Odio, palpita en este drama de la Mitología Celeste;
porque sólo el corazón de un Dios, sería capaz de contener todo el Odio sin
romperse...
sólo por el Odio puede concebirse a Dios...
El Valor Brutal, oculta la Visión de la Muerte;
el Heroísmo, la embellece sin ocultarla;
el bruto valeroso, cae en la Muerte, como en una emboscada;
el Héroe, va a ella, como a una Victoria;
nada hay menos heroico que el Valor Brutal;
y, la cima del Valor, es ser Heroico;
el Valor Brutal, es un ímpetu;
el Heroísmo, es una Reflexión;
por eso, el Heroísmo, es una Virtud;
el Valor Brutal, es un Instinto;
el Hombre, es Heroico;
el bruto, es valeroso...
no comparéis a Catón, con un tigre del desierto.
Toda la vida de un espectáculo, está en los ojos del espectador;
toda la Belleza de una Obra, está en la Belleza interior de aquel que
la contempla;
toda sugestión de Arte, es una auto-sugestión de nuestro sentido artístico;
cada quien, tiene, el Arte de su propio temperamento;
y, ama el Arte con él;
y, lo siente según él;
pero hay Obras, que comunican el Entusiasmo, aun a los inertes;
y, dan el contagio del Horror y de la admiración a un corazón de mármol...
de todas las sensaciones de la Vida, inclusive la del Amor, ninguna es
comparable al divino estremecimiento que os produce la contemplación de una
Obra Maestra;
¿cómo las Artes plásticas, las Artes inertes, pueden hablar con voces mudas
a nuestro corazón, y ejercer sobre él, sugestiones tan extrañas?
que la Música os venza, os arrebate, os haga suyos y prisioneros de ella,
sintáis vuestro corazón diluirse en sonidos y en lágrimas...
que la Elocuencia os cautive, y deslumhrados, sigáis tras su estruendosa
trayectoria, como prendidos a la cauda de un cometa...
se concibe: son artes expresivas...
pero, que la piedra muda y sin entrañas, conmueva las vuestras, y os diga
cosas desconocidas, hasta haceros sollozar...
que, la Victoria de Samotracia, con sus alas abiertas bajo el azul sereno,
despierte todos los heroísmos ancestrales de vuestro corazón, hecho enorme,
como si fuese el de otro Leónidas, y grandes golpes bélicos sintáis, venidos
de esas alas inmóviles, y clarines guerreros os asorden, como tocados por
esos labios de piedra...
¡cómo el esplendor impoluto del mármol, radioso en su prístina densidad;
cómo el ritmo suave o violento de las líneas, que corren por la materia
soberana como un estremecimiento de alma; cómo las proporciones, que se
dirían sinfónicas — tal es la euritmia que guardan entre sí—; cómo la Obra,
divinizada en su tipo supremo de Belleza, se apodera de todas las fuentes
sensitivas y emotivas de la Vida y os posee, os sojuzga, os absorbe y os suma
en sí, con tal poder de compenetración, que para dejar de admirar y dejar de
sufrir, sería preciso perecer!
cuando os halláis frente al grupo de Laocoon, en el Museo Vaticano,
¿no sentís la sensación del Horror, subiros en ondas mudas hasta el corazón,
y la angustia oprimiros la garganta, hasta llegar a sentir la impresión fría
y bascosa, de ser estrangulados por las mismas víperas de piedra, que trituran
al sumo sacerdote y a sus hijos?...
y, oís, oís el ronco gemir que parece escaparse de aquellos labios
entreabiertos...
y, abandonado el grupo trágico, tardáis en serenaros;
tan poderosa es así la sugestión de la piedra...
¿sois susceptibles al encanto de la grandeza profética?
¿amáis el caporalato mental y los grandes conductores del Rebaño Humano?
contemplad con mirada serena, si es posible, esa alta figura de Profeta,
que es el Moisés, de Miguel Ángel;
toda la Belleza Bestial y Magnífica, de un Pastor de Hombres, está allí;
viendo esa barba de río y esa frente de cabro, y esos ojos de dios,
¿no creéis ver salir por esos labios imperiosos, con un rumor de tempestad,
toda las filacterias del Deuteronomio, y brillar en esos ojos sin pupilas,
los rayos inmisericordes del Sinaí?...
en esos ojos vela el incendio, y en esos labios duerme el trueno;
¿amáis la Belleza que reside en las subtiles curvas de la Vida, en esa
ánfora de penumbras y de llamas, de sensualidades espiritualizadas, en ese
divino paisaje hecho de perla y sol, que se llama el cuerpo de una Mujer?
os hago gracia de la Venus de Milo, que en su desnudo camarín del Louvre,
despierta la satiriasis de los yankees contemplativos, y parece con sus ojos
ausentes llorar sus brazos perdidos, porque quisiera estrangular con ellos,
a los que así la contemplan, con ojos de cerdo amante;
la de Gnido, la silencio;
¿la de Médicis? también;
¿pero, la de Cánovas? ¿cómo silenciar, esa alta e inefable flor del mármol,
en que Cánovas evocó e hizo palpitar desnuda, la Belleza radiosa de Paulina
Bonaparte?
tal esplendor de Belleza, os ciega; y os hace como abstemios de Deseos;
comprendéis el ascetismo del Arte;
el fakirismo estético entra en vosotros;
y, aspiráis a disolveros en la Belleza, como en un río de Eternidad...
el mármol, os ha hecho dioses.
Todo, en un Espíritu Superior, debe tener un nivel muy alto: todo, hasta el
Desprecio;
debajo de nuestro Desprecio, debe haber mucha gente: pero, entonces,
principia para nosotros un nuevo deber: el de ignorarla;
ciertos grados de bajeza, imponen límites a todo: hasta al Castigo;
podemos herir a nuestros adversarios, mientras están a la altura de
nuestras manos;
podemos castigar a nuestros enemigos, cuando llegan siquiera a la altura
de nuestros pies;
más abajo, no;
más abajo, está ya: la Impunidad.
Sólo los hombres que se olvidan de la Muerte, hacen grandes cosas en la Vida;
porque es pensando en lo inevitable del Morir, que se nos revela lo estéril
del Vivir;
¿quién, que tiene la certidumbre de ser vencido, ensaya dar un paso en
la batalla?
No basta amar la Gloria, es preciso merecerla;
es a causa de esta Indignidad, que muchos vencedores, fracasaron en pleno
Triunfo;
la Victoria, no es la Gloria.
El verdadero Amo de Hombres, no mata sus vicios, sino que los educa;
y, una vez dominados los suyos, puede ya dominar los de los otros;
porque;
¿qué otra cosa es un Dominador de Hombres, sino un Explotador de vicios
Humanos?
toda Tiranía, es un lenocinio.
El secreto del verdadero Solitario, es no estar nunca solo en su Soledad,
aun cuando no haya nadie en torno de él;
y, permanecer absolutamente solo en Sociedad, cuando hay todo un mundo
en torno a él;
y, eso, porque su Imperio Espiritual, sólo está abierto al halago y al poder
de sus creaciones.
¿Queréis, no pasar por Decadente, en el sentido que el rencor de la
Ignorancia da a esa palabra?
no os preocupéis siquiera de estudiar la significación de ella, ni lo que
en la Literatura del momento, decir pudiera;
ignorarla es la ciencia de todos los que la aplican;
ése, es el maxnordismo de los monos;
hablad contra los decadentes, englobando en el ulraje de esa palabra, a todos
los hombres de Genio de vuestra época;
eso os hará pasar por hombre de talento, ante aquellos que no tienen ninguno,
y os darán patente de cultura, aquellos que más la necesitan;
siendo enemigos de los hombres de Genio, se os puede conceder alguno;
en esa legión de vencidos, que la Envidia recluta en los bajos fondos del
literaturaje impotente, si queréis ser algo, denigrad de los que son alguien;
entre aquéllos, insultar la Gloria es la sola manera de ser glorioso...
insultadla;
en ese estadio de fámulos, denigrar los Triunfadores, es el único triunfo
posible;
triunfad;
llamadlos decadentes;
así seréis un enemigo de todo Genio;
es decir: un Decaído.
Yo he visto, hombres, apaleados por su mujer, que hacen ostentación de amar
a su mujer;
y, he visto, hombres, atropellados por la Vida, que hacen ostentación de
amar la Vida;
ambos tienen lo que merecen;
en amar a una mujer, que es cruel, puede haber la disculpa de la Sexualidad;
pero, para amar la vida, que es hostil; ¿será bastante disculpa la Debilidad?
¿qué forma de decoro posible, subsiste en este loco amor?...
¿no habéis visto los cerdos, felices en la piara, orgullosos del fango que
los cubre, sobre cuya capa nauseabunda, hace el sol, resplandores de librea?
¿no recordáis el esclavo de que habla Apuleyo, que puesto en libertad,
no quiso abandonar su ergástula, y prefirió ser devorado en ella por las
ratas, antes que dejar el encanto de su cadena?
así la Naturaleza para no despoblar su piara, dió a la mayoría de los
Hombres, los instintos del cerdo, y los de aquel esclavo;
¿por qué extrañar que esas dos miserias reunidas den ese producto, netamente
humano: un Hombre que ama la Vida?
