Thursday, March 1, 2012
La Voz de Las Horas_VIII
En los libros de las Mujeres, se ve, que tienen demasiado
talento, para ser de una mujer, y, tendrían muy poco
para ser de un hombre;
y, es, porque las más inteligente de las mujeres, es,
apenas, un hombre con sentido común.
Hacer la confesión de sus faltas, debe producir una
impresión muy penosa: eso es abyecto;
pero, recibir la confesión de las faltas de otro,
esa es, la más desagradable impresión,
que se puede recibir;
un hombre altivo, ni hace, ni pide confidencias;
las confidencias; hechas,son casi siempre una Ingenuidad, y,
siempre, una Vulgaridad;
recibidas; son una complicidad que crea una responsabilidad;
casi siempre, no hacen confidencias,sino los tontos, y, no
las reciben sino los pillos;
¿habrá algo más repugnante, que una alma, que se desnuda
ante vuestros ojos?...
puede haber cuerpos bellos; espectáculo agradable para
los ojos y, el corazón;
pero, las almas desnudas, son siempre deformes y, miserables;
para eso, la Naturaleza, hizo los cuerpos: para ocultar esa
deformidad psíquica, que se llama: un alma.
toda confesión, es una delación;
y, el hombre que se confiesa, traicionando a su secreto,
traiciona a su corazón, y, es dos veces delator;
dos veces vil.
Las obras de Arte, impersonales, no las producen sino
aquellos que carecen de fuerza para crearse una Personalidad;
eso no perjudica a los artistas, aunque perjudique, el Arte;
la mayoría de las personas, ama a esos artistas, porque odia
todo lo que sea personal;
de ahí, que los artistas impersonales, llenan todos los museos;
desgraciadamente no están aun todos en las Academias;
y, eso, a causa de la dificultad de las vacantes;
porque todos los Impersonales, son Inmorales.
En un adolescente, la incomprensión del Vicio, puede ser,
la Incomprensión del Amor;
en una Virgen: no;
una mujer que muere virgen, a los ochenta años,no ha conocido
nunca el Vicio, y, lo ha vivido siempre.
Lo que generalmente se llama: el juicio, no es, sino la parte
temerosa y, agresiva de nuestro Instinto, dispuesta y puesta
en vela, por los rudos golpes de la Vida;
de ahí, que el juicio, es decir, el Instinto, nos anuncia,
casi siempre, el peligro, y, aun suele haber ocasiones
en que nos salva de él.
Casi nunca reímos de nosotros mismos, y, sin embargo,
es muy raro el día en que no hagamos algo digno
de hacernos reír;
otros, más sinceros, ríen de nosotros;
y, no les perdonamos, esa Sinceridad.
La Vanidad del Hombre, hace la mitad de su Amor,
porque él; cree, que la mujer, es débil, y, necesita
de su protección;
y, viene tarde a comprender, que es él, quien tiene
necesidad de que lo protejan, y, no encuentra ya
protección para su debilidad.
El Amor, es una pasión, tan fuerte, que logra inspirar
las pasiones más absurdas, como la Castidad.
La diferencia entre el Amor y, los amores, está, en que,
en el primero, se sufre mucho, y, por eso, casi nunca
se habla de él; porque sufrimos de hablarlo;
en los segundos, se goza mucho, y, por eso, se habla
de ellos y, se goza, en relatarlos;
en el amor, somos casi siempre mártires;
en los Amores, aparecemos, como héroes;
he ahí, por qué:
el Amor se calla;
y, los Amores, se cuentan.
La Pasión de conocer, es, la Tenia del Espíritu;
su voracidad pone al desnudo nuestro corazón, para
devorarlo.
y, cuando ya lo ha conocido todo; devora la Vida, para
conocer la Muerte.
El impudor de ciertas confesiones, es, el charlatanismo
del Amor.
no las hacen nunca, los corazones nobles, ni las almas
delicadas;
el Silencio, es el ánfora en que guardamos las cenizas de los
grandes amores, que ya no son;
es ahí, en donde conservan todo su perfume;
y, el perfume, es, el alma del Amor.