Yo he leído últimamente, autores lombrosianos, que prediciendo el triunfo
absoluto de la Democracia, anuncian en su nombre, la futura extinción del
Genio;
desde luego, ellos son demócratas;
y, por su predicción, se ve claramente, que no están amenazados de esa
extinción;
pero, sonriendo de estos extraños aduladores de la Plebe mental, pienso
que su Profecía, es semejante a la de un Astrónomo, que en nombre de la
multiplicación de las estrellas, predijera la próxima extinción del Sol;
siempre habrá firmamento, y en el firmamento habrá astros;
y, sobre ellos, el Sol;
siempre habrá Intelectualidad, y en ella se centuplicarán los talentos,
y brillarán los talentos;
y, sobre ellos:
el Genio...
el Genio no morirá;
he ahí lo que engendra la raza vindicativa de esos Profetas, que eclipsados
y vencidos por el Genio, se conforman con anunciar su muerte;
y, gozan, como si realmente se la dieran;
verdugos por sugestión.
Este vivir mal y en la zozobra, ¿a qué ha de conducimos, sino a morir mal y
en el Miedo?;
esto de no contar la Vida entre las cosas serviles, causa es de que caigamos
bajo su Servidumbre, y la amemos hasta temer dejarla;
si talmente adoramos la cadena, ¿cómo no temblar ante la idea de que algo
nos la rompa?
y, he ahí cómo la Vida, de aquel que ama la Vida, es un temblor continuo;
tiembla de vivir;
y, tiembla de morir;
y, no deja de temblar sino para caer bajo el golpe del hacha que lo hipnotiza;
¡triste vivir el de aquel que ama el vivir!;
porque eso es, morir todas las horas.
¿Qué pueden contra él, los enemigos de un Genio, mientras no le roben el
Genio?;
todos tienen necesidad de otros para combatir;
el Genio, no;
he ahí el único Conquistador que no necesita soldados para vencer;
combate solo y vence solo;
y, todos, aun aquellos que lo niegan, son esclavos de su Victoria.
Esto de vivir en Soledad, nos aleja del comercio de los necios;
pero ¡ay! no logra libramos de las necedades del comercio;
¿dónde huir de las tarjetas postales, los álbumes, los gramófonos y
los reporteros?;
ellos atacarán vuestra Soledad, y no pudiendo violarla, terminarán por
calumniarla...
y, huyendo hacia el desierto, terminaréis por veros reproducidos en un
Cinematógrafo: como Tolstoï...
Muchas gentes, llegan hasta la Soledad de un Genio, seguras de encontrar
simplemente un Genio;
eso, las divierte;
pero, si sucede, que en el Genio, encuentran además un Hombre Honrado...;
eso, no las divierte;
ser un Genio, es ya una cosa Intolerable;
¿pero, ser un Genio Honrado?...
eso es dos veces: Abominable;
he ahí por qué, un Genio, que no es un charlatán, debe alzar otra soledad
por sobre su soledad y refugiarse en ella con su Honradez, lejos de todo
vestigio de la Admiración.
En la primera parte de nuestra vida, seducimos a las mujeres;
en la segunda época, las corrompemos;
y, es sin duda a causa de eso, que en la tarde de la Vida, se inspiran las
más violentas pasiones...
porque lo que se quiere agotar en nosotros, no es ya nuestro Amor, que vale
poco, sino nuestra experiencia, que vale mucho;
es la hora de las Insatisfechas.
El que tiene una querida le paga el lujo;
y, el que va a una casa de citas, se paga un lujo;
y, se da el caso, de que en la casa de citas, se pueda darse el lujo, de
tener aquellas, a quienes otros pagan el lujo;
resueltamente, en un solterón de edad, esta cuestión del Amor, es una
cuestión de lujo;
y, a veces, no es sino eso: un lujo.
En la juventud, nos desvivimos por interesar a las mujeres;
y, en la edad madura, las quisiéramos menos interesadas;...
pero, no es posible.
Todas las ironías son posibles contra el Matrimonio; menos contra el
Matrimonio por Amor;
y, eso, porque hacer chistes contra la Locura, no es ya Ironía, es una
Impiedad;
Casi siempre, hacer una visita, es una preferencia de nuestro Aburrimiento;
fatigados de aburrimos, vamos a que otros nos aburran;
y , terminamos por aburrirlos a ellos;
porque el Verbo Aburrir, es un Verbo Social;
la Sociedad, no sería sino la conjugación del Verbo: aburrir, si para
divertirse, no hubiera inventado la Conjugación del verbo, murmurar;
eso, no es más divertido;
pero, es más humano;
y, hay un gran encanto en ver la ferocidad de las mujeres, exasperada hasta
el orgasmo, devorar con lentitudes felinas, la reputación de las otras...
los antiguos, tenían el Circo;
los modernos, tienen los salones;
y, éstos, son más discretos...
todo se ha refinado, hasta la Crueldad;
pero, ¿no es verdad que hoy las fieras son más bellas?
y, tal vez más inteligentes;
tal vez...
Hay gente, que acumula veneno en un Salón, y va a inocularlo en otro;
y, no se apercibe, que ese veneno, lo ha extraído del Desprecio que ha
inspirado en ambos salones;
el Hombre, es la única víbora que tiene los cascabeles en la lengua.
El Hombre, es siempre injusto con la Mujer que ha dejado de amarlo;
le perdona todo el tiempo de comicidad en que le ha profesado, o le ha
fingido el Amor;
y, no le perdona el momento de Sinceiidad, en que por primera vez, le revela
su corazón, haciéndole comprender que ya no lo ama...
he ahí, el momento en que el Hombre debería caer de rodillas ante esa alma,
que se revela y lo liberta de la Mentira...
pero, el Hombre no quiere ser libertado;
la Mentira, es su atmósfera;
y, por eso ama siempre ser engañado, es decir: ser amado.
A veces, creo que a los millonarios, les faltan muchas cosas y tal vez no les
sobran sino los millones;
una gran fortuna, vista desde adentro, tal vez es algo muy triste;
como todas las victorias;
y, sin embargo: ¿quién no ha deseado esa tristeza?
quizá los millonarios.
Lo propio del Amor, es no ser sino un juego de Amor propio.
Un favor que se os hace como protección, pierde todos los derechos de la
Amistad, y por ende los de la Gratitud;
la Mendicidad, no tiene corazón.
Podemos estimar a una persona sin darle nuestra Amistad;
pero, no podemos retirar a una persona nuestra Amistad, dejándole nuestra
estimación;
a no ser que nos declaremos indignos de poseer esa Amistad.
Con las mujeres, la Urbanidad es poco, la Complacencia es todo;
porque en Admiración, como en Amor, la Mujer no los admite sino Absolutos;
de ahí, que su aproximación sea siempre una Servidumbre;
huirla o sufrirla: he ahí el dilema;
pero, ¿huirla, no es una manera de sufrirla?
sí;
sin el beneficio de gozarla.
Ciertas personas, deberían comprender, que si no las contamos entre nuestros
enemigos, es por respeto a nosotros mismos;
que es la única forma de respeto que ellas pueden inspirar.
Un Poeta, podrá perdonaros el no haberlo elogiado;
pero, no os perdonará nunca, haber elogiado a otro.
El espectáculo de un Hombre Honrado, es bastante — en nuestros días—,
a apartar a cualquiera del camino de la Honradez;
los gobiernos, deberían retirar de la publicidad, los pocos hombres honrados
de su tiempo, para que a la vista de su miseria, la juventud no llegue a
apercebirse de que la Honradez y la Lepra, se diferencian únicamente, en que
la Lepra inspira Piedad, y la Honradez no inspira sino risa, pero ambas tienen
de común, que todos huyen de ellas.
Se critica a ciertos escritores, la preciosidad de los vocablos y el culto
al epíteto raro;
porque odian los lugares comunes, se hacen todos los lugares comunes contra
ellos;
y, los que hacen los diccionarios, no perdonan a aquellos que los agotan;
porque el talento de un Académico, está en odiar todo lo raro;
sin duda porque nada hay más raro, que el talento en un Académico.
No escupáis al rostro de ciertos hombres; tendríais que limpiar vuestra
saliva con el pie;
y, ellos lo aprovecharían para besároslo;
respetad vuestras secreciones.
Hay maridos, que si perdieran su mujer, morirían;
¿de Dolor?
no;
de Vida Sedentaria; porque perdiendo su mujer perderían el único motivo que
los hacía escapar de casa.
La Penitencia, es la última Voluptuosidad del Pecado;
y, la más fuerte.
Las mujeres, no tienen de bueno sino lo que ocultan;
y, cuando ya no lo ocultan, deja de ser bueno.
Todos sostienen, que el matrimonio es un estado;
sí: un estado de desesperación.
Hay muchas Almas que llevan la Virtud hasta el Amor;
pero hay bien pocas que lleven el Amor, hasta la Virtud.
¡Cuántas almas se embarcarían para la Felicidad, seguras de llegar a ella,
si pudiesen hacer la travesía, por el mar silencioso del Olvido!
Cuando oigo decir, que a un Héroe, le saltaron el cerebro en un combate,
estoy tentado a negarlo, diciendo: «Si hubiese tenido cerebro, no habría ido
al combate»;
pero, pienso que en mi juventud, yo mismo, fui a los combates, y que vi morir
en ellos a hombres de gran cerebro;
y, me explico estos sombríos y heroicos dramas de acerebración;
y, he terminado por tener una gran Piedad, por estos combates del cerebro,
en que el cerebro está ya herido, antes de que lo rompan en el combate.
No sentir el amor de Padre, es un gran ahorro de cuidados y de tristezas;
lo que debe ser cruel, es no haber bebido en esa fuente de todas las
dulzuras, que es el amor de hijo;
porque cuando se ha visto el gesto del Amor, en el rostro de su Madre, ya
en los demás rostros no se ve sino la mueca del Amor;
sólo la Madre es el Amor;
los demás... son los Amores.
Aunque no se haya sufrido el Amor, es necesario decir que se ha sentido,
porque la sociedad perdona que se le engañe, pero no perdona a un Hombre
que no haya sido engañado jamás.
Oiréis decir con frecuencia, que ciertos hombres, han descendido del Poder;
ésa es la última mentira, de sus últimos aduladores;
esos hombres, no subieron nunca al Poder; fué el Poder, el que descendió
hasta ellos.
El Amor, es una gran tristeza, para las almas delicadas; y un gran placer,
para aquellas que no lo son.
Hay gentes tan pertinazmente honradas, que no sólo practican la Honradez,
sino que creen en ella.
Si después de cierto tiempo de matrimonio, oís decir que un Hombre está aún
enamorado de su Mujer, estad seguros de que es, porque ha logrado hacer de
ella su querida;
eso tiene el aire de una Paradoja, y es una diaria Verdad;
es más fácil, llegar a hacer de una querida su Mujer, que lograr hacer de
su Mujer, una querida;
ese alto grado de encanto en el Amor, sólo lo saben poseer ciertas mujeres,
que habrían sido queridas adorables.
El Silencio ocasional de ciertos hombres, no proviene de que no tengan nada
que decir, sino de que no tienen pretexto para mentir;
y, hablar para no mentir, les parece una Abdicación;
la Verdad, sería un disfraz, tras el cual, ellos mismos no se reconocerían.
Hay matrimonios sin Amor, que no se han hecho sino por amor al Matrimonio;
he ahí el sport del Tedio;
en ese estado de somnolencia comatosa, el Amor debe ser una digestión
muy lenta.
La desgracia de los hombres de letras, está, en que preocupados de asegurarse
la Inmortalidad, no se ocupan de asegurarse la Vida;
se mueren de hambre, por el hambre de no morir;
y, no teniendo qué comer en el presente, se encargan de devorar el futuro...
y, se alimentan con los laureles del porvenir;
he ahí por dónde, todo Genio tiene algo de herbívoro...
devoradores de hipótesis.
El Elogio, en ciertas épocas, y prodigado por ciertos hombres, es la última
forma de la Difamación;
la Gloria que ellos disciernen, es la Picota;
los que a ella llegan, pierden todo, menos el Honor, porque los que han
provocado o aceptado esos elogios no han tenido nunca Honor.
Los hombres que han sido muy afortunados en Amor, terminan siempre por
casarse, porque creen con este pequeño infortunio, desarmar la suerte,
celosa de su Felicidad;
y, sólo logran sacrificar su Felicidad, al temor del Infortunio.
A una querida muy joven, tenéis que enseñarle muchas cosas, y no os agradece
nada;
y, una querida otoñal, os enseña muchas cosas, y os lo agradece todo...
decidíos por la segunda;
es un remanso de mar;
con ella se habla de las tempestades, pero no se sufren;
y, eso, os asegura el placer de la navegación, sin los riesgos del naufragio.
En asuntos de Amor, hay que fingir ser deshonesto, para no correr el riesgo
de ser despreciado;
porque la honradez, es una Virtud, que las mujeres aman mucho en sus
maridos y desprecian profundamente en los otros hombres.
Si los Hombres de Genio, van alguna vez a Sociedad, es precisamente,
para extremar su Soledad.
En Sociedad, el defecto que menos se perdona, es el Genio;
felizmente, muy rara vez, la Sociedad tiene que ocuparse de perdonarlo;
porque como es un defecto social, no aparece nunca en la Sociedad.
Hay un Talento llamado social, que es precisamente, aquel que no tienen
casi nunca los hombres de Talento.
Cuando hace mucho tiempo que se es desgraciado, se pierde la noción del
Tiempo; pero no la del Dolor.
No todos hacen una locura al casarse;
la generalidad, lo que hace, es otra tontería;
y, eso, porque el número de los locos, es siempre menor que el de los tontos.
La Soledad, es un preservativo contra la Vulgaridad;
pero no lo es contra la Celebridad, que es una de las cosas más vulgares.
La Soledad, se conquista por grados, como toda altura;
el amor a la Soledad, crece a medida que el amor a la Humanidad disminuye;
y, entre sufrir la Humanidad o huir de ella, el Sabio, opta por esto último;
y, entra en la Soledad.
Yo encontré un mal escritor, un escritor fracasado, que no tenía Envidia, y
fincaba su orgullo en eso;
lo miré persistentemente, casi con admiración, porque tuve la seguridad de
haber contemplado la más rara variedad de la Especie Humana;
después, supe que era loco, y había enloquecido de Envidia, a causa de sus
fracasos;
y, con la Razón, había perdido la Envidia;
ése fué su último fracaso.
El que escapa de los salones, para ir a otros lugares de placer, no creáis
que lo hace por buscar la mala compañía;
no;
lo hace por escapar de la peor.
Los cortesanos, aman de tal manera las cruces, que muchos se casan, por
tener aunque sea ésa;
sólo, que acontece, que de ese Calvario, lo más pesado para ellos, no es
la Cruz, sino... la corona.
Las mujeres, que casi todas tienen un gran gusto por los versos, no tienen
ninguno por la Poesía;
y eso, porque como la Poesía es la Belleza, ellas que no aman otra Belleza
que la suya, ven en la Poesía, una rival;
en tanto, que en los versos, ven un adorno, que las hace pasar fácilmente
por letradas, diciendo cosas que la mayoría de las veces, no tienen que ver
nada con las letras.
No hay nadie más enemigo de los grandes estilistas, que aquellos que no
tienen estilo;
y, no cesan de recomendar con Halevy, el lenguaje simple;
que es sin duda, el más adaptado para decir simplezas;
desde luego, ellos usan el estilo simple;
y, no es el estilo lo más simple que tienen.
La Nostalgia, es la forma de Patriotismo más poética y la más inofensiva;
eso no quiere decir, que no tenga, como toda Sentimentalidad una gran dosis
de ridículo;
y, hay gente que muere de eso...
Para elogiar, se necesita mucho más talento que para denigrar, porque un
cumplido mal hecho, produce peor efecto que un insulto; y , no se puede
castigar.
Se critica con frecuencia, que hablemos bien de nosotros mismos, sin pensar,
que si hiciéramos lo contrario, apareceríamos haciéndoles la competencia
a nuestros amigos;
y, a veces... a nuestros enemigos.
Ciertos poetas bucólicos, a lo Tíbulo, tienen la envidiable propiedad de
hastiarnos de tal modo de los campos, que no nos atrevemos a salir de nuestro
gabinete de trabajo;
y, de tal manera logran disgustarnos de los rebaños; que no queremos ver un
cordero, ni siquiera en asado;
gente hay, que toma odio a su manta, temiendo que sea hecha con la lana de
una oveja de Teócrito;
hay quien no tolera el rebaño de Virgilio, sino en coteletas;
yo lo prefiero en Églogas.
Los espíritus muy profundos, no son dados a la Ironía: las plantas no
florecen hacia las raíces.
Cuando una mujer ha dejado de amarnos, nos apresuramos a aborrecerla;
pero, ¡ay!: es por temor de olvidarla.
Los conductores de pueblos, han sido siempre hombres de hechos, no hombres
de palabras;
las muchedumbres, ansiosas de vencer y de glorificarse, no piden razones,
sino acciones;
una batalla, las seduce más que un libro;
la palabra, convence;
el hecho, vence;
las muchedumbres, no gustan de ser convencidas, sino de ser conducidas;
saben que son un instrumento, y besan la mano que las maneja; aunque esa
mano las rompa.
Un Sabio, es siempre un espíritu muy limitado;
tiene la Ciencia por metros cúbicos;
y, por eso desarrolla en profundidad, lo que le falta en extensión.
Quitar a otro su Libertad, es renunciar vilmente a la suya; porque no hay
más torpe Esclavitud, que la de ser Jefe de esclavos.
Encauzar su Esfuerzo, es trazar una línea recta hacia el Triunfo.
La Religiosidad, es la Sensualidad de las almas débiles; y la última Lujuria
de las almas debilitadas;
en espíritus de monjes y de anacoretas, la Religiosidad, es el orgasmo de
la Voluptuosidad; y el Humanismo, es el Onanismo reventando en flor;
el alma religiosa, en exasperación, ya no piensa: ama;
la Fe, se hace Lujuria;
el Éxtasis, es el coito estéril con la Divinidad; las nupcias con un Fantasma;
la cópula agotante y tenaz de un ser que ha agotado todos los vicios de la
Soledad, y siente aún el ímpetu de besos inacabables...;
misticismo, tribadismo, masoquismo, sadismo, flores del mismo jardín de la
Lascivia, rosas del mismo rosal de la Locura, formas de la Sexualidad
exasperada...
es por esa fiebre paranoide, inacabable, que Santa Teresa de Jesús, es
hermana postuma de Safo;
y, San Antonio, el eremita, es un antecesor del Marqués de Sade...
todos, santos de una misma Santidad: la del Amor;
y, mártires del mismo Martirologio: la Lujuria.