¿Por qué será que los escritores que se convierten tarde a la
Religión, lo primero que hacen es escribir horrores contra
la Intelectualidad?
porque antes de abandonar sus Creecias, habían sido ya
abandonados de sus Intelectualidad, y, se vengan de ese
Abandono, insultando la de los otros;
los hombres no se convierten a la Religión, sino cuando ya
no sirven para otra cosa, y, no consagran a Dios, sino un
corazón fatigado de querer y, que ya nadie quiere...
ninguno le lleva el homenaje de su Inteligencia, porque
cuando se acercan a él, es precisamente porque
la han perdido.
¿No habéis notado cómo la edad de las conversiones,
coincide siempre con la edad del decaimiento y la pérdida
de las energías?...
es a esa edad, cuando los libertinos se casan y, los tontos
se convierten;
es la última calaverada de los unos, y, la última imbecilidad
de los otros.
Los hombres que vuelven a la Religión, en la tarde de la Vida,
hacen pensar en los vagabundos, de las grandes ciudades, que
fatigados de esperar un buen golpe, se retiran tarde, a los
asilos de noche, para reposarse a la sombra de la Caridad, y,
continuar al día siguiente, su camino hacia el Crimen.
En Religión, en Política, en Comercio, nos apresuramos a
confesar inmediatamente que hemos sido engañados por
nuestras Creencias, por nuestras Ideas, o por nuestros
Cálculos;
¿por qué en amor, tardamos tanto en confesarlo, o callamos
siempre, cuando hemos sido engañados por una mujer?
porque en ninguna pasión pone el Hombre tanta Vanidad,
como en el Amor, y, ninguna herida es tan dolorosa, como
las heridas hechas al corazón de la Vanidad.
Las almas demasiado sensibles, se hacen la Ilusión de creer,
que sufren más que las otras, y, ven una señal manifiesta de
Inferioridad, en aquellos que no sufren, con la misma agudeza;
en eso se asemejan a los tísicos, que miran con cierta extrañeza
y, hasta con rencor, a los que no tienen fiebre, como un estado
natural y distinto de su enfermedad;
son conmovedoras estas ilusiones y, aun aberraciones del
animal humano ¡tan débil, tan misero, tan desamparado
sobre la tierra!
La mayor parte de las desilusiones, del Amor, y, del
Matrimonio especialmente, vienen casi todas del
empeño que los hombres ponen, en pedir y, esperar,
placeres sicológicos, a un ser, organizado
exclusivamente para darnos placeres físicos;
es, una desilusión de no ver hecha madre de pensamientos
a aquella que sólo debe ser hecha madre de hombres,
la que ocasiona la desesperanza y, es el justo castigo,
de aquellos, que al pensar en la Mujer, la envilecieron
bastante, para no pensar siempre en la Madre.
Hay que tener un gran respeto por toda mujer,
aunque sea una niña, porque en ella va,
la crisálida de una Madre.
No hay hombres más fáciles de engañara por las
mujeres, que los profesionales de la seducción, aquellos
que se creen hombres de amor, porque ellos han vivido
siempre engañados por sí mismos;
y, es justamente, a causa de la candidez de creer en ellos,
que tienen la candidez de creer en el Amor;
¿qué de extraño, pues, que crean en la mujer?
y, creer en la mujer, es ya el principio de ser engañado
por ella.
El que se casa, cierra voluntariamente los ojos;
y, los engañados del matrimonio, son aquellos que
los abren involuntariamente, cuando no debieran
abrirlos.
La gran superioridad de la Mujer, en asuntos de Amor,
consiste, en la facilidad, con que ella misma, logra
convencerse de que hace por pasión, aquello
que no hace sino por interés;
y, es, que la Mujer, es, de tal manera sugestionable,
que cuando no está bajo la Sugestión del Hombre,
se autosugestiona, ella misma, y, es entonces, cuando
piensa más lúcido y, obra más cautamente;
porque la Mujer, no es reflexiva, sino en el Mal;
y, es, en él, en donde adquiere toda su talla Mental;
Lady Mactbeth, se levanta veinte codos sobre Ofelia;
Ofelia, es una Mujer.
Lady Mactbeth, es la mujer.