El Poeta, tiene el culto de la Música Verbal;
y, el Pensador, tiene el culto de la Belleza Ideal;
de ahí, que el Genio, sea aquel en el cual residen un Pensador y un Poeta;
y cuyas frases, pletóricas de Pensamiento, van llenas de divina Melodía;
¡enormes águilas líricas empenachadas de rosas, abiertas sus alas rojas y
musicales hechas en la fragua del Sol.
El Cientificismo, que ha sucedido con su dogmatismo escueto, al dogmatismo
ya vencido de las Religiones, como el racionalismo socrático sucedió en
Grecia al dionisianismo heroico, y a la serena visión apolínea de la Vida,
¿consuela mejor nuestros dolores?
¿la Ilusión Científica, da mejor aspecto a la Vida, que la Ilusión Metafísica?
¿la hace más soportable?...
la Ciencia no es una Afirmación; la Ciencia es una Indagación;
un tanteo en las tinieblas; una Exploración en la Vida, es decir en el Dolor;
si la Ciencia no mata el Dolor Humano, ¿para qué la Ciencia? ¿para qué
abrazamos a ella, si ilumina nue&tro Dolor y no lo mata? ¡lo mismo que la
Religión! ¿lo mismo?
si la Ciencia no mata la Muerte, ¿para qué la Ciencia en la Vida? si hemos
de caer con la Ciencia, en brazos de la Muerte, tan infelices y tan
desarmados, como en brazos de las religiones, ¿para qué la Fe en la Ciencia?...
inútil; ¡como la fe en Dios!
toda Fe, es una Irrisión.
De todos los enemigos de las Revoluciones, ningunos más enconados ni más
terribles, que aquellos que han sido revolucionarios;
ellos, no perdonan a los otros, que ensayen llevar a la victoria, los
movimientos que ellos llevaron al desastre;
creen, que porque ellos han envejecido, las ideas han envejecido también, y
que su decrepitud, es la decrepitud del mundo;
es un miraje de la senilidad, eso de creer que las doctrinas agonizan con
aquellos que las sustentaron y que la Libertad se hace polvo con los corazones
que latieron por ella;
¡pobres y graves sombras insepultas, que creen que ya no son posibles los
grandes gestos de la Vida, sólo porque ellos van hacia la Muerte!
descubríos ante ellas y seguid el camino hacia la lucha;
no las escuchéis;
son muertos que hablan, sentados a la sombra del Olvido, sobre la tumba
en que sepultaron su Entusiasmo.
Al principio de un Amor, lo deseamos eterno;
y, algún tiempo después, bendecimos a la Naturaleza,
que no ha hecho eterno el Amor.
Genios Enciclopédicos, ha sido el de aquel luminoso, portentoso, y
tormentoso: Leonardo de Vinci;
tal vez un ejemplar más completo de Hombre, y una más radiosa flor de
Humanidad, no han aparecido jamás bajo la mirada cariñosa del Sol,
estupefacto de ver tanta grandeza;
genio múltiple y sonoro, como los rayos de una Tempestad;
río enorme, de cosas sabias y profundas, corriendo por entre una selva
obscura de revelaciones;
cada una de las facetas de ese astro, sería bastante para hacer un Sol;
y, cada uno de los afluentes de ese río, sería bastante caudaloso para
formar un mar;
¿por qué ni hizo un firmamento de su Genio, ni hizo profunda su Ciencia
como un Océano?
por su Enciclopedismo;
la funesta manía, que hace la Esterilidad y el fracaso de ciertos Genios:
complejo y estupefaciente, su Esterilidad se me aparece en razón directa de
su Enormidad.
Ingeniero; ¿dónde están sus construcciones?...
calculador de la Aviación, ¿dónde están sus dirigibles?
escritor de balística, ¿quién lo toma hoy en cuenta?
inventor de cañones, hoy sonreiría ante su Ciencia, el último fundidor
de Krupp;
constructor de Fortalezas, ¿cuáles han subsistido? ¿dónde están?...
ni el polvo de una ruina atestigua su existencia;
modelador de estatuas, ¿cuál nos deja? el peso de la mediocridad aplastó
el esfuerzo estéril de sus manos;
¿dónde, pues, la raíz y la fuerza y el esplendor de su Genio?
en la Pintura;
es el autor de la «Cena» y el de «Mona Lisas» el que entra en la Inmortalidad
por todas las condiciones que hacen excelso su Arte: la delicadeza, unida a
la Fuerza, la Sugestión y el Ensueño y aquel enorme soplo de Verismo,
encadenado por las manos suaves de la más deliciosa Idealidad;
¿se me hablará de otros cuadros?
nadie moriría sobre la fe de su autenticidad;
¿la «Anunciación»? figura entre los suyos, pero es obra del Verrocchio,
que fué su Maestro;
¿la «Virgen de las Rocas»? pintado bajo su dirección, pero obra de Ambrogio
de Predio, su discípulo;
la «Bella Ferroniere», de dudosa autenticidad; tanto, que ni el Vasari,
quiere catalogarla entre las suyas;
pero, ¿tiene necesidad de disputar cuadro algimo a las riquezas de ninguna
pictórica, ni a las contingencias precarias del tiempo, aquel Artista Único,
que inmortalizó el alma hipotética de la Mujer, en las facciones de la
«Gioconda»?
¿y, grabó todo el Enigma, en aquellos labios de Silencio Pérfido?
¡qué cuadro!
¡qué armonía del paisaje psíquico y el medio pictorico!
aquel horizonte de aguas y de nubes, movible como el alma femenina;
aquellas montañas caóticas y volcánicas, como un cerebro de mujer en celo;
y, la figura central de «Mona Lisa» emergiendo del cuadro, llena de tinieblas
interiores, tinieblas engañosas de placidez, como toda profundidad; ideal y
sensual, soñadora y turbadora, el más extraño y enigmático rostro humano,
que haya surgido del cerebro de un Hombre, a la caricia de un pincel;
y, aquellas manos largas, diáfanas, de un blanco azuloso de linos, sin
venazones aparentes, cual si no sangre, sino un licor de Inmortalidad
circulara por ellas; cruzadas, no sobre el pecho, como los santos extáticos
de Palma o Ghirlandaio, sino sobre el vientre como si acariciara en él, su
propia Lujuria, aprisionándola;
el seno combado, y el cuello de una gracilidad azucénica, formando entre
los dos una armonía de ánfora;
qué rayo de Pureza, y que tiniebla de Voluptuosidad, qué misticismo de
Ensueño, y qué hálito de calmado Deseo bestial, en el terciopelo felino de
los ojos abismales, y, sin embargo, serenos...lagos de oro, que el Sol
del Misterio baña de irradiaciones indescifrables!
y, los labios sinuosos, como una serpiente en marcha, y sobre ellos la flor
pálida de esa Sonrisa que es como el Salterio del Enigma.
¿el retrato de una mujer?
no;
el Alma, de la Mujer, prisionera en un retrato;
haber aprisionado el Alma de la Mujer, bajo su garra de león, y habérnosla
revelado: he ahí la Gloria de Vinci;
y, ésa, su Inmortalidad es;
cuando se ha producido una Obra así, se tiene el derecho de pedir el Olvido
para las otras;
las obras disminuyen la Obra;
¿qué importan a Vinci sus otros cuadros?
al Hombre que hubiese hecho el Sol, ¿qué le importaría haber creado las estrellas?...
Cuando Bergson, dice: «la tendencia a individualizarse es combatida por
todas partes por la tendencia a subsistir», plantea, aun sin pretenderlo,
los términos imperiosos del conflicto entre la Especie y el Individuo que
ha sido la palpitación del Drama Social, en el corazón de todos los siglos...
el conflicto de la Hora actual;
la Especie, es decir, la Sociedad, tendiendo a destruir el Individuo,
devorándolo o eliminándolo...
los débiles, pereciendo; alimento al gran Vientre Social;
los fuertes, resistiendo;
máquinas de Rebelión;
unos, contra Todo.
Sociedad y Rebelión.
Estado y Anarquía;
la Eterna Lucha...
¡Roma y Espartaco!
¡el Mundo antiguo y Jesús!...
¿quién vencerá?
¿qué importó ayer, qué importará mañana, esta lucha estéril,
al Tiempo y al Espacio?
¿qué queda de Roma Cesárea?
un montón de ruinas;
¿y de Espartaco?... un Nombre...
¿del Paganismo? un puñado de polvo;
¿de Jesús? una fábula prendida como un harapo a un madero sín prestigio...
fantasmas desaparecidos, apenas recordados por otros fantasmas, prontos
a desaparecer...
caprichos de las nubes sobre un lago;
sombras sobre la Sombra de la Vida.
Eso de hablar de las «ruinas de la Estética», como lo hacen algunos, no pasa
de ser un juego de palabras, con el cual, se ha querido hablar, sin duda,
de la ruina de los «Sistemas Estéticos», puestos en boga por todos los
estetógrafos, desde Platón, a Brandés y de Kralik hasta Guyau;
¿que Baumgarten y Kant, Fichte y Hégel, Winckelmann y Lessing, Hégel y
Ruskin, hayan fracasado en sus pretensiones de alzar Sistemas Estéticos y
barricadas de Doctrinas en torno a la Belleza y al Arte, no significa nunca
que el Arte y la Belleza, es decir, la Estética, haya sido vencida con esas
derrotas, ni muerta al lado de esos sectarios;
la Estética, ha quedado pura del humo de esas batallas, lidiadas bajo sus
muros, como el Sol no ha tenido nunca que sufrir de las batallas que la
barbarie de los hombres ha lidiado bajo la égida de sus rayos;
el Arte, es Inmortal;
y, el Sectarismo estrecho de los Hombres puede discutirlo, pero no matarlo.
Los fracasados, no perdonan a los que triunfan, porque les hacen sombra.
y, no perdonan a los que fracasan, porque les hacen competencia;
huíd de los fracasados, no por su Odio, que nada puede, sino por su
admiración, que es un fracaso;
y, eso porque el fracaso es un contagio y el Ridículo es el peor de los
fracasos;
exasperad el Odio de los fracasados;
eso os asegura el no fracasar jamás.
Hay ocasiones, en que para huir, se necesita de un gran Valor, y para vencer,
es necesaria una gran Cobardía;
y, eso, refiérese a los combates del Amor, en los cuales, huir es salvarse,
y vencer es ser vencido.
A los Hombres de Fortuna, se les perdona fácilmente no tener Talento;
y, a los Hombres de Talento, no se les perdona el no tener Fortuna;
y, eso, porque siendo la Fortuna una casualidad, y el Talento un Mérito,
la mayoría de los hombres espera en esa Casualidad y no pueden aspirar a ese
Mérito;
de ahí que a sus ojos, la Fortuna lo explica todo; y el Talento no disculpa
nada.
Las mujeres y los Poetas, no tienen amigos, ni enemigos;
no admiten sino Admiradores o Rivales...
En sociedad, hablamos siempre de la Virtud, por miedo a que llegue a hablarse
de nuestros vicios;
y, porque aplaudir la Virtud, nos da cierto aire de poseerla;
y, parecer virtuoso, nos priva del fastidio de serlo.
La diferencia entre la Razón y la Pasión, está, en que la Razón conoce sus
Errores y no puede destruirlos;
y, la Pasión los ignora, y por eso los destruye.
una pequeña Pasión, basta para hacemos ciegos;
y, mil pequeñas virtudes, no alcanzan a iluminamos.
Son más, las veces que quisiéramos no pensar, que aquellas en que deseáramos
hacerlo, porque casi siempre, el Recuerdo es un tormento, y nunca tiene
el encanto de aquel suave lenitivo que llamamos: el Olvido.
Hay tanta nobleza, en la actitud de ciertas mujeres, que tememos insultarlas
con nuestros deseos;
y, hay tantos deseos, en la actitud de otras, que tememos ofenderlas con
nuestra nobleza;
y, eso, porque la Mujer ama el Respeto, a condición que éste no mate el deseo;
y, en Amor, el Respeto exagerado, se confunde fácilmente con el Desprecio.
Nos es siempre más sensible, el fracaso de un Ensueño, que el fracaso de una
Realidad;
y, eso, porque las Realidades son siempre dolorosas, y en nuestros Ensueños,
ponemos todo el encanto de la Ilusión, y a veces toda la Ilusión de nuestra
vida;
Casi nunca, un Gran Sabio, es un Gran Genio, porque el Sabio tiene límites,
y el Genio no;
el Sabio, sabe; y el Genio, crea;
el Sabio, se ha enriquecido con el Pensamiento de los otros;
y, el Genio, enriquece a los otros, con su propio Pensamiento.
Con un oído atento hacia el Pasado, escuchamos la voz de los Oráculos;
y, con el otro atento al Porvenir, creemos escuchar la voz de los Enigmas;
y, así llegamos a la tumba, sin que los unos nos hayan dicho la Verdad,
ni los otros nos hayan revelado sus secretos;
y, vamos a reposarnos en el seno de la Muerte, donde los Oráculos y
los Enigmas hacen reír el rostro de los muertos.
Dos sentimientos se disputan por igual, el Imperio de nuestro corazón en la
edad madura: la vergüenza de haber adorado algo; y la tristeza de no adorar
ya nada;
Nuestra Vida es hecha de bajezas, es decir, de adoraciones;
y, así, cuando ya hemos quemado todos los Ídolos, y de sus cenizas no
queremos saber nada, llegamos a la cima de la Adoración, y nos adoramos
a nosotros mismos;
y, ¿qué adoramos en nosotros?
el fantasma de todas nuestras adoraciones.
Dios, se nos aparece como perfecto, porque le damos todas nuestras
perfecciones, es decir, todas nuestra miserias;
si él existiese realmente, ¿qué pensaría, al verse adornado así, con todos
nuestros harapos?
tal vez nos los devolvería, en un vestido de Absoluta Misericordia;
a veces, es una tristeza que Dios no exista;
su existencia, iluminaría acaso la nuestra, de un resplandor de felicidad...;
el Bien y el Mal, no coexistirían entonces en la Vida.
Dios, ¿sería el Bien?
Dios, ¿sería el Mal?
pero;
¿qué cosa es el Bien?
¿qué cosa es el Mal?
¡palabras sin sentido, como Dios!...
Hay pocos seres en la Vida, que merezcan nuestro Amor Absoluto;
pero, hay menos aún, que merezcan nuestro Odio;
el Amor Absoluto, no se da siempre; pero el Odio,si no es Absoluto,no se da;
nosotros, podemos descender hasta el Amor de otro; pero, en Odio,
es necesario que los otros asciendan hasta él;
el Odio, es una pasión muy alta, mil veces más alta que el Amor;está más
allá de las cimas de la Adoración;
el Odio, es una Pasión ardiente y solitaria,como el Sol;
tal vez, no hay sino uno, en una Vida, y llena todos sus horizontes...
y, al declinar esa Vida, fatigada de Amores, no se encuentra, inmóvil,
en las cimas de su soledad,sino el cadáver petrificado de una águila: el Odio;
¿a quién?
tal vez al Único ser a quien hubiéramos amado;
tal vez el Único que amamos;
porque el Odio es el Amor, no ciego, sino cegado por un deslumbramiento;
el Odio, es el Amor Maldito.
Dios, odió a Satán...
y, al proscribirlo del Cielo, proscribió su corazón...
todo el corazón del Odio, palpita en este drama de la Mitología Celeste;
porque sólo el corazón de un Dios, sería capaz de contener todo el Odio sin
romperse...
sólo por el Odio puede concebirse a Dios...
El Valor Brutal, oculta la Visión de la Muerte;
el Heroísmo, la embellece sin ocultarla;
el bruto valeroso, cae en la Muerte, como en una emboscada;
el Héroe, va a ella, como a una Victoria;
nada hay menos heroico que el Valor Brutal;
y, la cima del Valor, es ser Heroico;
el Valor Brutal, es un ímpetu;
el Heroísmo, es una Reflexión;
por eso, el Heroísmo, es una Virtud;
el Valor Brutal, es un Instinto;
el Hombre, es Heroico;
el bruto, es valeroso...
no comparéis a Catón, con un tigre del desierto.
Toda la vida de un espectáculo, está en los ojos del espectador;
toda la Belleza de una Obra, está en la Belleza interior de aquel que
la contempla;
toda sugestión de Arte, es una auto-sugestión de nuestro sentido artístico;
cada quien, tiene, el Arte de su propio temperamento;
y, ama el Arte con él;
y, lo siente según él;
pero hay Obras, que comunican el Entusiasmo, aun a los inertes;
y, dan el contagio del Horror y de la admiración a un corazón de mármol...
de todas las sensaciones de la Vida, inclusive la del Amor, ninguna es
comparable al divino estremecimiento que os produce la contemplación de una
Obra Maestra;
¿cómo las Artes plásticas, las Artes inertes, pueden hablar con voces mudas
a nuestro corazón, y ejercer sobre él, sugestiones tan extrañas?
que la Música os venza, os arrebate, os haga suyos y prisioneros de ella,
sintáis vuestro corazón diluirse en sonidos y en lágrimas...
que la Elocuencia os cautive, y deslumhrados, sigáis tras su estruendosa
trayectoria, como prendidos a la cauda de un cometa...
se concibe: son artes expresivas...
pero, que la piedra muda y sin entrañas, conmueva las vuestras, y os diga
cosas desconocidas, hasta haceros sollozar...
que, la Victoria de Samotracia, con sus alas abiertas bajo el azul sereno,
despierte todos los heroísmos ancestrales de vuestro corazón, hecho enorme,
como si fuese el de otro Leónidas, y grandes golpes bélicos sintáis, venidos
de esas alas inmóviles, y clarines guerreros os asorden, como tocados por
esos labios de piedra...