El Hombre, tiene a causa de su debilidad, tal necesidad
del Engaño y de vivir en lo ficticio, que cuando no puede
engañar a los otros, se entretiene en engañarse a
Sí Mismo, sobre la naturaleza de sus acciones,
y los móviles de ellas; y, es en esos
momentos de auto-engaño, cuando se cree un ser
bueno, y, aun osa ensayar gestos de bondad;
todos los heroísmos y los altruismos, han nacido
de estos momentos de engaño del Hombre sobre Sí Mismo.
Yo, no he visto una parodia más irritante de la Caridad,
que esa liga contra la Anarquía, que se llama la Filantropía;
si este espíritu de astucia perfumada y, de miedo sonriente,
que existe en las sociedades de hoy, hubiese existido en
tiempos de la Antigua Roma, no hay duda, que las damas
romanas, a la aproximación de los bárbaros, se habrían
apresurado a inaugurar, los «Bazares de Caridad» las
«Cocinas Económicas», la «Cruz Roja».
pero, ¡ah! eso no habría detenido a los bárbaros de ayer;
como esto, no detendrá a los bárbaros de mañana.
nulla est redemption...
Cuando se habla del Amor, en sociedad, las mujeres,
toman siempre, como por instinto, el campo del Sentimiento,
porque es más chic y, porque saben que él, los Hombres
no dirán sino necedades y, les dejan arteramente el campo
del Instinto, en el cual son maestras; seguras y felices,
ellas, de escuchar ciertas palabras veladas, que les
producen la impresión de un tocamiento.
Las mujeres, tienen un gran placer, en vestirse bien cubiertas,
en ciertas ocasiones, para complicar, el placer, que ellas
saben que el Hombre tiene en desvestirlas mentalmente.
Toda mujer, sabe, que ante la mirada de un Hombre, está
desnuda;
de ahí, que las mujeres muy flacas o contrahechas,
enrojecen inmediatamente, que se las mira;
¿qué dirá el Pudor, de esa Parodia suya?
Una mujer bella y, espiritual, perdona todo, menos
que se le hable exclusivamente de su Espíritu.
Les femmes des lettres, o sea las mujeres de tintero,
casi nunca son bellas, o si lo son, tratan de olvidarlo,
en público, como los apóstatas, tratan de olvidar las
ideas, a las cuales debieron su celebridad.
Nada divierte tanto a las mujeres, como la Sociedad,
con los tontos;
y, nada las disgusta tanto, como la Soledad, con un tonto.
Es tan incurable y, tan miserable nuestra triste condición
humana, que los hombres han sabido ocultar, lo más
diestramente, sus debilidades.
Cuando entramos en un salón de sociedad, nos disponemos
a no hablar y, no oír hablar, sino trivialidades, y, por eso,
nos dirigimos, inmediatamente, al circulo de las Señoras,
porque las trivialidades, dichas por los hombres, son
irritantes, y, dichas por las mujeres, son encantadoras;
¿por qué?
porque las mujeres, dan a la trivialidad, la música de los
ojos y, de las palabras;
y, observándolas, nosotros, ya no vemos las cosas que dicen,
sino las que callan;
y, no escuchamos casi, las trivialidades que esos labios dicen,
por empeñarnos en adivinar, las realidades que esos labios
prometen;
la mujer, es, la Trivialidad, puesta en música;
o, mejor dicho: es una Trivialidad musical;
si el mundo desapareciera, la Naturaleza, al rehacerlo,
no podría crear un mejor instrumento de Armonía musical,
que, la Mujer;
solo hay una cosa superior a la armonía de esos labios,
y, es, el contacto de ellos;
hay una cosa superior a la dulzura de sus palabras,
y, es la dulzura de sus besos;
porque con la palabra, la mujer oculta el alma,
y, con el beso, la muestra;
cuando habla, ella domina la palabra;
cuando besa, nosotros la dominamos a ella;
hablando, ella disfraza su secreto;
es besando, cuando lo entrega todo;
si la Mujer, tiene un Alma, esa alma está en el beso.
El Deseo, que se eleva de nosotros, hacia la Vida, es decir:
el Panteísmo, está en el fondo de todo Artista verdadero,
y, es carne de su carne, y hueso de sus huesos;
y, cualquiera forma de expresión metafísica, que dé a
sus creaciones, no es sino una forma de esta sensualidad.