¡cómo el esplendor impoluto del mármol, radioso en su prístina densidad;
cómo el ritmo suave o violento de las líneas, que corren por la materia
soberana como un estremecimiento de alma; cómo las proporciones, que se
dirían sinfónicas — tal es la euritmia que guardan entre sí—; cómo la Obra,
divinizada en su tipo supremo de Belleza, se apodera de todas las fuentes
sensitivas y emotivas de la Vida y os posee, os sojuzga, os absorbe y os suma
en sí, con tal poder de compenetración, que para dejar de admirar y dejar de
sufrir, sería preciso perecer!
cuando os halláis frente al grupo de Laocoon, en el Museo Vaticano,
¿no sentís la sensación del Horror, subiros en ondas mudas hasta el corazón,
y la angustia oprimiros la garganta, hasta llegar a sentir la impresión fría
y bascosa, de ser estrangulados por las mismas víperas de piedra, que trituran
al sumo sacerdote y a sus hijos?...
y, oís, oís el ronco gemir que parece escaparse de aquellos labios
entreabiertos...
y, abandonado el grupo trágico, tardáis en serenaros;
tan poderosa es así la sugestión de la piedra...
¿sois susceptibles al encanto de la grandeza profética?
¿amáis el caporalato mental y los grandes conductores del Rebaño Humano?
contemplad con mirada serena, si es posible, esa alta figura de Profeta,
que es el Moisés, de Miguel Ángel;
toda la Belleza Bestial y Magnífica, de un Pastor de Hombres, está allí;
viendo esa barba de río y esa frente de cabro, y esos ojos de dios,
¿no creéis ver salir por esos labios imperiosos, con un rumor de tempestad,
toda las filacterias del Deuteronomio, y brillar en esos ojos sin pupilas,
los rayos inmisericordes del Sinaí?...
en esos ojos vela el incendio, y en esos labios duerme el trueno;
¿amáis la Belleza que reside en las subtiles curvas de la Vida, en esa
ánfora de penumbras y de llamas, de sensualidades espiritualizadas, en ese
divino paisaje hecho de perla y sol, que se llama el cuerpo de una Mujer?
os hago gracia de la Venus de Milo, que en su desnudo camarín del Louvre,
despierta la satiriasis de los yankees contemplativos, y parece con sus ojos
ausentes llorar sus brazos perdidos, porque quisiera estrangular con ellos,
a los que así la contemplan, con ojos de cerdo amante;
la de Gnido, la silencio;
¿la de Médicis? también;
¿pero, la de Cánovas? ¿cómo silenciar, esa alta e inefable flor del mármol,
en que Cánovas evocó e hizo palpitar desnuda, la Belleza radiosa de Paulina
Bonaparte?
tal esplendor de Belleza, os ciega; y os hace como abstemios de Deseos;
comprendéis el ascetismo del Arte;
el fakirismo estético entra en vosotros;
y, aspiráis a disolveros en la Belleza, como en un río de Eternidad...
el mármol, os ha hecho dioses.
Todo, en un Espíritu Superior, debe tener un nivel muy alto: todo, hasta el
Desprecio;
debajo de nuestro Desprecio, debe haber mucha gente: pero, entonces,
principia para nosotros un nuevo deber: el de ignorarla;
ciertos grados de bajeza, imponen límites a todo: hasta al Castigo;
podemos herir a nuestros adversarios, mientras están a la altura de
nuestras manos;
podemos castigar a nuestros enemigos, cuando llegan siquiera a la altura
de nuestros pies;
más abajo, no;
más abajo, está ya: la Impunidad.
Sólo los hombres que se olvidan de la Muerte, hacen grandes cosas en la Vida;
porque es pensando en lo inevitable del Morir, que se nos revela lo estéril
del Vivir;
¿quién, que tiene la certidumbre de ser vencido, ensaya dar un paso en
la batalla?
No basta amar la Gloria, es preciso merecerla;
es a causa de esta Indignidad, que muchos vencedores, fracasaron en pleno
Triunfo;
la Victoria, no es la Gloria.
El verdadero Amo de Hombres, no mata sus vicios, sino que los educa;
y, una vez dominados los suyos, puede ya dominar los de los otros;
porque;
¿qué otra cosa es un Dominador de Hombres, sino un Explotador de vicios
Humanos?
toda Tiranía, es un lenocinio.
El secreto del verdadero Solitario, es no estar nunca solo en su Soledad,
aun cuando no haya nadie en torno de él;
y, permanecer absolutamente solo en Sociedad, cuando hay todo un mundo
en torno a él;
y, eso, porque su Imperio Espiritual, sólo está abierto al halago y al poder
de sus creaciones.
¿Queréis, no pasar por Decadente, en el sentido que el rencor de la
Ignorancia da a esa palabra?
no os preocupéis siquiera de estudiar la significación de ella, ni lo que
en la Literatura del momento, decir pudiera;
ignorarla es la ciencia de todos los que la aplican;
ése, es el maxnordismo de los monos;
hablad contra los decadentes, englobando en el ulraje de esa palabra, a todos
los hombres de Genio de vuestra época;
eso os hará pasar por hombre de talento, ante aquellos que no tienen ninguno,
y os darán patente de cultura, aquellos que más la necesitan;
siendo enemigos de los hombres de Genio, se os puede conceder alguno;
en esa legión de vencidos, que la Envidia recluta en los bajos fondos del
literaturaje impotente, si queréis ser algo, denigrad de los que son alguien;
entre aquéllos, insultar la Gloria es la sola manera de ser glorioso...
insultadla;
en ese estadio de fámulos, denigrar los Triunfadores, es el único triunfo
posible;
triunfad;
llamadlos decadentes;
así seréis un enemigo de todo Genio;
es decir: un Decaído.
Yo he visto, hombres, apaleados por su mujer, que hacen ostentación de amar
a su mujer;
y, he visto, hombres, atropellados por la Vida, que hacen ostentación de
amar la Vida;
ambos tienen lo que merecen;
en amar a una mujer, que es cruel, puede haber la disculpa de la Sexualidad;
pero, para amar la vida, que es hostil; ¿será bastante disculpa la Debilidad?
¿qué forma de decoro posible, subsiste en este loco amor?...
¿no habéis visto los cerdos, felices en la piara, orgullosos del fango que
los cubre, sobre cuya capa nauseabunda, hace el sol, resplandores de librea?
¿no recordáis el esclavo de que habla Apuleyo, que puesto en libertad,
no quiso abandonar su ergástula, y prefirió ser devorado en ella por las
ratas, antes que dejar el encanto de su cadena?
así la Naturaleza para no despoblar su piara, dió a la mayoría de los
Hombres, los instintos del cerdo, y los de aquel esclavo;
¿por qué extrañar que esas dos miserias reunidas den ese producto, netamente
humano: un Hombre que ama la Vida?
Yo he leído últimamente, autores lombrosianos, que prediciendo el triunfo
absoluto de la Democracia, anuncian en su nombre, la futura extinción del
Genio;
desde luego, ellos son demócratas;
y, por su predicción, se ve claramente, que no están amenazados de esa
extinción;
pero, sonriendo de estos extraños aduladores de la Plebe mental, pienso
que su Profecía, es semejante a la de un Astrónomo, que en nombre de la
multiplicación de las estrellas, predijera la próxima extinción del Sol;
siempre habrá firmamento, y en el firmamento habrá astros;
y, sobre ellos, el Sol;
siempre habrá Intelectualidad, y en ella se centuplicarán los talentos,
y brillarán los talentos;
y, sobre ellos:
el Genio...
el Genio no morirá;
he ahí lo que engendra la raza vindicativa de esos Profetas, que eclipsados
y vencidos por el Genio, se conforman con anunciar su muerte;
y, gozan, como si realmente se la dieran;
verdugos por sugestión.
Este vivir mal y en la zozobra, ¿a qué ha de conducimos, sino a morir mal y
en el Miedo?;
esto de no contar la Vida entre las cosas serviles, causa es de que caigamos
bajo su Servidumbre, y la amemos hasta temer dejarla;
si talmente adoramos la cadena, ¿cómo no temblar ante la idea de que algo
nos la rompa?
y, he ahí cómo la Vida, de aquel que ama la Vida, es un temblor continuo;
tiembla de vivir;
y, tiembla de morir;
y, no deja de temblar sino para caer bajo el golpe del hacha que lo hipnotiza;
¡triste vivir el de aquel que ama el vivir!;
porque eso es, morir todas las horas.
¿Qué pueden contra él, los enemigos de un Genio, mientras no le roben el
Genio?;
todos tienen necesidad de otros para combatir;
el Genio, no;
he ahí el único Conquistador que no necesita soldados para vencer;
combate solo y vence solo;
y, todos, aun aquellos que lo niegan, son esclavos de su Victoria.
Esto de vivir en Soledad, nos aleja del comercio de los necios;
pero ¡ay! no logra libramos de las necedades del comercio;
¿dónde huir de las tarjetas postales, los álbumes, los gramófonos y
los reporteros?;
ellos atacarán vuestra Soledad, y no pudiendo violarla, terminarán por
calumniarla...
y, huyendo hacia el desierto, terminaréis por veros reproducidos en un
Cinematógrafo: como Tolstoï...
Muchas gentes, llegan hasta la Soledad de un Genio, seguras de encontrar
simplemente un Genio;
eso, las divierte;
pero, si sucede, que en el Genio, encuentran además un Hombre Honrado...;
eso, no las divierte;
ser un Genio, es ya una cosa Intolerable;
¿pero, ser un Genio Honrado?...
eso es dos veces: Abominable;
he ahí por qué, un Genio, que no es un charlatán, debe alzar otra soledad
por sobre su soledad y refugiarse en ella con su Honradez, lejos de todo
vestigio de la Admiración.