La Virtud Cristiana, es, una Virtud de esclavos, que está
tan lejos de la Naturaleza, como de la Libertad;
por eso, el Cristianismo,que ha prostituído todas las
Artes, no ha logrado crear ninguna;
no me habléis de los Artistas cristianos; ellos no han sido
artistas, sino cuando copiaron la Naturaleza, o copiaron
el Paganismo, es decir, cuando salieron del Cristianismo;
toda la estatuaria cristiana, no ha dado una Venus de Milo,
ni siquiera una «Victoria», de Samotracia;
toda la pintura cristiana desde Rafael, hasta Puvis de Chavannes,
no sirve, sino para hacer sentir a la Humanidad, la ausencia
irreemplazable de Fidias...
el Sensualismo cristiano, el más intenso de todos los
Sensualismos, por ser el de los solitarios y, el de los monjes,
al proscribir del Arte, el Desnudo, proscribió algo más que
la Belleza, proscribió la Inocencia del Arte;
los esclavos, y, los monjes zarrapastrosos, que fundaron esa
Religión de esclavos y de mendigos, no se conformaron con
ignorar el Arte, sino que lo castraron...
y, haciendo de Apolo un Orígenes miserable, y, dedicándose
a contrahacer artistas, poblaron de eunucos, las galerías de
sus Museos, y, el coro de la Capilla Sixtina;
y, el mundo, sumido en el desastre ante el naufragio
de la Belleza, espera;
¿qué espera?
la Muerte de Roma;
la Resurrección de Atenas...
y, espera ver despuntar el Sol, tras los cerros de la Heliada.
El espectáculo del mundo actual, tiende a probarnos, que
la Libertad, no es sino una cuestión de Fuerzas;
¿habrá siempre amos y esclavos, porque habrá siempre
débiles y fuertes?
la Igualdad de las Fuerzas, seria la Destrucción Mútua,
es decir: la extinción de la Vida;
esto es decir la Libertad sería la Muerte del Mundo;
el Mundo, no puede morir; él, gobierna las fuerzas que
lo trabajan;
la Fuerza, no muere, pero, se transforma; y, como no
puede morir, cambia de lugar;
los amos de hoy, serán los esclavos de mañana;
la Evolución, hace cambiar, las fuerzas, pero no las destruye...
todo nuestro esfuerzo, está, pues, no en destruir la Fuerza,
sino en dominarla.
si el mundo se divide en vencedores, y, vencidos;
seamos de los vencedores;
si se divide en dominadores y, dominados: seamos de
los dominadores;
y, si el mundo no puede existir, sino con amos y con
esclavos, tratemos de ser de los Amos...
¡Amo!... ¿hay algún Amo que no sea esclavo?
todos somos esclavos de la Vida;
por eso, no hay más que una Libertad posible: la de la Muerte.
Libera Moris.
Tratar de vencer, la Animalidad, en el Hombre, es tratar de
destruir su Fuerza, de desarmarlo, ante las hostilidades
ciegas e implacables de la Vida;
armar esa animalidad, ennobleciéndola; fortalecerla, depurarla,
perfeccionarla, hasta colocar al Hombre ya divinizado por su
Esfuerzo, sobre el zócalo, que los dioses han dejado vacío;
y, que no sea ya su Sacerdote, sino su propio Dios: tal es el
deber del Progreso y, de la vida.
Saber vivir en el presente: eso es saber vivir; así viven los
sabios;
querer vivir en el porvenir, es empeñarse en vivir fuera de la
Vida;
el porvenir no nos pertenece:
ese es el dominio de los Héroes y de los Mártires;
morir para que otros vivan... he ahí una extraña manera
de vivir;
¿quién explicará nunca la extraña y, tenebrosa sugestión
del Sacrificio?...
eso queda más allá de los lindes de la Razón;
por eso no se va al sacrificio sino renunciando al dominio
de la Razón...