En la primera parte de nuestra vida, seducimos a las mujeres;
en la segunda época, las corrompemos;
y, es sin duda a causa de eso, que en la tarde de la Vida, se inspiran las
más violentas pasiones...
porque lo que se quiere agotar en nosotros, no es ya nuestro Amor, que vale
poco, sino nuestra experiencia, que vale mucho;
es la hora de las Insatisfechas.
El que tiene una querida le paga el lujo;
y, el que va a una casa de citas, se paga un lujo;
y, se da el caso, de que en la casa de citas, se pueda darse el lujo, de
tener aquellas, a quienes otros pagan el lujo;
resueltamente, en un solterón de edad, esta cuestión del Amor, es una
cuestión de lujo;
y, a veces, no es sino eso: un lujo.
En la juventud, nos desvivimos por interesar a las mujeres;
y, en la edad madura, las quisiéramos menos interesadas;...
pero, no es posible.
Todas las ironías son posibles contra el Matrimonio; menos contra el
Matrimonio por Amor;
y, eso, porque hacer chistes contra la Locura, no es ya Ironía, es una
Impiedad;
Casi siempre, hacer una visita, es una preferencia de nuestro Aburrimiento;
fatigados de aburrimos, vamos a que otros nos aburran;
y , terminamos por aburrirlos a ellos;
porque el Verbo Aburrir, es un Verbo Social;
la Sociedad, no sería sino la conjugación del Verbo: aburrir, si para
divertirse, no hubiera inventado la Conjugación del verbo, murmurar;
eso, no es más divertido;
pero, es más humano;
y, hay un gran encanto en ver la ferocidad de las mujeres, exasperada hasta
el orgasmo, devorar con lentitudes felinas, la reputación de las otras...
los antiguos, tenían el Circo;
los modernos, tienen los salones;
y, éstos, son más discretos...
todo se ha refinado, hasta la Crueldad;
pero, ¿no es verdad que hoy las fieras son más bellas?
y, tal vez más inteligentes;
tal vez...
Hay gente, que acumula veneno en un Salón, y va a inocularlo en otro;
y, no se apercibe, que ese veneno, lo ha extraído del Desprecio que ha
inspirado en ambos salones;
el Hombre, es la única víbora que tiene los cascabeles en la lengua.
El Hombre, es siempre injusto con la Mujer que ha dejado de amarlo;
le perdona todo el tiempo de comicidad en que le ha profesado, o le ha
fingido el Amor;
y, no le perdona el momento de Sinceiidad, en que por primera vez, le revela
su corazón, haciéndole comprender que ya no lo ama...
he ahí, el momento en que el Hombre debería caer de rodillas ante esa alma,
que se revela y lo liberta de la Mentira...
pero, el Hombre no quiere ser libertado;
la Mentira, es su atmósfera;
y, por eso ama siempre ser engañado, es decir: ser amado.
A veces, creo que a los millonarios, les faltan muchas cosas y tal vez no les
sobran sino los millones;
una gran fortuna, vista desde adentro, tal vez es algo muy triste;
como todas las victorias;
y, sin embargo: ¿quién no ha deseado esa tristeza?
quizá los millonarios.
Lo propio del Amor, es no ser sino un juego de Amor propio.
Un favor que se os hace como protección, pierde todos los derechos de la
Amistad, y por ende los de la Gratitud;
la Mendicidad, no tiene corazón.
Podemos estimar a una persona sin darle nuestra Amistad;
pero, no podemos retirar a una persona nuestra Amistad, dejándole nuestra
estimación;
a no ser que nos declaremos indignos de poseer esa Amistad.
Con las mujeres, la Urbanidad es poco, la Complacencia es todo;
porque en Admiración, como en Amor, la Mujer no los admite sino Absolutos;
de ahí, que su aproximación sea siempre una Servidumbre;
huirla o sufrirla: he ahí el dilema;
pero, ¿huirla, no es una manera de sufrirla?
sí;
sin el beneficio de gozarla.
Ciertas personas, deberían comprender, que si no las contamos entre nuestros
enemigos, es por respeto a nosotros mismos;
que es la única forma de respeto que ellas pueden inspirar.
Un Poeta, podrá perdonaros el no haberlo elogiado;
pero, no os perdonará nunca, haber elogiado a otro.
El espectáculo de un Hombre Honrado, es bastante — en nuestros días—,
a apartar a cualquiera del camino de la Honradez;
los gobiernos, deberían retirar de la publicidad, los pocos hombres honrados
de su tiempo, para que a la vista de su miseria, la juventud no llegue a
apercebirse de que la Honradez y la Lepra, se diferencian únicamente, en que
la Lepra inspira Piedad, y la Honradez no inspira sino risa, pero ambas tienen
de común, que todos huyen de ellas.
Se critica a ciertos escritores, la preciosidad de los vocablos y el culto
al epíteto raro;
porque odian los lugares comunes, se hacen todos los lugares comunes contra
ellos;
y, los que hacen los diccionarios, no perdonan a aquellos que los agotan;
porque el talento de un Académico, está en odiar todo lo raro;
sin duda porque nada hay más raro, que el talento en un Académico.
No escupáis al rostro de ciertos hombres; tendríais que limpiar vuestra
saliva con el pie;
y, ellos lo aprovecharían para besároslo;
respetad vuestras secreciones.
Hay maridos, que si perdieran su mujer, morirían;
¿de Dolor?
no;
de Vida Sedentaria; porque perdiendo su mujer perderían el único motivo que
los hacía escapar de casa.
La Penitencia, es la última Voluptuosidad del Pecado;
y, la más fuerte.
Las mujeres, no tienen de bueno sino lo que ocultan;
y, cuando ya no lo ocultan, deja de ser bueno.
Todos sostienen, que el matrimonio es un estado;
sí: un estado de desesperación.
Hay muchas Almas que llevan la Virtud hasta el Amor;
pero hay bien pocas que lleven el Amor, hasta la Virtud.
¡Cuántas almas se embarcarían para la Felicidad, seguras de llegar a ella,
si pudiesen hacer la travesía, por el mar silencioso del Olvido!
Cuando oigo decir, que a un Héroe, le saltaron el cerebro en un combate,
estoy tentado a negarlo, diciendo: «Si hubiese tenido cerebro, no habría ido
al combate»;
pero, pienso que en mi juventud, yo mismo, fui a los combates, y que vi morir
en ellos a hombres de gran cerebro;
y, me explico estos sombríos y heroicos dramas de acerebración;
y, he terminado por tener una gran Piedad, por estos combates del cerebro,
en que el cerebro está ya herido, antes de que lo rompan en el combate.
No sentir el amor de Padre, es un gran ahorro de cuidados y de tristezas;
lo que debe ser cruel, es no haber bebido en esa fuente de todas las
dulzuras, que es el amor de hijo;
porque cuando se ha visto el gesto del Amor, en el rostro de su Madre, ya
en los demás rostros no se ve sino la mueca del Amor;
sólo la Madre es el Amor;
los demás... son los Amores.
Aunque no se haya sufrido el Amor, es necesario decir que se ha sentido,
porque la sociedad perdona que se le engañe, pero no perdona a un Hombre
que no haya sido engañado jamás.
Oiréis decir con frecuencia, que ciertos hombres, han descendido del Poder;
ésa es la última mentira, de sus últimos aduladores;
esos hombres, no subieron nunca al Poder; fué el Poder, el que descendió
hasta ellos.
El Amor, es una gran tristeza, para las almas delicadas; y un gran placer,
para aquellas que no lo son.
Hay gentes tan pertinazmente honradas, que no sólo practican la Honradez,
sino que creen en ella.
Si después de cierto tiempo de matrimonio, oís decir que un Hombre está aún
enamorado de su Mujer, estad seguros de que es, porque ha logrado hacer de
ella su querida;
eso tiene el aire de una Paradoja, y es una diaria Verdad;
es más fácil, llegar a hacer de una querida su Mujer, que lograr hacer de
su Mujer, una querida;
ese alto grado de encanto en el Amor, sólo lo saben poseer ciertas mujeres,
que habrían sido queridas adorables.
El Silencio ocasional de ciertos hombres, no proviene de que no tengan nada
que decir, sino de que no tienen pretexto para mentir;
y, hablar para no mentir, les parece una Abdicación;
la Verdad, sería un disfraz, tras el cual, ellos mismos no se reconocerían.
Hay matrimonios sin Amor, que no se han hecho sino por amor al Matrimonio;
he ahí el sport del Tedio;
en ese estado de somnolencia comatosa, el Amor debe ser una digestión
muy lenta.
La desgracia de los hombres de letras, está, en que preocupados de asegurarse
la Inmortalidad, no se ocupan de asegurarse la Vida;
se mueren de hambre, por el hambre de no morir;
y, no teniendo qué comer en el presente, se encargan de devorar el futuro...
y, se alimentan con los laureles del porvenir;
he ahí por dónde, todo Genio tiene algo de herbívoro...
devoradores de hipótesis.
El Elogio, en ciertas épocas, y prodigado por ciertos hombres, es la última
forma de la Difamación;
la Gloria que ellos disciernen, es la Picota;
los que a ella llegan, pierden todo, menos el Honor, porque los que han
provocado o aceptado esos elogios no han tenido nunca Honor.