Toda Moral, es altruista;
y, todo altruismo, es una debilitación voluntaria de las
propias fuerzas;
la Moral, trasladando la visión de nuestra ventura a lo
porvenir, destruye o debilita nuestro presente, que es
lo único efectivo que tenemos;
de ahí, que la moral, sea enervante, como todo Vicio;
la Moral, es, un suicidio, en nombre de los dioses;
¡ay! de los dioses que desaparecieron, a la aparición
de la Moral.
La Virtud, si existiera, sería un Sacrificio; y,
todo Sacrificio es, una Inferioridad;
la aspiración a la Virtud, hace nuestra Vida inútil para
nosotros mismos y, al morir, vemos, que hemos perdido
nuestra Vida, por querer hacerla buena.
La Perfección, y, el Absoluto, no existen, o son Inaccesibles;
aspirar a ellos, es, hacer estéril nuestra Vida;
y, es por la aspiración a ser perfectos, por lo que no
alcanzamos siquiera a mejorar.
Exagerando nuestro Esfuerzo, es como perdemos nuestra
Fuerza;
y, es por no querer morir, por lo que morimos más pronto.
Vivir su Vida, en armonía con su propias fuerzas: eso,
es Vivir;
la Violencia del vivir, mata la Vida.
Debemos cultivar todas las horas de nuestra Vida como
rosales prontos a morir, porque no hay coronas superiores,
a aquellas que nos hacemos con nuestras propias manos,formadas,
con las rosas vitales de nuestros jardínes interiores.
La Vida, no es la violenta; el violento es el Hombre;
todo esfuerzo desproporcionado, rompe el ritmo de la Vida
y, descompone la serenidad armónica de un espíritu noble;
esfuerzo que no mata, debilita;
¡ay! del Hombre que va más allá de su propia Fuerza; lo
devorará la Fuerza de los otros.
Todo gesto por la ventura de los otros, perjudica nuestra
propia Ventura;
arrojar los granos de nuestras eras, por sobre los muros
de nuestra heredad, fertiliza el campo ajeno, y, es sembrar
La miseria en nuestro campo.
No tenemos sino una hora de Vida; y, la damos a la vida
de los otros...
¿es eso Generosidad?
¿es Inferioridad?
depende de la opinión que se tenga sobre las diversas
formas que reviste la Demencia;
y, de las Ideas que se tenga sobre el Valor del Suicidio.
Nosotros somos nuestra única Realidad;
nuestra Ventura debe ser nuestro único Sueño;
fuera de eso, todo sueño es estéril;
¿estéril?
no;
Fatal a nosotros mismos.
Nunca el grano del beneficio, ha producido sino la cizaña
de la Ingratitud.
Los Hombres, perdonan siempre, a aquellos que los sacrifican;
no han perdonado jamás, a los que se sacrifican por ellos.
El Altruismo, es, un Sentimentalismo, y, todo sentimentalismo,
es una morbosidad pasional, fatal a quien la posee.
De todas las formas de altruismo y de filantropía, hoy en boga,
ninguna me ha hecho ver, escenas más cómicas, que la
«Sociedad Protectora de Animales»;
esta es una especie de Religión, de las solteronas sentimentales,
o de viudas sin hijos, que tienen razones íntimas para saber,
lo que sufre un animal cuando es apaleado; por lo cual creo
que en unas y, en otras, ese sentimiento se forma de aspiraciones
y, de recuerdos;
cuando se ha dicho, que esa Sociedad, como el Ejército de
Salud, nos viene de Inglaterra, ya se ha dicho, que es
ridícula, de un ridículo superabundante;
pero, ese ridículo es conmovedor;
cuando yo veo a una de esas miss, Lidiando a
brazo partido con un carretero, de París o de
Roma, para librar a un caballo que es maltratado,
toda mi simpatía va hacia ella, hacia su bello gesto,
sin que deje de pensar, que si fuera la mujer de ese
carretero, no tendría tiempo de ser sentimental, ni
de pertenecer a la Sociedad Protectora de Animales,
y, apenas tendría tiempo de proteger sus espaldas
del látigo, sin preocuparse mucho de las del caballo;
lo cual prueba, que eso de la Sentimentalidad, es
muchas veces, cuestión de tiempo que sobra;
y, otras, es asunto de una ocupación que falta;
casi siempre es la Vida, la que no nos da tiempo
de ser buenos.
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