Los hombres que han sido muy afortunados en Amor, terminan siempre por
casarse, porque creen con este pequeño infortunio, desarmar la suerte,
celosa de su Felicidad;
y, sólo logran sacrificar su Felicidad, al temor del Infortunio.
A una querida muy joven, tenéis que enseñarle muchas cosas, y no os agradece
nada;
y, una querida otoñal, os enseña muchas cosas, y os lo agradece todo...
decidíos por la segunda;
es un remanso de mar;
con ella se habla de las tempestades, pero no se sufren;
y, eso, os asegura el placer de la navegación, sin los riesgos del naufragio.
En asuntos de Amor, hay que fingir ser deshonesto, para no correr el riesgo
de ser despreciado;
porque la honradez, es una Virtud, que las mujeres aman mucho en sus
maridos y desprecian profundamente en los otros hombres.
Si los Hombres de Genio, van alguna vez a Sociedad, es precisamente,
para extremar su Soledad.
En Sociedad, el defecto que menos se perdona, es el Genio;
felizmente, muy rara vez, la Sociedad tiene que ocuparse de perdonarlo;
porque como es un defecto social, no aparece nunca en la Sociedad.
Hay un Talento llamado social, que es precisamente, aquel que no tienen
casi nunca los hombres de Talento.
Cuando hace mucho tiempo que se es desgraciado, se pierde la noción del
Tiempo; pero no la del Dolor.
No todos hacen una locura al casarse;
la generalidad, lo que hace, es otra tontería;
y, eso, porque el número de los locos, es siempre menor que el de los tontos.
La Soledad, es un preservativo contra la Vulgaridad;
pero no lo es contra la Celebridad, que es una de las cosas más vulgares.
La Soledad, se conquista por grados, como toda altura;
el amor a la Soledad, crece a medida que el amor a la Humanidad disminuye;
y, entre sufrir la Humanidad o huir de ella, el Sabio, opta por esto último;
y, entra en la Soledad.
Yo encontré un mal escritor, un escritor fracasado, que no tenía Envidia, y
fincaba su orgullo en eso;
lo miré persistentemente, casi con admiración, porque tuve la seguridad de
haber contemplado la más rara variedad de la Especie Humana;
después, supe que era loco, y había enloquecido de Envidia, a causa de sus
fracasos;
y, con la Razón, había perdido la Envidia;
ése fué su último fracaso.
El que escapa de los salones, para ir a otros lugares de placer, no creáis
que lo hace por buscar la mala compañía;
no;
lo hace por escapar de la peor.
Los cortesanos, aman de tal manera las cruces, que muchos se casan, por
tener aunque sea ésa;
sólo, que acontece, que de ese Calvario, lo más pesado para ellos, no es
la Cruz, sino... la corona.
Las mujeres, que casi todas tienen un gran gusto por los versos, no tienen
ninguno por la Poesía;
y eso, porque como la Poesía es la Belleza, ellas que no aman otra Belleza
que la suya, ven en la Poesía, una rival;
en tanto, que en los versos, ven un adorno, que las hace pasar fácilmente
por letradas, diciendo cosas que la mayoría de las veces, no tienen que ver
nada con las letras.
No hay nadie más enemigo de los grandes estilistas, que aquellos que no
tienen estilo;
y, no cesan de recomendar con Halevy, el lenguaje simple;
que es sin duda, el más adaptado para decir simplezas;
desde luego, ellos usan el estilo simple;
y, no es el estilo lo más simple que tienen.
La Nostalgia, es la forma de Patriotismo más poética y la más inofensiva;
eso no quiere decir, que no tenga, como toda Sentimentalidad una gran dosis
de ridículo;
y, hay gente que muere de eso...
Para elogiar, se necesita mucho más talento que para denigrar, porque un
cumplido mal hecho, produce peor efecto que un insulto; y , no se puede
castigar.
Se critica con frecuencia, que hablemos bien de nosotros mismos, sin pensar,
que si hiciéramos lo contrario, apareceríamos haciéndoles la competencia
a nuestros amigos;
y, a veces... a nuestros enemigos.
Ciertos poetas bucólicos, a lo Tíbulo, tienen la envidiable propiedad de
hastiarnos de tal modo de los campos, que no nos atrevemos a salir de nuestro
gabinete de trabajo;
y, de tal manera logran disgustarnos de los rebaños; que no queremos ver un
cordero, ni siquiera en asado;
gente hay, que toma odio a su manta, temiendo que sea hecha con la lana de
una oveja de Teócrito;
hay quien no tolera el rebaño de Virgilio, sino en coteletas;
yo lo prefiero en Églogas.
Los espíritus muy profundos, no son dados a la Ironía: las plantas no
florecen hacia las raíces.
Cuando una mujer ha dejado de amarnos, nos apresuramos a aborrecerla;
pero, ¡ay!: es por temor de olvidarla.
Los conductores de pueblos, han sido siempre hombres de hechos, no hombres
de palabras;
las muchedumbres, ansiosas de vencer y de glorificarse, no piden razones,
sino acciones;
una batalla, las seduce más que un libro;
la palabra, convence;
el hecho, vence;
las muchedumbres, no gustan de ser convencidas, sino de ser conducidas;
saben que son un instrumento, y besan la mano que las maneja; aunque esa
mano las rompa.
Un Sabio, es siempre un espíritu muy limitado;
tiene la Ciencia por metros cúbicos;
y, por eso desarrolla en profundidad, lo que le falta en extensión.
Quitar a otro su Libertad, es renunciar vilmente a la suya; porque no hay
más torpe Esclavitud, que la de ser Jefe de esclavos.
Encauzar su Esfuerzo, es trazar una línea recta hacia el Triunfo.
La Religiosidad, es la Sensualidad de las almas débiles; y la última Lujuria
de las almas debilitadas;
en espíritus de monjes y de anacoretas, la Religiosidad, es el orgasmo de
la Voluptuosidad; y el Humanismo, es el Onanismo reventando en flor;
el alma religiosa, en exasperación, ya no piensa: ama;
la Fe, se hace Lujuria;
el Éxtasis, es el coito estéril con la Divinidad; las nupcias con un Fantasma;
la cópula agotante y tenaz de un ser que ha agotado todos los vicios de la
Soledad, y siente aún el ímpetu de besos inacabables...;
misticismo, tribadismo, masoquismo, sadismo, flores del mismo jardín de la
Lascivia, rosas del mismo rosal de la Locura, formas de la Sexualidad
exasperada...
es por esa fiebre paranoide, inacabable, que Santa Teresa de Jesús, es
hermana postuma de Safo;
y, San Antonio, el eremita, es un antecesor del Marqués de Sade...
todos, santos de una misma Santidad: la del Amor;
y, mártires del mismo Martirologio: la Lujuria.
El Poeta, tiene el culto de la Música Verbal;
y, el Pensador, tiene el culto de la Belleza Ideal;
de ahí, que el Genio, sea aquel en el cual residen un Pensador y un Poeta;
y cuyas frases, pletóricas de Pensamiento, van llenas de divina Melodía;
¡enormes águilas líricas empenachadas de rosas, abiertas sus alas rojas y
musicales hechas en la fragua del Sol.
El Cientificismo, que ha sucedido con su dogmatismo escueto, al dogmatismo
ya vencido de las Religiones, como el racionalismo socrático sucedió en
Grecia al dionisianismo heroico, y a la serena visión apolínea de la Vida,
¿consuela mejor nuestros dolores?
¿la Ilusión Científica, da mejor aspecto a la Vida, que la Ilusión Metafísica?
¿la hace más soportable?...
la Ciencia no es una Afirmación; la Ciencia es una Indagación;
un tanteo en las tinieblas; una Exploración en la Vida, es decir en el Dolor;
si la Ciencia no mata el Dolor Humano, ¿para qué la Ciencia? ¿para qué
abrazamos a ella, si ilumina nue&tro Dolor y no lo mata? ¡lo mismo que la
Religión! ¿lo mismo?
si la Ciencia no mata la Muerte, ¿para qué la Ciencia en la Vida? si hemos
de caer con la Ciencia, en brazos de la Muerte, tan infelices y tan
desarmados, como en brazos de las religiones, ¿para qué la Fe en la Ciencia?...
inútil; ¡como la fe en Dios!
toda Fe, es una Irrisión.
De todos los enemigos de las Revoluciones, ningunos más enconados ni más
terribles, que aquellos que han sido revolucionarios;
ellos, no perdonan a los otros, que ensayen llevar a la victoria, los
movimientos que ellos llevaron al desastre;
creen, que porque ellos han envejecido, las ideas han envejecido también, y
que su decrepitud, es la decrepitud del mundo;
es un miraje de la senilidad, eso de creer que las doctrinas agonizan con
aquellos que las sustentaron y que la Libertad se hace polvo con los corazones
que latieron por ella;
¡pobres y graves sombras insepultas, que creen que ya no son posibles los
grandes gestos de la Vida, sólo porque ellos van hacia la Muerte!
descubríos ante ellas y seguid el camino hacia la lucha;
no las escuchéis;
son muertos que hablan, sentados a la sombra del Olvido, sobre la tumba
en que sepultaron su Entusiasmo.
Al principio de un Amor, lo deseamos eterno;
y, algún tiempo después, bendecimos a la Naturaleza,
que no ha hecho eterno el Amor.
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